El despertar de China

| 6/23/2000 12:00:00 AM

El despertar de China

El declive de China durante los últimos 500 años es uno de los grandes enigmas de la historia.

por Jeffery Sachs

Hace poco Estados Unidos y Europa se pusieron de acuerdo en los principios y las reformas que permitirán que China entre a la Organización Mundial del Comercio (OMC) antes de finalizar el año 2000. La entrada de China a la OMC significará el ingreso de cerca de 1.300 millones de personas, una quinta parte de la humanidad, a la corriente principal de la economía mundial. Es además un cambio trascendental en la dirección de las relaciones de China con el resto del mundo.

Para los economistas e historiadores con visión de largo plazo, la situación de China en el mundo representa un verdadero acertijo. Basta con preguntarse ¿por qué China es pobre hoy? El ingreso per cápita en precios constantes se acerca a los US$3.200 anuales comparado con los US$25.000 de cualquier país desarrollado de América y Europa. El acertijo es que entre el año 550 y el 1500 después de Cristo, la civilización china lideró el mundo en materia de tecnología y posiblemente desde el punto de vista del bienestar económico. El declive de China durante los últimos 500 años es uno de los grandes enigmas de la historia mundial.



Devolvamos el reloj seis siglos hasta el año 1400. China había logrado desarrollar maravillas tecnológicas como la brújula, instrumentos de navegación, la imprenta, la pólvora y otros inventos que ni siquiera habían llegado al resto del mundo. El Estado chino había permanecido unificado por 1.500 años y su organización era muy sofisticada. Las artes chinas como las porcelanas eran sobresalientes bajo los estándares de cualquier época. Quizás el símbolo más importante de estos logros a principios del siglo XV fueron las grandes expediciones navales de la flota china, en las que barcos de grandes dimensiones recorrieron las rutas del Sudeste Asiático hasta India y también hasta el Este de Africa. Los arqueólogos hoy han encontrado porcelanas chinas en Kenia y Tanzania.



Pero el dominio chino se marchitó. Mientras los economistas, historiadores, teóricos políticos y demógrafos aportan algo juntos al acertijo, mi visión es que más que nada China está volviendo al mundo, está dejando su aislamiento. La corte imperial, ante los problemas financieros y amenazada por las incursiones nómadas de Asia Central, decidió en 1430 abandonar sus expediciones navales y desmanteló la flota. Movió su capital a Beijing en el continente y empezó un largo período de aislamiento hasta nuestros días.



China abandonó de manera unilateral su papel en el mundo. Por la época que Adam Smith escribió La riqueza de las naciones (1776), él pudo referirse a China, sin faltar a la verdad, como una civilización rica regida por leyes arcaicas de comercio y aislamiento. Smith resaltaba que los chinos tenían el comercio internacional en el peor concepto. Mientras China se enconchaba, Europa explotaba en la escena mundial. Smith presentaba los descubrimientos de los europeos en Asia y América como los dos más grandes eventos de la historia mundial. La globalización había nacido, pero era Europa, no China, la que había tomado el liderazgo.



China malgastó por su propia decisión su potencial tecnológico y económico. En la época en que Europa y China se encontraron en las guerras del opio (1839-1842), Europa, con su superioridad militar, forzó a China a hacerle humillantes concesiones unilaterales. El Estado imperial chino y la sociedad se desestabilizaron y la dinastía imperial colapsó en 1911, bajo presiones de cambio.



El cambio no se produjo sin traumatismos. El colapso de la dinastía fue seguido por la guerra civil, la invasión japonesa a China en 1930, la Segunda Guerra Mundial y 30 años de la cruel y desastrosa dictadura de Mao Tse-Tung y el Partido Comunista Chino.



Solo hasta 1978, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, China se abrió al mundo. Aunque Deng estaba más interesado en las reformas económicas que en la liberalización, el cambio en las libertades políticas y económicas en los 80 y 90 fue extraordinario desde cualquier punto de vista. Era la primera vez en muchos siglos que la China soberana adoptaba políticas de comercio abierto con el resto del mundo. La admisión de China en la OMC consolidará las reformas que empezaron en 1978, siempre que China acepte formalmente el mercado abierto y comparta las reglas de la vida económica internacional como un miembro de la comunidad mundial.



Los críticos consideran que el sistema político de China sigue siendo autoritario. Tienen razón, pero el tema no es tan crítico. En efecto, se trata de un Estado que ha sido autoritario por dos milenios y solo así se entiende que un país se haya aislado por tanto tiempo y cómo ese Estado autoritario pudo llevar a China a los desastres de hambre fabricada, política económica fracasada y destrucción cultural.



Pero el cambio de China hacia la apertura está logrando profundas transformaciones. Se está creando una sociedad más abierta, vibrante y libre que en el pasado. Las nuevas generaciones desearán y exigirán libertades políticas para acompañar sus crecientes oportunidades económicas y más participación en el concierto mundial. En las décadas por venir, la nueva apertura de China al mundo también evolucionará hacia una democracia buena para China y para el resto del mundo.
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