Opinión

  • | 2009/10/30 12:00

    Educar, formar y aprender a querer

    El maestro de vocación diseña técnicas y métodos didácticos que le permiten desarrollar el proceso educativo de una manera más eficaz y apropiada y tiene un modelo educativo y una actitud fundamental: lo hace con amor.

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El pasado 7 de octubre, gracias a la extraordinaria labor que viene liderando el doctor Pedro Gómez, volvimos a vivir la emoción que significa el acto de entrega del Premio Compartir al Maestro. El ganador este año fue Holguer Alfredo Cruz, profesor de lengua castellana del Instituto del Oriente de Piedecuesta, Santander, por el trabajo denominado "Por los caminos de la palabra".

El proyecto es realizado en una zona rural y busca incentivar la lectura a partir de la escritura que realizan de sus propias tradiciones orales los estudiantes, padres de familia y la comunidad. La pequeña reseña mostrada en el evento y las palabras del maestro dejan ver cómo educar no es solo transmitir conocimientos, ni llenar contenidos exigidos para las asignaturas que dicta, sino que va más allá, es lograr llegar a los estudiantes a través de sus propias vivencias y transformarlas en un saber práctico.

Según el Gran Maestro, el logro obtenido hasta el momento con su propuesta pedagógica "es solo una muestra de que podemos hacer muchas cosas más que trabajar en un salón. Con esto logramos incluso cambiar la cultura de una comunidad, y creo que es precisamente esto, el impacto social de la iniciativa, lo que más le gustó al jurado".

El maestro de vocación logra diseñar técnicas y métodos didácticos que le permiten desarrollar el proceso educativo de una manera más eficaz y apropiada y tiene un modelo educativo y una actitud fundamental que es que lo hace con amor, con lo cual comprende los sentimientos de sus estudiantes, sus motivaciones, temores y preocupaciones, orientando sus comportamientos e influyendo incluso en sus padres, en la comunidad y en los demás profesores.

El bebé desde que nace aprende a querer a partir de las demostraciones de cariño, afecto y ternura que recibe de los que lo rodean, de ahí la importancia de formar padres capaces de comprender su rol y asumirlo responsablemente.

Claramente, esta es una responsabilidad de los padres, pero la sociedad, a través de sus maestros, tiene que continuar estableciendo relaciones afectuosas y respetuosas con los niños y jóvenes pues es así como se forman seres humanos capaces de construir su futuro y convivir en armonía.

Los estudios internacionales y nacionales cada vez más confirman que es el maestro la persona más importante en el proceso educativo y que, si queremos mejorar la calidad de la educación, debemos lograr que todos los maestros sigan estos ejemplos para formar seres humanos íntegros a partir del afecto y la comprensión.

Cuando el maestro trabaja con amor, acepta a sus estudiantes tal como son y esto lo lleva a conocer sus intereses, sus valores, sus aptitudes, sus limitaciones, sus dificultades y es desde ahí donde da inicio a un trabajo que permite avanzar hacia el aprovechamiento de todas sus potencialidades. El trabajo con amor y la aceptación del otro es el mejor punto de partida en el proceso educativo, aunque no es suficiente, la labor docente exige permanentemente que se reconozcan los logros de los estudiantes para despertar en ellos la motivación, el estímulo e incrementar su seguridad y autoestima.

Estos maestros que logran involucrar en sus trabajos tanto a estudiantes, como a padres de familia, están incidiendo en mejorar la convivencia y las relaciones familiares, factores tan golpeados en la sociedad actual. Proyectos como el de este maestro de Piedecuesta logran sacar a los niños y adolescentes de sus límites para imaginar y construir sus propios sueños.

La pedagogía con amor cumple con el objetivo fundamental de la educación que es el desarrollo integral de la personalidad del estudiante y facilita la autenticidad, la sinceridad, la capacidad de tomar riesgos y cometer errores, aprendiendo de ellos. Seguramente, aquellos niños y jóvenes que son abordados en la escuela desde la comprensión de sí mismos y de su entorno, lograrán un desarrollo biológico, psicológico y social con menores conflictos y desajustes en su personalidad.

Vale la pena destacar, apreciar y admirar la labor que viene desarrollando la Fundación Compartir con estos esfuerzos tendientes a estimular la labor de nuestros maestros, reconociendo el papel fundamental que juegan en la sociedad e incentivando a más jóvenes a comprender la importancia de esta profesión y a verla como una opción de vida apasionante, trascendente y de gran impacto para formar seres humanos capaces de vivir plenamente y mejorar la sociedad.

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