Opinión

  • | 2009/08/06 00:00

    El desarrollo nunca llega de sorpresa

    Al desarrollo hay que salir a buscarlo, no es fácil de encontrar pero allí está.

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Existe la creencia de que hay pueblos con buena suerte y pueblos con mala suerte. Hay quien cree que incluso el desarrollo es el resultado de una serie de factores a los cuales desafortunadamente no tenemos ni tendremos acceso en América Latina.

¿Qué estaría pasando por la mente de los dirigentes japoneses en la época de la postguerra, o en la mente de los dirigentes de Corea, Singapur, Hong Kong o Taiwán en la década de los setentas? ¿Será que ellos estaban pensando en que sus países no tenían el capital humano de Inglaterra, la riqueza de Estados Unidos, la ciencia de los alemanes o la agricultura de los franceses? ¿Qué estarían pensando los irlandeses, los australianos o los indios hace 20 años? ¿Que el tren del desarrollo ya los había dejado? ¿Que la ventaja que llevaba Europa o Estados Unidos era inalcanzable?

La mayor enseñanza que nos dejan todos estos casos, es que el desarrollo nunca es resultado del azar. Nunca es resultado de la suerte. El desarrollo siempre llega como consecuencia de una decisión consciente, y de la aplicación de estrategias y planes concretos y siempre como resultado de procesos de inversión social.

Más aun, la historia ha demostrado que ni siquiera la riqueza es suficiente para conducir al desarrollo. Uno puede encontrar que por años ha estado durmiendo sobre pozos de petróleo, explotarlos, venderlos y recibir grandes cantidades de dinero, y eso no obligatoriamente conduce al desarrollo. No hace falta mencionar los casos cercanos; pero, casos lejanos, como los países del medio oriente con su petróleo y los países del sur de África con sus diamantes y otros productos de minería que no han sido la solución para el subdesarrollo.

Todos los buenos ejemplos de la segunda mitad del siglo XX nos muestran países que en algún momento toman una decisión, adoptan una estrategia y la siguen tesonera y disciplinadamente. Decisiones respecto de inversión en capital humano, creación de incentivos, escogencia de sectores estratégicos y, sobre todo, de ponerse metas y seguirlas.

Los países de América Latina, a diferencia de todos los buenos ejemplos mencionados, han seguido un modelo más o menos homogéneo. Un modelo en el cual inicialmente se seguían las indicaciones de la Cepal y se buscaba reducir la dependencia internacional, y luego trataba de concentrarse en aquellas cosas que en teoría sabía hacer bien.

El caso de Colombia con el café es quizás el más ilustrativo. Nunca nos preguntamos si el café y el banano eran el camino correcto para lograr el desarrollo. Creímos firmemente en que como contábamos con ventajas competitivas en esos productos, o en productos de baja tecnología y alta mano de obra, allí deberíamos enfocarnos. Sabíamos que ningún país había logrado el desarrollo con esa estrategia, pero insistimos en ella.

Hace unos pocos días en Colombia se hizo el lanzamiento del programa de "Sectores de Clase Mundial". Más allá de si los sectores escogidos son o no los adecuados para conducirnos al desarrollo, el hecho de haber puesto por primera vez sobre la mesa una estrategia de esta naturaleza es una excelente señal. Claro está que no puede bastar con que el Gobierno haga un anuncio y cree comités sectoriales de seguimiento. Se deben decantar rápidamente las industrias y sectores en que nos enfocaremos. Algunos seguramente serán los escogidos, otros pueden ser ajustados, pero lo importante es que se trate de una decisión de país, una en la cual nos enfoquemos y realmente dediquemos nuestros esfuerzos.

Ahora bien, de una revisión de los planes implementados por países exitosos resaltan dos elementos comunes. Por una parte, ha habido un gran énfasis en contar con la infraestructura adecuada, llegando a considerar que este sector en sí mismo es un generador de desarrollo y, de otra parte, siempre se ha contado con recursos de financiación propios de mercados desarrollados. Sin estos dos elementos, todos los esfuerzos que se hagan serán ineficaces e inoperantes.

Bien por esta iniciativa, se nota el deseo y la decisión de salir en búsqueda del desarrollo, pero no es más que el primero de muchos peldaños por escalar en la búsqueda de contar con una sociedad de clase mundial.

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