Javier Fernández Riva

| 10/3/2002 12:00:00 AM

El conejo mais grande do mundo

Espero que, con Lula, Brasil pueda, después de reestructurar su deuda, concentrarse en revivir su mercado interno en lugar de desplazar al resto de América Latina en los mercados de exportación.

por Javier Fernández Riva

Después de meses de pensar con el deseo y convencerse a sí mismos de que el candidato oficialista a la presidencia de Brasil, Serra, tenía chance, hoy todo el mundo acepta que tendría que ocurrir algo muy raro para que Luiz Inácio Lula da Silva, el principal candidato populista, no sea el próximo presidente de ese país. Hagamos, entonces, una pausa en el seguimiento de la tragicomedia económica nacional y especulemos libremente sobre lo que viene para Brasil.



Aunque no comparto la preferencia de los mercados financieros internacionales por el candidato oficialista, tengo una razón para lamentar, levemente, que Serra esté casi desahuciado, electoralmente hablando. Es una razón egoísta, pero de ese egoísmo inocente que uno puede permitirse cuando los aspirantes al primer premio no son Montoya o Shakira. Serra me habría gustado en el mismo sentido en que me gustó Cavallo cuando, a comienzos del año pasado, llegó en su caballo bayo como salvador económico de Argentina, convencido de que podía sacarla del atolladero usando, exactamente, las mismas políticas que habían causado el desastre.



En ese momento predije que "Argentina se reventaría en menos de 12 meses". Como en economía no son posibles los experimentos controlados, uno acaba valorando las ocasiones en las que se puede contrastar con los hechos una previsión inequívoca, de grueso calibre. Me hubiera gustado poder mostrar que, con Serra, Brasil también terminaría en cesación de pagos y una depresión más profunda, pero parece que ya no habrá oportunidad de constatarlo.



Desde un punto de vista menos egoísta quiero contarles por qué, a menos que Lula da Silva sea aún más incompetente de lo que dicen sus enemigos, es probable que a Colombia y al resto de América Latina les vaya mejor con Lula que con Serra. La primera razón es que la única manera como Brasil podrá salir al otro lado sin tirarse en el proceso al resto de América Latina vía un aumento desaforado de sus exportaciones es si pasa de una estrategia basada en las exportaciones a otra basada en el desarrollo de su mercado interno, mucho más apropiada para un gigante. La segunda razón es que, cuando un país está tan endeudado como Brasil, y a tasas de interés tan altas, la única opción de poder concentrarse en su mercado interno en lugar de tratar de exportar como un chino es que obtenga un respiro en su deuda externa.



La deuda externa de Brasil no corresponde a una imposición leonina de sus acreedores pero, desde un punto de vista económico, tiene implicaciones muy similares a las que Keynes precisó sobre las "reparaciones" impuestas por los Aliados a Alemania tras la Primera Guerra Mundial: para poder pagar esas reparaciones Alemania tendría que generar un colosal superávit comercial. La diferencia, en el caso de Brasil, es que los afectados no serían los trabajadores de los países acreedores sino todo el mundo emergente que compite con Brasil.



La hipótesis de los opositores y críticos de Lula da Silva es que va a decretar una moratoria y que se concentrará en el mercado interno, a punta de inflación. Yo comparto esa hipótesis. Pero la peluqueada será un problema de los acreedores y la inflación será un problema doméstico de Brasil. La competencia de Brasil para poder generar un enorme superávit comercial sí sería un problema nuestro.



Pero ¿acaso no me doy cuenta de que el cierre del crédito para América Latina tras una moratoria brasileña nos afectará? Sí, me doy cuenta. Pero, en primer lugar, creo que Serra también acabaría llegando al default, solo que después de causar todavía más daño. Y en segundo lugar, creo que, en lugar de seguir pedaleando como locos para obtener más crédito externo, se nos está haciendo tarde para tomar las decisiones de fondo y ordenar, de una vez, la casa.
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