Opinión

  • | 1997/05/01 00:00

    El brillo de "Shine"

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El mercado de música clá-sica durante los últimos años ha estado sujeto a una creciente oferta. Ello se refleja con claridad en la música clásica grabada, de la cual no sólo hay una gran abundancia de grabaciones de una misma obra, sino que además los precios de adquisición han disminuido notablemente. La cantidad de artistas que compiten por un mercado que sigue siendo estrecho es cada vez mayor. En Estados Unidos se estima que las ventas de música clásica no son mucho mayores al uno por ciento del total del mercado. Y, sin embargo, existen decenas de grabaciones de obras tan populares como "las Cuatro Estaciones" de Vivaldi o del primer concierto para piano de Tchaikovsky, a las cuales se continúan añadiendo nuevas versiones cada año. Así las cosas, los precios de lista de los discos compactos prácticamente no han cambiado desde que salieron al mercado hace 16 años. Por el contrario, las compañías lanzan continuamente viejas grabaciones a precios más bajos, nuevas compañías "independientes" lanzan grabaciones de muy buena calidad sonora y artística, pero de artistas poco conocidos, a precios de ganga, y los descuentos sobre los precios de lista con frecuencia alcanzan hasta el 50%. En estas condiciones, ¿cómo puede un artista desarrollar su carrera y penetrar un mercado tan abastecido?



David Helfgott, el pianista australiano en cuya vida se basa la taquillera película "Shine" (Claroscuro), probablemente nunca llegó a imaginarse que esta película lanzaría su carrera internacional de pianista y así obtendría beneficios económicos excepcionales. Actualmente, el ahora célebre pianista se encuentra en una gran gira internacional de unas sesenta presentaciones en salas totalmente repletas. Es este un caso poco usual, pues no se trata del gran virtuoso que deslumbra con su destreza técnica o su musicalidad, sino el de una persona que demuestra una notable superación, si se tiene en cuenta que la enfermedad que padeció y que aún lo afecta anuló su actividad por varios años. La obra clásica de su repertorio con la cual más se asocia el artista es el Concierto No. 3 de Rachmaninoff, obra que por estar ya en decenas de versiones poco justifica realizar en nuevas grabaciones. A pesar de esta abundancia de discos, la versión de Helfgott está entre las más vendidas dentro del mercado de música clásica, superando las cien mil copias, debido a la popularidad que le creó la película de "Shine".



La nueva celebridad de Helfgott ha suscitado una amplia controversia entre el público y en especial entre los críticos musicales y otros pianistas. El foco de la controversia es el siguiente: ¿cómo es posible que un pianista, cuyas habilidades musicales han sido limitadas por su enfermedad y por el tiempo que dejó de practicar y actuar, pueda presentarse en las mejores salas del mundo, vender bien sus discos y así ganar una cantidad respetable de dinero, cuando muchos otros pianistas con capacidades musicales y técnicas mucho mayores se presentarían gratis sólo para tener la oportunidad de hacerse conocer ante el público? ¿Es éste un caso de falta de información del público sobre las opciones disponibles de apreciación musical, o se trata más bien de un público que no asiste a presenciar un concierto, sino más bien a extender la vivencia inspirada por la película?



El trabajo de Helfgott ha sido criti-cado con alguna justicia. El célebre Concierto No. 3 de Rachmaninoff es para muchos el más difícil de la literatura para piano y orquesta. La versión grabada de Helfgott está ampliamente superada por las de muchos otros pianistas que la han grabado (cualquiera de las varias versiones de Vladimir Horowitz) y, con toda seguridad, por la versión que el mismo Helfgott presentó con grandes éxitos cuando se graduó como joven estudiante del Royal Academy of Music. Pero el punto de vista de los críticos es, a mi modo de ver, un poco estrecho. La audiencia de Helfgott no es de melómanos típicos que comparan grabaciones y que buscan la perfección en la interpretación y en la ejecución. Su mayor audiencia es probablemente el público que vio la emocionante película y que quiere seguirla viendo cuando asiste a uno de los conciertos en vivo del pianista. La fórmula que le ayudó a Helfgott a destacarse en el mundo de los conciertos -la difusión de una experiencia vital muy especial- no es una que pueda replicar cualquier artista, cualesquiera que sean sus habilidades técnicas. Cuando Helfgott interpreta la conocida adaptación para piano del Vuelo del Abejorro de Rimsky Korsakov, como lo hizo hace poco en Hollywood, la audiencia no está pensando tanto en la obra misma como en aquel pianista que comenzó a superar su enfermedad tocando para la clientela de un bar.
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