Opinión

  • | 2004/07/09 00:00

    El crecimiento potencial

    Espero que las más recientes proyecciones oficiales de crecimiento de largo plazo sean más afortunadas que las de los 90, pero lo dudo.

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Hace unas semanas el Ministerio de Hacienda publicó un Marco Macroeconómico de Largo Plazo. Sobre el crecimiento económico, objetivo clave de la política económica, el Marco supone que, de aquí a 2020, será 4% anual. Nadie podría exigir que ello se cumpla año tras año pero, implícito en el Marco, está el supuesto de que, si en alguno el PIB crece menos del 4%, la política económica hará que en otros años crezca más, para que el promedio de largo plazo no se aleje mucho del 4%.

Quienes saben que este país creció de 1905 a 1990 a una tasa media anual de 4,7%, y que logró eso en medio de las mayores conmociones internas y externas, incluyendo dos guerras mundiales, la Gran Depresión de los 30, el Bogotazo, y las narcobombas de finales de los 80, consideran mezquina la nueva proyección oficial. Pero yo destaco que representaría un cambio muy favorable respecto a los 10 años anteriores cuando el crecimiento promedio fue 2,2% anual.

Mi primera reacción es "ojalá se cumpla". Pero para quien, como yo, desde hace muchos años, viene analizando la política económica, limitarse a eso sería como si un ingeniero, que conoce los discutibles diseños de un puente y los materiales de dudosa calidad con los que va a construirse, se limitara a decir "ojalá no se caiga".

Me temo que se caerá, porque los modelos utilizados para proyectar el crecimiento y los efectos de las políticas son similares a los que, hace tres lustros, en el plan "La Revolución Pacífica", llevaron al DNP a afirmar que gracias a ese plan, "se tendría una aceleración sustancial del crecimiento al final del primer quinquenio, que se mantendría hasta el final de la década con niveles mayores al 5% anual".

Aunque tendrían que cometerse errores casi impensables para que en los próximos años el país no pudiera crecer más rápido, la desaceleración de la última década no fue un accidente sino una consecuencia natural de las políticas ejecutadas, y varias de las debilidades que se generaron en ese período seguirán influyendo los resultados. Para superarlas se requeriría algo bien distinto al "más de lo mismo" que ahora se receta.

En forma sumaria quiero señalar cuatro cosas que hacen una gran diferencia respecto a la historia previa a los 90. Muchas otras se me quedan en el tintero. Primero, el gran aumento de los pasivos del país con el resto del mundo, incluyendo deuda contractual e inversiones extranjeras, que hizo que hoy 3,5% del PIB, el doble de hace una década, se destine a pagar los "factores externos", restando del ingreso nacional. Es paradójico que los pasivos con el resto del mundo, que son el verdadero endeudamiento externo del país, se dispararan precisamente durante los años de menor crecimiento histórico, pero así ocurrió.

Segundo, una demanda externa -exportaciones menos importaciones de bienes y servicios- cada vez más negativa, que hace que en el neto el sector externo frene el crecimiento en lugar de estimularlo. Ningún país de alto crecimiento de largo plazo, comenzando por los gigantes, China e India, sufre una situación similar. Me temo que en los próximos años ese efecto de "demanda externa neta negativa" se acentuará.

Tercero, el alto costo real de la deuda pública. La decisión de comienzos de los 90 de que el fisco se financiara totalmente en el mercado hizo saltar la tasa real de la deuda en más de 15 puntos porcentuales. Luego ese costo se quedó ahí, salvo cuando hace cinco años el Emisor disparó las tasas de interés locales y el costo subió transitoriamente a las nubes.

Cuarto, la política de estabilización. Quien niegue que durante la última década la reducción de la inflación tuvo un alto costo en crecimiento está desinformado o no está diciendo la verdad. Algunos estudios recientes muestran que el costo fue extraordinario. Reconozco que en los últimos dos años no hubo política monetaria restrictiva, contraria al crecimiento, pero también noto que la inflación no bajó en ese período.

Para corregir las debilidades señaladas habría que elevar mucho el tipo de cambio real y reducir rápidamente el endeudamiento externo, lo que exigiría usar más recursos domésticos y el apoyo del Emisor para poder mantener tasas de interés reales compatibles con el crecimiento. Ello tendría, como en China e India, un costo transitorio para la política de estabilización. Pero ni riesgos: la política es más de lo mismo.

Una vez hechas estas precisiones quiero unirme al voto general: ojalá el puente oficial no se caiga.
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