Opinión

  • | 2010/02/19 00:00

    El Dalai Lama y la educación

    Maestros que dan afecto, dejan huella. El afecto humano, la compasión, es la clave de toda actividad humana.

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El Dalai Lama en su libro "Las leyes de la vida", plantea algunas ideas sobre lo que se requiere en la educación, que pueden ser útiles para discutir en Colombia:

"Necesitamos un cambio profundo, una revolución en el sistema educativo y en nuestro compromiso con la práctica de los valores humanitarios universales. La civilización actual tiene un gran problema: la falta de énfasis en el desarrollo mental. Nos hemos olvidado de atender las necesidades humanas básicas del amor, la bondad, la cooperación y el pensar en los demás. Si no conocemos a alguien nos limitamos a ignorarlo. Pero todo el desarrollo de la sociedad humana se basa en que las personas se ayuden unas a otras.

Debemos luchar por el progreso material y el bienestar de los demás, también debemos prestar atención al desarrollo de la paz interior, nuestro ser. Desarrollar en los jóvenes altruismo y sentido de responsabilidad hacia los demás, "ética secular", fomentar cualidades humanas como la honradez, la bondad, la compasión, la sinceridad, la tolerancia, la generosidad y el amor.

¿La educación fomenta la bondad?

Buscar equilibrio entre el desarrollo material y el espiritual, empezar por revalorizar las cualidades humanitarias. Lograr el compromiso de todos para hacer una sociedad más justa y equitativa a través del humanitarismo, compasión y responsabilidad individual. Todos somos integrantes de la misma familia humana, debemos buscar no solo nuestra felicidad sino la de toda esa familia.

La compasión es la respuesta humana al sufrimiento de los demás, es el genuino interés por las motivaciones, logros, dificultades y problemas del otro. Todos enfrentamos dificultades, sufrimientos y problemas, la actitud y la determinación nos permiten ver cada obstáculo como una oportunidad para crecer, aprender, mejorar y desarrollarnos.

Las principales religiones del mundo tienen los mismos ideales con respecto al amor, el mismo propósito de beneficiar a la humanidad a través de la práctica espiritual y el mismo resultado de convertir a sus seguidores en mejores seres humanos. Cada una de ellas enseña una senda que conduce a un estado espiritual lleno de paz, disciplina, ética y sabiduría.

No importa cual religión, lo importante es practicarla en forma sincera, pues a pesar de la gran diversidad de tradiciones religiosas, la mayoría de las personas no se sienten atraídas por la religión. Una minoría refleja en su vida diaria, en sus valores, creencias, ritos y comportamientos la religión que declaran profesar.

Las cualidades humanas como la moralidad, la compasión, la decencia, la sabiduría, han sido los fundamentos de todas las civilizaciones, estas cualidades se deberían inculcar desde un principio, desde la niñez y cultivar y mantener por medio de una educación moral sistemática, en un ambiente social apropiado que nos conduzca a un mundo más humano.

El amor es el alimento más importante del recién nacido.

El afecto de padres, maestros y cualquier persona con que nos relacionamos tiene un efecto determinante en lo que somos y hacemos.

Cualquier conversación con afecto, con sentimiento humano se vuelve interesante, la disfrutamos, genera empatía, gusto de compartir y convivir. Solo el afecto nos proporciona auténticos amigos íntimos.

Maestros que dan afecto, dejan huella. El afecto humano, la compasión, es la clave de toda actividad humana. La motivación humana y la actitud ante la existencia deben ser fundamentales en la educación de cualquier ser humano.

Quienes mantienen la actitud de valorar a otros consideran que todos los demás son mucho más importantes que ellos y ponen por encima de todo el ayudarlos. Al actuar así llegan a ser muy felices. Es el caso de los políticos sinceros que ayudan y sirven al país. Los egoístas solo consiguen que esas acciones centradas en sí mismos tengan repercusiones negativas para ellos.

Cada profesión u oficio ha sido concebido para servir a la humanidad, de modo que todas las actividades comienzan con la motivación de hacer algo por la comunidad. Somos miembros de la comunidad humana, todos estamos interrelacionados, cada uno tenemos nuestras responsabilidades, algo que aportar a ese todo. Solo cuando las distintas actividades humanas están unidas con el afecto y la compasión llegan a ser constructivas. Debemos remover los principales obstáculos de la compasión: el enfado y el odio."

En conclusión creo que aquí hay muchos elementos que nos permiten cuestionar lo que debe ser la formación de seres humanos capaces de convivir en armonía partiendo del afecto y la comprensión.

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