Educación sin recursos

| 4/7/2000 12:00:00 AM

Educación sin recursos

Los recursos de la educación se evaporaron en salarios.

por Hugo López Castaño

Desde comienzos de los 90, la Nación transfirió a departamentos y municipios recursos reales muy cuantiosos para la educación que, hasta 1996-97, fueron crecientes. El estudiantado oficial en preescolar, primaria y secundaria aumentó 25% entre 1992-96. Pero lo hizo con rendimientos marginales decrecientes (el gasto real en educación de la administración pública nacional se elevó mucho más: 50%). Parte de los recursos se evaporó en mayores salarios; llegar con educación de calidad a los lugares más apartados y menos densamente poblados cuesta cada vez más. Por ello y porque el escenario fiscal futuro no es halagüeño, el país no podrá avanzar en cobertura (aunque la población escolar sigue creciendo, el estudiantado se ha estabilizado desde 1997 y parece estar cayendo) ni podrá elevar la calidad sin racionalizar la prestación del servicio oficial y sin recurrir a formas de contratación menos costosas y a tecnologías educativas que maximicen la relación cobertura-calidad/costos.

La Nación (Minhacienda, Mineducación y DNP) acaba de firmar convenios (créditos condonables contra desempeño) con los departamentos. Entre otras obligaciones y para acceder a recursos adicionales a los del situado fiscal, deben aumentar el alumnado por docente. Con la actual planta oficial y si esa relación se pudiera elevar a 31 (35 en las zonas urbanas, 20 en las rurales), la cobertura sería casi plena. Pero hay grandes fricciones técnicas, legales y políticas para alcanzar ese estándar. La experiencia de Antioquia demuestra que, para minimizar esas fricciones, es preciso delegar la administración del personal docente en los alcaldes. Preparada en el segundo semestre de 1998 y ejecutada en el primer semestre del 99, "la racionalización de plazas" oficiales de la actual administración departamental incluyó traslados y conversión de cargos, supresión, fusión, cambio de nombres y creación de establecimientos, articulación de niveles y grados. Aunque habrá que esperar las cifras definitivas para apreciar sus efectos netos, de acuerdo con los responsables del programa, los cupos oficiales aumentaron 7,4% (64.627) en unos cuantos meses. El programa funcionó bien porque casi todos los municipios antioqueños administran la educación por delegación (Medellín es la excepción más destacable y afecta el desempeño medio del departamento).

Sin embargo, esta vía no garantizará la cobertura plena, en particular de zonas rurales, porque se agota rápido y la población en edad escolar seguirá creciendo. La segunda lección de Antioquia es que es posible lograr impactos rápidos sobre la cobertura al contratar con el sector privado (ampliación de cobertura del gobernador Alvaro Uribe) y con tecnologías educativas novedosas (SAT) adaptadas a la población rural dispersa; pero no se puede avanzar por esta vía sin modificar el actual sistema de transferencias.

Con esta estrategia, Antioquia vinculó 110.000 nuevos alumnos entre 1995 y 1998 (la cifra neta es menor porque hubo sustitución parcial de cupos antes financiados por el sector privado por cupos financiados por el programa). Es sorprendente porque, entre 1985 y 1995, mediante el sistema público se habían creado en Antioquia solo 54.000 nuevos cupos. Pero el programa, que comenzó siendo financiado, principalmente, por los excedentes del situado fiscal, comenzó a depender peligrosamente de los recursos del crédito, cuya participación llegó en 1999 al 38%. Este tipo de financiación resultó costosa e inviable y seguirá siéndolo mientras no se modifique el actual sistema de transferencias hacia una capitación que les permita a los entes territoriales una distribución flexible de esos recursos entre la oferta pública y la contratada con el sector privado.
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