| 5/11/2011 12:00:00 AM

El cuento de hadas tras la boda real

El cuento de hadas tras la boda real

No se puede desconocer el entusiasmo manifestado por las muchedumbres y la aprobación que este hecho representa del sistema y modelo de Estado de Inglaterra.

por Juan Manuel López Caballero

Hasta cierto punto debe uno inquietarse o preguntarse sobre el fenómeno de que una boda como la de Kate y William se convierta en el evento que despierta mayor interés en el planeta.

La respuesta es fácil en cuanto a que lo que produce ese efecto no es el contenido o lo que significa sino el mundo que lo promueve. Y no me refiero al mundo interno de la aristocracia, sino al de los medios masivos de comunicación y los espectáculos. La dimensión la da el escenario que se monta y el despliegue noticioso y farandulero que se crea a su alrededor y poco tiene que ver con la importancia o no de lo que sucede. Se adiciona a esto algo de la curiosidad que despierta la vida de los ricos y famosos, y el ver un cuento de hadas o una telenovela realizados.

Más interesante es tratar de entender el por qué esto sucede en Inglaterra y lo que representa como expresión política y social de una nación. Al fin y al cabo, no se puede desconocer el entusiasmo manifestado por las muchedumbres y la aprobación que eso representa de su sistema y modelo de Estado. Es verdad que al respecto también se presentan cuestionamientos en círculos intelectuales que lo comparan con ideales teóricos (v. gr. una democracia republicana), pero el hecho concreto es que a nivel de quienes solo viven bajo ese régimen y no entran en disquisiciones académicas tiene bastante -si no total- aceptación.

Inglaterra es aún hoy entre los países desarrollados aquel donde las grandes fortunas están más lejos del promedio de ingreso y riqueza de las clases trabajadoras; y esto se acompaña con la estructura social más marcadamente diferenciada (en ningún otro país hay una clase que insista tanto en las distancias en sus costumbres y en su trato con otras clases como la nobleza inglesa); debería sorprender no solo que exista tal aprobación a ese estado de cosas, sino que no se produzcan manifestaciones grandes de protesta e inconformismo.

Difícil interpretar las razones de esto aunque algo de explicación se puede encontrar en un simple elemento y en el contraste que este marca con las posibles razones de inestabilidad en nuestros pueblos: lo que ha caracterizado la evolución del Estado y el modelo de Gobierno en ese país -incluso como imperio- ha sido la búsqueda del bienestar de sus habitantes y de que estos así lo sientan. Desde el reconocimiento de esto en la 'Carta Magna' hasta las justificaciones de los monarcas y de quienes los tumbaban o sucedían, siempre fue este el argumento central para reivindicar el derecho a ejercer el poder.

Y el contraste es con el modelo de sociedad y de Estado que por pasos contados lo ha ido reemplazando.

El capitalismo y la sociedad industrial donde nacieron o tuvieron su eclosión fue en esa nación. Pero porque eran el medio o camino para alcanzar ese propósito buscado; eran el instrumento para responder a las necesidades que le aparecían al ciudadano con los cambios en las relaciones que traían la demografía y la tecnología. Es eso lo que contrasta con lo que se implantó como herencia o por influencia del modelo americano -y que nosotros seguimos-, donde cada vez se precisa que todo gira más en función de la economía. Lo cual, además de representar un distanciamiento del objetivo de una armonía social y la satisfacción de los requerimientos del ciudadano, implica o conlleva injusticias y disfuncionalidades que vuelven cada vez más poco viable un país como el nuestro.

Si en vez de fijar como meta las mejores relaciones entre los asociados se imponen reglas del juego cuyo fin y único interés es el crecimiento de la economía, sería una casualidad infinita que se lograra esa armonía. Incluso los mayores defensores de ese desarrollismo aceptan que, a la larga, la riqueza así generada se regará beneficiando a los más desfavorecidos. Y bien conocido es el dictum de que 'pero a largo plazo todos estaremos muertos'…

Además, ese desarrollo se busca a través de la competencia y el libre mercado y no a través de la planeación y la intervención del Estado. Con lo cual las eventuales ventajas que tendría la famosa 'mano invisible' se pierden, pues se instaura una economía de acumulación y especulación de la cual no forma parte como motivación la generación de riqueza y de empleo.

No siendo la paz social el objetivo, lo probable es que no se alcance; pero, además, las consecuencias que afectan ese otro propósito -que se ven solo como 'daños colaterales' en cuanto al bienestar ciudadano- se intenta controlarlas mediante medidas represivas. La delincuencia es vista y tratada exclusivamente como un problema de la mala moral de los individuos y no como un producto del contexto y las condiciones en que viven.

Ante los escándalos que cubren hoy día todos los estamentos nacionales pareciera que, como en los cuentos infantiles, alguna hada maligna hubiera echado un maleficio por el cual la 'corrupción' se habría vuelto un mal endémico de Colombia; un mal que cubre sicarios, ministros, parlamentarios, guerrilleros (que hoy más tienen de criminales), alcaldes, policías, altos oficiales, en fin, toda la gama de ciudadanos sin excepción (hasta presidentes, aún si ellos no han sido todavía llamados a juicio).

Y también siguiendo el modelo hoy imperante continuamos en el camino de la criminalización y la represión como mecanismo de control social. Estados Unidos tiene más violencia y más delincuencia que cualquier país desarrollado y es hoy la nación con más presos por habitantes (con 5% de la población mundial tiene cerca de 20% de la población carcelaria, 5 veces más que el promedio de los países desarrollados, y varias veces más que cualquier dictadura). Todo problema, desde la droga hasta el terrorismo, es combatido solo con políticas de fuerza.

Algo similar nos sucede cuando pareciera que intentáramos tener -como dijera algún general- un policía detrás de cada ciudadano (entre fuerzas armadas y empresas de seguridad generan tanto o más empleo que cualquier rama de la economía). Y cuando sacamos nuevas leyes o aumento de penas (conductores borrachos, fumadores de marihuana, violadores de niños, etc.) pero nos encontramos no solo con que los problemas no disminuyen sino que el sistema judicial y el carcelario no dan abasto para manejar esta realidad.

El cuento de hadas es por eso también el de la relación entre el pueblo inglés y su modelo social, político y económico. No es buscando solo el crecimiento económico que Colombia tendrá algo parecido; menos aún si se busca con un modelo donde el mercado y la competencia gobiernan todo; ni se acabará con la delincuencia, la corrupción, la violencia o la insurgencia mandando a la mitad de los colombianos a la cárcel o con asesinatos selectivos; ni nuestro caos institucional se subsana con una democracia reducida a los mecanismos electorales, pero donde no existe democracia social y política con garantías y oportunidades repartidas equitativamente entre todos.

P.D. También la muerte de Bin Laden es para nosotros un evento sin efecto o significación alguna; pero la importancia que se le da muestra hasta dónde llega la identificación con Estados Unidos, y hasta qué punto vivimos y sentimos lo que los medios nos imponen.

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