Opinión

  • | 2009/04/03 00:00

    Educar para la vida

    Un elemento clave en el desarrollo de las personas es encontrar qué las motiva y por qué hacen lo que hacen.

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Después de muchos análisis, debates y discusiones cada vez se ve con mayor claridad la importancia de educar para la vida, para el trabajo, para el emprendimiento y para el mejoramiento de la sociedad. Hoy quiero reflexionar sobre qué es educar para la vida.


En mi opinión, educar para la vida es educar para SER, HACER, CONVIVIR y TRASCENDER.


Educar para SER incluye aprender a querer, a sentir, expresar sentimientos y controlar emociones, comprender la vida, definir creencias y valores, encontrar motivaciones, aprender a pensar, moldear actitudes y comportamientos.

Creo que el concepto de SER parte de los sentimientos, del afecto, de cómo se siente cada uno consigo mismo, de quién lo quiere y a quién quiere, qué implica querer, dar y recibir afecto, sentir interés por los otros, compartir alegrías y dolores, éxitos y fracasos, caminar en los zapatos de los demás, ser solidario.

También tiene que ver con la forma como cada quien interpreta lo que le pasa, comprende el universo, el hombre, la vida y la felicidad, entiende que el ser humano es el único capaz de planear y construir su futuro.

Esto hace que cada persona consciente o inconscientemente defina unas creencias, una actitud ante la existencia, encuentre el sentido de su vida, su misión como ser humano, para qué vale la pena vivir y construya sueños e ideales acordes con sus circunstancias, intereses y potencialidades.

En este proceso de llegar a SER cada persona va definiendo a qué le da valor, qué es importante para ella, para su familia y para la sociedad. Y va comprendiendo cuáles son sus derechos y deberes así como su papel en la comunidad.

Un elemento clave en el desarrollo de las personas es encontrar qué las motiva, por qué hacen lo qué hacen. Hay quienes actúan para acumular bienes, creyendo que la felicidad está en tener más. Sin embargo, uno ve que las personas que han hecho aportes extraordinarios a la humanidad han tenido grandes ideales, sueños de aportar al bienestar de los demás, fuentes de motivación superior que las mueven a alcanzar sus resultados.

Esto implica aprender a pensar: analizar, reflexionar y cuestionar cada faceta de la vida evaluando, juzgando y decidiendo qué hacer y cómo comportarse, teniendo el criterio para definir qué es lo correcto y cómo hacerlo bien hecho.

Todos estos elementos hacen parte de la filosofía de vida que cada persona debe definir y que la conducen a tener actitudes ante los demás y ante la vida y a comportarse adecuadamente para construir un proyecto de vida que le permita alcanzar sus metas de desarrollo en cada una de sus áreas de interés.

El gusto de vivir, la pasión, el entusiasmo, la alegría son consecuencia de tener claro todo lo anterior, para poder pensar, hablar y actuar coherentemente.

Si hablamos entonces de educar para SER estamos diciendo que el niño, el joven o el adulto tiene que aprender todo lo anterior. Y esto sólo se aprende viviéndolo, experimentándolo a través del ejemplo de otros y de la cultura, el ambiente y la convivencia con otros que tienen una filosofía, unas actitudes y comportamientos que conducen a formar el ser humano estructurado e integral que cada uno puede llegar a ser.

Esto implica comprender el colegio como una etapa de la vida y no solamente como una preparación para la vida. Aprender a vivir viviendo, encontrar las fuentes de motivación acordes con las necesidades e intereses de cada etapa de desarrollo.

En segundo lugar está educar para HACER, esto es adquirir conocimientos, desarrollar competencias, habilidades, destrezas, hábitos para ver el esfuerzo y el trabajo como el camino para aprender, crecer y realizarse, satisfaciendo sus necesidades y generando valor.

La sabiduría está en apropiarse de los conocimientos, aprendiendo de las experiencias y vivencias, transformándose cada día: aprender a aprender, a mejorar, a responsabilizarse de la construcción de su futuro.

En tercer lugar está educar para aprender a CONVIVIR, a comprender a los demás, a relacionarse, compartir, servir, interactuar, socializar, trabajar en equipo. Entender que todos somos seres humanos únicos, con creencias, valores y filosofías propias, pero que compartimos intereses, proyectos y vivencias y que somos interdependientes, que podemos vivir en armonía si tenemos clara nuestra filosofía y respetamos las de los demás, acogiéndonos a las normas de convivencia para beneficio de todos.

Por último educar para TRASCENDER, para que cada persona pueda alcanzar sus ideales y vivir plenamente, dejar una huella y contribuir al mejoramiento de la sociedad.

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