Opinión

  • | 2009/02/06 00:00

    El coloso del Norte

    La medalla otorgada por Bush a Uribe no es conveniente para Colombia, pues es equivalente a marcar la cercanía con las políticas que fueron rechazadas por los americanos.

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Mal sistema el de buscar atribuir siempre actuaciones perversas a quienes por una u otra razón se convierten en nuestra contraparte.

Es una forma de agravar cualquier conflicto, de cerrar posibles salidas al mismo, de alienarse a quienes tienen relaciones con nosotros y de adquirir fama de difícil y en consecuencia proyectar mala imagen ante terceros no involucrados.

El expediente fácil, y ese sí perverso, de llevar a la órbita 'patriotera' las diferencias con otros países es echar leña al fuego e impedir un camino de solución. Hacer un diagnóstico correcto de la situación no es en consecuencia faltarle a la patria (como seguramente lo buscarán presentar quienes no buscan en realidad soluciones sino ganar sus peleas). Es en este sentido que para el momento actual no se debe confundir el no ser fanático de Uribe con ser 'enemigo de la patria'. No caer en la trampa de que la falta de uribismo sea calificada como falta de patriotismo.

Algo respecto a este contexto es aplicable al caso que está sucediendo con nuestro vecino Ecuador.

El nuevo Canciller de Colombia ha buscado descalificar -y calificar con epítetos negativos- las decisiones que el gobierno ecuatoriano ha tomado respecto al acceso a su país. Sus declaraciones no benefician las relaciones con nuestro vecino ni los intereses de Colombia, pero sí coinciden con la política y el estilo uribista.

Es obvio e indiscutible que las dificultades que se están presentando en la frontera para los colombianos que buscan ir allá no le convienen a nadie. Y aún más claro es que en términos económicos la integración y el libre flujo es lo deseable, y que todo obstáculo a ello perjudica ambas partes.

Pero nada más consecuente con la forma en que se han tratado estas relaciones que las medidas que allá están tomando.

Ante todo recordemos que somos países con relaciones diplomáticas cortadas, y no por causa de ellos sino porque su territorio fue bombardeado por nosotros.

Inicialmente, el Ministro de Defensa informó que nuestra acción fue en defensa propia porque dentro de nuestras fronteras habíamos sido atacados. Después, cambiando una mentira por otra, aseguró que fue una 'persecución en caliente'.

A Uribe le tocó admitir que Santos no decía la verdad, e hizo el reconocimiento de que no se había actuado correctamente pero que, tomando en consideración lo que para nosotros representaba ese golpe contra lo que el Gobierno califica como el peor mal (si no único) que tiene Colombia, se justificaba. En esas condiciones se pretendió que con unas disculpas forzadas se subsanaba ese problema. El rostro del presidente Correa al recibir en Santo Domingo la mano de nuestro mandatario mostró lo poco que esto le satisfacía.

Pero después Uribe, con base en lo que sacaron (cierto o no) del computador de Raúl Reyes, planteó la versión de que ese gobierno se prestaba para que la guerrilla desarrollara su agresión contra el Estado Colombiano, y que de hecho tenía una alianza con las Farc. Esto en la práctica equivalía -después del hecho de haber bombardeado su territorio-, a declarar que se tenía el derecho a actuar así porque se les consideraba como un aliado activo del enemigo, o sea se asimilaba a él. Se le daba el tratamiento de país en guerra con nosotros. Y con el mismo argumento de Bush para invadir a Irak, se alegaba que teníamos derecho a desatar acciones bélicas preventivas dentro y en contra de ese territorio extranjero.

Al reclamo de Colombia de que la guerrilla pasaba a ese país, respondieron sus autoridades diciendo que debía ser el gobierno colombiano quien cerrara la salida de esos delincuentes de su propio territorio. Señalaron que la migración más grande al Ecuador era la de colombianos víctimas de nuestro conflicto, y que además de recibirlos los ayudaban en condición de refugiados. Con esto evidenciaba la falta de hostilidad e incluso la solidaridad con nuestra población, y las dificultades con nuestros gobernantes.

El gobierno colombiano subió la controversia llevándola a la OEA y amenazando incluso con acudir a tribunales internacionales.

El gobierno ecuatoriano se ha limitado a exigir que se corrija -con las reparaciones y acciones que sean necesarias- la posición de Uribe según la cual Ecuador era aliado de las Farc y por ello era un derecho bombardear su territorio.

Y las medidas tomadas son absolutamente consecuentes con la situación: ¿si lo que afirma el Gobierno Uribe es que se facilita el paso de colombianos subversivos e indeseables para nuestro gobierno, cómo quiere que lo controle si no es pidiendo que tengan el visto bueno de acá? ¿Y si el paso de ellos conlleva un problema que nos pone en condiciones casi de guerra, qué más lógico que evitarlo con esta medida? ¿Y si lo que está sucediendo es que nuestros problemas se están 'derramando' y lo atribuyen a la acogida de colombianos en su territorio, qué más consecuente que exigir que nosotros garanticemos su buena conducta?

Respecto a las apostillas -o sea la autenticación del Ministerio de Relaciones- se ha jugado con la desinformación: lo que sucede es que como los nuevos certificados del DAS se pueden obtener en forma virtual por el computador, con algo de habilidad cualquiera puede producirlos; son estos y no los expedidos directamente por la entidad los que requieren ese trámite adicional.

Es más que evidente la mala química entre Uribe y Correa; aún más claro es que sus creencias políticas son antagónicas; que no nace de una xenofobia el distanciamiento, ni siquiera de una mala voluntad, sino de la adhesión a modelos e ideologías contrarias.

Pero la realidad es que quien ha fallado y disparado las malquerencias ha sido nuestro gobierno. Fue Colombia quien decidió negociar por aparte y suscribir los borradores del TLC unilateralmente. Otro tanto ha sucedido con las negociaciones que se iban a hacer en el bloque de Mercosur con la Unión Europea. Pero además, con las fumigaciones fijó una posición de desprecio a las consideraciones de ese país, al punto que lo obligó a buscar solución en las instancias internacionales. Atribuir la culpa de las malas relaciones al gobierno ecuatoriano es buscar deformar la información.

Probablemente la identificación con Bush se adicionó a la propia prepotencia de este gobierno, y como Uribito se siente clon de Uribe, este siente un 'Bushito' y cree que podemos actuar como un 'Coloso del Norte' ante los ecuatorianos.

Por eso consideramos que la medalla otorgada a Uribe no es conveniente para Colombia, pues es equivalente a marcar la cercanía con el gobierno y las políticas que fueron rechazadas por los americanos y hacer énfasis en la distancia (ya mostrada antes) con quien hoy es el gobierno en ejercicio.

Vale para esto recordar las frases del Presidente Obama que, aunque no necesariamente dirigidas a Uribe, sería muy bueno que las escuchara: "... hemos escogido la esperanza sobre el miedo, la unidad de propósitos sobre el enfrentamiento y la discordia"

"... rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales."

"A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia, tenéis que saber que estáis en el lado equivocado de la Historia"

"Porque el mundo ha cambiado, y nosotros tenemos que cambiar con él."?

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