Javier Fernández Riva

| 9/6/2002 12:00:00 AM

El costo de la deuda

El disparo de las tasas de interés de la deuda pública puede frustrar todos los esfuerzos tributarios y de recorte de gastos para el ordenamiento fiscal.

por Javier Fernandez Riva

El otro día un colega me decía, con una convicción lúgubre, que no le ve futuro al país porque los excesos fiscales del pasado lo llevaron a una situación lastimosa, donde será necesario exprimir cada vez más a los contribuyentes, a costa del consumo y la inversión privada, solo para posponer la crisis final.



Exageraba, sin duda. A primera vista no tiene mucho sentido decir que Colombia, cuya relación de deuda pública a ingreso nacional es inferior a la de muchos países europeos, tiene un problema fiscal "inmanejable". Sin embargo, en las últimas semanas ocurrió algo que me hace reconsiderar las posibilidades.



Me refiero al disparo de los intereses de la deuda interna y externa del gobierno nacional. En el mercado internacional los bonos de la Nación se transan a unos precios que implican rendimientos de más del 14% en dólares. Súmele a eso la devaluación reciente y se dará cuenta de que el costo equivalente en pesos explotó. Y en el mercado interno los bonos del gobierno (TES) a 10 años de plazo se han negociado en estos días a tasas de más de nueve puntos sobre la inflación.



Dije "disparo" porque hace apenas dos meses la situación era muy diferente. Desde mediados de junio las tasas reales de la deuda pública se multiplicaron por 1,6. ¿Será necesario decir que un aumento de 60% en las tasas reales pagadas sobre la deuda pública, tendrá un efecto fiscal tan nefasto como un aumento de las mismas proporciones en el saldo de la deuda?



Como la deuda del gobierno nacional equivale a $100 billones, cada punto de aumento en las tasas de interés, que no sea un accidente efímero, tiene un costo tan alto como todo el presupuesto de inversión para el 2002 y como una sexta parte de los gastos de personal del gobierno en nómina. También equivale a la mitad de lo que se espera recaudar con el impuesto al patrimonio, con la crucial diferencia de que los recaudos serán por una sola vez mientras los costos financieros marcarán cada año. Pero mientras los funcionarios a cargo de las finanzas hacen un gran escándalo sobre esos recortes de gasto y aumentos de impuestos, tienden a aceptar como inevitable ese brutal incremento de los costos financieros.



No lo es. Aunque veo que tendré que volver sobre el tema porque el espacio no permite discutir las alternativas, por ahora quiero señalar que lo que está en juego es muy gordo. Y prefiero ser claro: la situación colombiana todavía es manejable pero, si la Nación acepta colocar nuevos bonos a las tasas que hoy está demandando el mercado, irá al desastre seguro, tipo Argentina.



Por supuesto, en el mercado internacional somos "tomadores de precio". Lo único sensato que podemos hacer es dejar desde ya de endeudarnos en dólares para cosas que podemos financiar con pesos, como la "reestructuración del Estado" o los programas de educación. Y, al tiempo que reducimos el déficit fiscal, hacer lo que sea necesario para poder financiarlo en el mercado local, a tasas razonables.



¿Imposible? No, señores. Durante décadas, antes de que se pusiera de moda usar el crédito externo a tasas de usura como una vía "moderna" para emitir pesos, Colombia fue capaz de financiar su déficit fiscal en el mercado interno, y a costos razonables. Sería una cruel paradoja que, después de una década de esfuerzos para desarrollar el mercado de la deuda pública, ahora tuviésemos que concluir que ese mercado realmente no existe o que a él solo puede accederse si el gobierno acepta pagar tasas de usura.
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