El desafío mexicano

| 9/15/2000 12:00:00 AM

El desafío mexicano

México está disfrutando un auge por sus relaciones comerciales con Estados Unidos. Pero aún tiene mucho por hacer para consolidarse.

por Rudiger Dornbusch

El crédito a quien lo merece: el presidente saliente de México, Ernesto Zedillo, proporcionó la apertura política y la estabilidad económica que permitió el paso de su país a una democracia plenta. Hasta el último momento, existió el temor de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) hiciera fraude en las elecciones. Después de todo, eso fue lo que el PRI hizo durante 71 años para retener el poder y la habilidad de saquear sistemáticamente al Estado. Pero no esta vez. El candidato de oposición ganó con una victoria arrasadora con un mandato por la democracia y un nuevo comienzo en general. México lo ha hecho lo suficientemente bien en materia económica como para tener el coraje de cambiar.

Ahora viene la parte difícil. El presidente entrante Vicente Fox pronto descubrirá que solo es posible impresionar una sola vez. Es el nuevo Presidente pero no cuenta con mucha experiencia ni con un equipo conformado y tampoco tiene una agenda diferente a la de expulsar al PRI. Siempre es más fácil ganar que gobernar. El tema de la gobernabilidad será aún más difícil puesto que con una democracia real, la economía se hace más difícil pues el compromiso es necesario, el control del presupuesto es más arduo y los atajos se hacen más tentadores.



Los mercados de capital, después de la corta exaltación producida por la llegada de México a una democracia plena, pronto comenzarán a hacer preguntas difíciles. El Presidente electo Fox debe introducir cambios radicales o escoger una estrategia convencional de continuidad con las líneas actuales regulares, es decir, conservar a algunos de los tecnócratas gobernantes, hacer alarde de posiciones favorables al mercado libre, realmente actuar para confundir.



A menos que establezca políticas claras antes de sentarse a la mesa de negociaciones, Fox se encontrará con su poder y su mandato desgastados en un instante. Pero existe una opción de esperanza única que puede adoptar y que cambiaría a México de manera dramática: una caja de conversión como la de Argentina.



Una caja de conversión, o yendo aún más lejos, la total dolarización de la economía mexicana acabaría con la casi incesante inestabilidad monetaria del país. La tasa de cambio se aboliría, México se encontraría (casi) como Nueva Jersey o Texas con respecto al dólar. La abolición del banco central de México, hoy un buen banco central pero afectado por una historia realmente atroz y la fijación irrevocable del peso al dólar conllevaría las siguientes consecuencias: una caída dramática de las tasas de interés mexicanas, un auge de los precios de las acciones y un cambio hacia una tasa de crecimiento mayor a mediano plazo.



No existe otra forma para que México asegure estos beneficios en el corto plazo. La experiencia europea es que toma más de una década a los países morosos ganar nuevamente credibilidad. No hay razón para creer que México no sufrirá la misma suerte que España, Portugal, Italia o Grecia. La imperiosa necesidad de México en este momento es un período de crecimiento sostenido para así comenzar a vencer la pobreza endémica. Si no se logra esto, la izquierda llegará al poder y dará marcha atrás a años de reformas y progreso. Pero una caja de conversión también ayudará a iniciar la intermediación financiera para beneficio de las empresas pequeñas y medianas que han soportado la privación de capital por experimentar crisis recurrentes y crédito deteriorado. Las empresas pequeñas y medianas necesitan formar parte del capitalismo mexicano. La economía mexicana ha gozado de unos buenos años; no es muy difícil con la cercanía de una Norteamérica en auge y la gran liquidez de los mercados de capital mundiales. El hábil éxito de México con la reconstrucción de OPEP (al aumentar el valor de sus exportaciones de petróleo) contribuyó a su buen desempeño, así como la determinación de mantener e incluso ampliar las reformas del predecesor de Zedillo, el presidente Salinas. Sin embargo, durante los años venideros y en el futuro, México debe saber que enfrentará un ambiente externo difícil a medida que el crédito se torne más selectivo y la economía de Estados Unidos desacelere su crecimiento.



Este es el nuevo juego que al presidente electo Fox le tocará jugar, así como también tendrá que ser más hábil de lo que el PRI nunca antes fue, debido a las divisiones democráticas en el Congreso mexicano. Estas son dos buenas razones para que el presidente Fox adopte una posición firme en el frente monetario que aleje las incertidumbres y ofrezca un regalo verdadero en la forma de un colapso de las tasas de interés y del costo del capital.



México ahorra poco, pero sus necesidades de inversión son enormes. Esto implica déficits en cuentas corrientes que deben ser financiados. La respuesta obvia es la inversión proveniente de Estados Unidos y Europa, y México es la plataforma natural de manufacturas para Latinoamérica. El único interrogante es cómo apalancar su ubicación de manera más significativa de modo que el dinero llegue más pronto y con una prima de riesgo menor.



La respuesta obvia es lograr que el desempeño de México en materias económicas se aproxime más al de Estados Unidos. El más importante de estos asuntos es la total integración financiera y comercial. NAFTA está cumpliendo su parte, pero la financiera aún está por mejorar. La total integración monetaria con una base duradera es el paso clave para completar la marcada apertura comercial que produce formidables utilidades en el norte de México. Una caja de conversión no es la panacea pero es una herramienta poderosa que puede proporcionar al nuevo gobierno Fox una oportunidad de dar un salto cuántico en el panorama económico mexicano. Comparado con sus antecesores, el presidente Fox tendrá una mayor oportunidad de sacar al gobierno del estrangulamiento en varias áreas de la economía, reduciendo el pobre desempeño y la corrupción. Una caja de conversión es, en última instancia, un poderoso complemento del fortalecimiento de la democracia enviando vientos de prosperidad a su paso.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.