Opinión

  • | 2011/06/22 18:00

    El agotamiento de las políticas macro

    El activismo fiscal y monetario en los países desarrollados no consiguió recuperar el empleo ni el crecimiento y no se sabe cómo podrán enfrentarse los riesgos que se avecinan.

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Debido a la crisis financiera internacional, en los últimos años han sido muy activas las políticas fiscales y monetarias de las grandes economías del mundo. Para contrarrestar los efectos recesivos de la crisis, desde 2008 se pusieron en marcha enormes paquetes de estímulo fiscal, las tasas de interés de los bancos centrales se redujeron casi a cero y se crearon diversos mecanismos para inyectar liquidez al comatoso sistema financiero. Aunque este frenesí de las políticas macro fue más evidente en las economías desarrolladas donde se originó la crisis, también se extendió a los países en desarrollo, especialmente a China, que aumentó el gasto público más que ningún otro país.

Esa época ha llegado a su fin. Estamos entrando en un periodo de agotamiento de las políticas macro en las grandes economías del mundo. Aunque no se ha conseguido la plena recuperación de la actividad productiva y del empleo en los países desarrollados (con la importante excepción de Alemania), ha desaparecido el apetito por las políticas activistas de los últimos años.

En Estados Unidos el jefe de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ha indicado que el segundo programa de expansión monetaria mediante compra de bonos del Tesoro por US$600.000 millones (conocido por sus siglas en inglés como QE2), que está quemando sus últimos cartuchos en estos días, no será reemplazado por un QE3. Aunque la expansión monetaria ayudó a estabilizar los mercados financieros en momentos críticos, no es evidente que haya ayudado a activar la demanda de vivienda y de otros bienes de inversión, y en cambio sí puede haber inducido a los inversionistas a tomar demasiados riesgos en algunos activos financieros y bursátiles.

En materia fiscal se ha llegado a una situación de parálisis en Estados Unidos. Mientras que los republicanos insisten en la necesidad de recortar el tamaño del gobierno y los demócratas en la conveniencia de mantener temporalmente elevado el gasto público para generar empleo, están lejos de llegar a un acuerdo sobre cómo prevenir los problemas de insostenibilidad fiscal que surgirán tarde o temprano debido al crecimiento explosivo del gasto en salud y pensiones.

La situación de las políticas macro en Estados Unidos ha llevado a destacados analistas, como Larry Summers, a advertir sobre una posible "década perdida", reminiscente de los ochenta en América Latina. Por su parte, Paul Krugman ha culpado a los republicanos y a los grupos que defienden los intereses de los acreedores de haber cerrado las posibilidades a las políticas keynesianas.

La situación no es mejor en Europa, donde el gran proyecto de unidad económica está en entredicho debido a la incapacidad de llegar a un acuerdo sobre cómo conjurar la inminente quiebra de Grecia y prevenir riesgos semejantes en Irlanda, Portugal e incluso España. Dada esta incertidumbre y los enormes déficits fiscales de casi todas las economías europeas, no hay ningún espacio para el activismo fiscal. Por su parte, la política monetaria para toda la zona del euro, que está en manos del Banco Central Europeo, no tiene mayores posibilidades de acción: no puede ser puesta al servicio de los países periféricos, pues su objetivo es preservar la estabilidad de precios en toda la zona, pero tampoco podría contener eventuales presiones inflacionarias pues ello aceleraría la hecatombe de las economías periféricas, con graves implicaciones para la estabilidad de los sectores financieros de los demás países.

En las condiciones en que se encuentran las economías desarrolladas, el agotamiento de las políticas macro agrava los riesgos potenciales de eventos muy graves que podrían ocurrir próximamente. En Estados Unidos, el Congreso está en mora de ampliar la autorización de endeudamiento para el Tesoro, lo que podría desencadenar temores entre los tenedores de títulos. En Europa, la inevitable reestructuración de la deuda de Grecia podría dañar los balances de los bancos de toda la zona, especialmente si ello recrudece los temores sobre otros países de la periferia. Sean estos u otros los shocks de los próximos meses, una cosa es cierta: las posibilidades de respuesta de las políticas monetarias y fiscales serán muy limitadas.

Puesto que las limitaciones de las políticas macro muy posiblemente perdurarán por varios años, el balance del poder económico mundial continuará moviéndose hacia los grandes países en desarrollo, en especial China, India y Brasil. Estas economías cuentan con más espacio para reorientar sus políticas macro según lo exijan las condiciones. Sin embargo, han tardado demasiado en desmontar las políticas fiscales expansivas que adoptaron al estallar la crisis financiera internacional, y actualmente enfrentan el enorme riesgo de caer en la complacencia, como les ocurrió a los países desarrollados en la antesala de dicha crisis.

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