Opinión

  • | 2011/02/04 00:00

    El debate ambiental, un debate necesario

    ¿Qué tan objetivo y bien informado ha sido este debate? ¿Son las CAR las verdaderas responsables de esa situación? ¿Se está fortaleciendo la gestión ambiental del país?

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Con motivo de la tragedia ocasionada por las devastadoras inundaciones, se desató en el país un debate sobre la responsabilidad de las instituciones ambientales, en particular de las CAR, en hechos que han dejado decenas de muertos, más de dos millones de personas damnificadas, cientos de miles de hectáreas de cultivos y pastos perdidos, así como severos daños en la economía e infraestructura vial de varias regiones del país.

¿Qué tan objetivo y bien informado ha sido este debate? ¿Son las CAR las verdaderas responsables de esa situación? ¿Se está fortaleciendo la gestión ambiental del país? Estas son tan solo algunas de las preguntas que muchas personas nos hemos hecho y en las que bien vale la pena profundizar con el fin de contribuir de manera positiva a un debate de carácter estratégico para el país.

Todo pareciera indicar que la forma como se desarrolló el debate, dirigido de manera parcializada por algunos medios de comunicación en contra de las CAR, no permitió profundizar en las causas reales que ocasionaron la tragedia.

Si bien es cierto que una de las causas está relacionada con el deterioro ambiental de las principales cuencas y ecosistemas del país, otras muchas están asociadas al modelo de desarrollo imperante, el cual ha carecido de consideraciones ambientales. No es sino observar cómo se han construido carreteras y pueblos en zonas de alto riesgo con las consecuencias que el país bien conoce. O como las equivocadas políticas agropecuarias han incentivado la deforestación, en tanto los grandes terratenientes han invadido zonas de humedales, ciénagas y madres viejas para ampliar sus propiedades, deteriorando los sistemas naturales para la regulación de caudales. Nuestro modelo de desarrollo no ha incorporado aún la variable ambiental en las políticas de crecimiento económico y lo más grave es que el establecimiento continúa siendo renuente a que esto suceda.

A esto se suman los efectos del cambio climático global. Algo que, a diferencia de lo anterior, no está exclusivamente en nuestras manos. La intensidad y volumen de las precipitaciones ha sido históricamente excepcional. Sin embargo, y a pesar de esa realidad, debemos también reconocer que nuestras instituciones, no solo las ambientales, han sido negligentes al no haber tomado en cuenta los riesgos, pronosticados con anticipación por los Informes Nacionales de Cambio Climático preparados por el Ideam.

Otro factor de gran incidencia en la efectividad de la gestión ambiental, que no podemos dejar de lado, tiene que ver con la forma en que el pasado gobierno debilitó el Ministerio de Medio Ambiente, cabeza y rector de la política nacional ambiental y del Sistema Nacional Ambiental (Sina). Si la cabeza no funciona, ¿con una cabeza débil qué podemos esperar de los demás componentes del sistema?

Al tomar en cuenta todo lo anterior, es evidente que el debate no debió concentrarse exclusivamente en el tema de la reforma de las CAR, puesto que son muchos otros los factores que han hecho que la fuerza de las aguas haya ocasionado lo que el país está viviendo. Esta ha sido una visión corta y parcializada.

Aclarado lo anterior, por supuesto que es necesario revisar el funcionamiento de las CAR. Sin duda, muchas de ellas, no todas, se convirtieron en focos de corrupción y fortines políticos desviando sus recursos a actividades no relacionadas con las funciones ambientales que les entregó la Ley 99 del 93 que creó el Sina. En eso creo que todos estamos de acuerdo.

Sin embargo, la reforma de las CAR debe verse de manera conjunta con el restablecimiento del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible, que en hora buena la administración Santos ha propuesto al país con el fin de fortalecer la institucionalidad ambiental y así conducir las locomotoras del desarrollo dentro de un marco de política que garantice la sostenibilidad ambiental y evitar futuras tragedias. Sin embargo, el Decreto expedido para reformar las CAR se quedó corto en este campo. Una muestra de improvisación pero quizás, más grave aún, una evidente falta de claridad sobre lo que se desea hacer.

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