Opinión

  • | 2010/06/11 00:00

    El desempleo y la campaña

    Todas las campañas hicieron algún planteamiento sobre el tema del empleo. Infortunadamente, los candidatos con las propuestas más elaboradas no pasaron a segunda vuelta, y poco se puede ver al respecto en quienes la disputarán.

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Cuando se pregunta a los colombianos por los principales problemas de nuestro país, de lejos la mayor preocupación es el empleo.

Que no somos los únicos con este problema es evidente, aunque de poco consuelo debe servirnos.

Marx presentó su visión de la crisis del capitalismo con la frase introductoria "un fantasma recorre Europa… el fantasma del comunismo", y planteaba que los poderes establecidos se unían para enfrentarlo, asustados ante él.

Hoy podría repetirse la frase diciendo que un fantasma recorre el mundo como una posible amenaza para el capitalismo: el fantasma del desempleo. Solo que quienes deberían enfrentarlo parecieran unirse para fomentarlo.

Desde los Estados Unidos, pasando por países estancados en su desarrollo como los latinoamericanos o disparados como China, y hasta la vieja y ya asentada Europa, sufren de este flagelo.

En el manejo económico se pueden encontrar explicaciones para la coyuntura actual: en Europa la gran crisis de hace dos años fue contrarrestada con lo que podríamos llamar medidas macroeconómicas ortodoxas, expandiendo el gasto público para impedir la recesión producida por la crisis financiera; esto llevó a relajar los controles sobre el euro y a permitir excesos de déficits y de endeudamiento en todos los países. Esto en países como Grecia, con un aparato productivo prácticamente inexistente, se convirtió en burocracia que, al reventar la burbuja, obliga al despido masivo de funcionarios públicos; o en España, la crisis de la construcción, que se había convertido en la burbuja generadora de más oferta de la que el mercado podía absorber, deja cesantes a millones de trabajadores.

Estados Unidos enfrentó la crisis sin intervenir sus causas, solo mediante el rescate del sector financiero y la devaluación del dólar, y no ha logrado desde entonces detener el incremento del desempleo, ni la quiebra de sus bancos (en el último año se aumentaron en 30%), ni impedido el deterioro del sector de deudores hipotecarios.

China a su turno ha visto reducida la demanda internacional, o sea la base de su economía, encontrándose en la encrucijada de intentar voltearse hacia la creación de su mercado interno pero con la limitante de la disminución del ingreso laboral que lo propiciaría.

Las causas y un diagnóstico o explicación más estructural y más simple los daría la economía política: el modo de producción actual -evolución del capitalismo industrial y financiero- tiende a reemplazar el gasto en mano de obra por la inversión en maquinaria, robótica, etc.; esto es sustituir el factor trabajo por el factor capital. Esto lleva a la tendencia de concentrar los recursos financieros de la sociedad en megaempresas o megasociedades que cumplen ese propósito.

Lo anterior se complementa con que el sistema financiero hace algo como lo de Robin Hood al revés, al cobrar tasas altas a la pequeña y mediana empresa y otorgar créditos más baratos (tasa prime) a esos grandes 'clientes'. El efecto sobre el empleo es hacer difícil y más costosa la iniciativa privada e individual que es la que tiende a crear nuevas fuentes de empleo y propende porque la condición laboral del ciudadano dependa de su propia iniciativa.

Lo que nos interesa en el tema es cómo se mueve nuestro país, tanto en lo coyuntural como en lo estructural.

Con las leyes de 'flexibilización' (50 de 1990 y 789 de 2002) pasamos de un 36% de los trabajadores que ganaban menos de un salario mínimo, a un 48%, a 58% del sector en la informalidad y en el cual el 85% carece de seguridad social, siendo hoy el segundo país con mayor desempleo del continente1.

En Colombia por eso el desempleo tiene la doble connotación de problema social y de la economía. Es necesario atacarlo para aliviar la situación de las familias (única fuente de ingreso) y para activar el consumo interno, mientras que para los países desarrollados que ya están ordenados o que no tienen un orden social cuestionado el tema es meramente económico. En el caso nuestro debemos verlo tanto desde la perspectiva del momento económico como de su relación con lo que sería un modelo de desarrollo.

En cuanto a esto último, el principio mismo neoliberal -que ahora prevalece en Colombia- es que el mercado debe ser el principal ordenador de la economía y en consecuencia de la sociedad. Bajo tal premisa, el gobierno solo necesita buscar fuentes de ingreso para equilibrar sus gastos, sin dar mayor trascendencia a la creación de un aparato productivo, ni para que genere ingreso a las familias, ni para que haga una sociedad más justa, ni para que garantice un desarrollo sostenible. Por eso las políticas han ido en sentido contrario al propósito de generar empleo: estímulo comparativo para el capital (toda clase de exenciones tributarias) o sea defecto general del capitalismo; sustitución de aparato productivo por extractivo (sector carbonero y petrolero que requiere inmensas inversiones y nada de mano de obra); remesas de los exilados (o sea depender de recursos de empleo generado en el extranjero); ventas de activos (vender la nevera para pagar el mercado y que el nuevo dueño aplique 'reingenierías' con tecnificación y reducción de personal); aportes de 'Plan Patriota' (con lo que la primera fuente de generación de empleo es la guerra); y endeudamiento (subió del 32% al 38,1% del PIB en los últimos dos años, con la deuda pública externa más alta de la historia). Y el complemento de atribuirle a las prestaciones y a la protección al empleado la culpabilidad del desempleo, proponiendo medidas de 'flexibilización' de la contratación laboral, siempre en detrimento del ingreso del trabajador.

El 'desarrollo' es tal que hasta el presidente del FMI lo critica: no es sostenible porque ni crea producción ni crea consumo, y es 'injusto' socialmente. Es decir, no es desarrollo porque ni progresa la economía ni mejora el orden social.

Sin profundizar en el análisis o el diagnóstico sobre el tema empleo, todas las campañas hicieron algún planteamiento sobre él.

Para casi todos los perdedores la respuesta pareció estar por el lado de sustituir las exenciones a las inversiones y trasladar ese tipo de beneficio tributario a políticas de estímulo a la generación de nuevos empleos. La idea sería incentivar al empresario a utilizar sistemas de producción que den más espacio a la mano de obra. Por ir contra la lógica económica empresarial, esto implicaría salirse del modelo y reconocer más importancia al problema social que al crecimiento económico, lo cual requeriría de una voluntad política en ese sentido.

Infortunadamente, los candidatos con las propuestas más elaboradas no pasaron a segunda vuelta, y poco se puede ver al respecto en quienes la disputarán.

Nada en esa dirección aparece en el programa de los verdes, y su candidato se ha limitado a mencionar lo indeseable de una sociedad que tenga este problema.

Y Santos, entre la fidelidad al continuismo que le impediría cambiar las reglas para la 'confianza inversionista'; y su declaración de que no aumentaría los impuestos, dejó en un vacío el cómo se concretarían sus ofrecimientos y su declaración de que se dedicaría a buscar generar 'trabajo, trabajo y más trabajo'.

1. Ver El Chivo Expiatorio de Amílkar Acosta.

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