Educación en ingeniería

| 5/26/2001 12:00:00 AM

Educación en ingeniería

Es necesario revisar con urgencia el papel de las ciencias, básicas y sociales, como ejes del proceso de formación para aprender.

por Sergio Fajardo

En estos días días se desató una controversia en el mundo de la ingeniería colombiana. El anuncio del Ministerio de Educación de sus intenciones de reducir el número de títulos --más de 100-- que bajo la denominación de Ingeniería ofrecen las universidades del país, provocó una acalorada discusión. Por coincidencia, al tiempo que los medios de comunicación se encargaban de esta polémica, en la Facultad de Minas, cuna de la ingeniería nacional, un grupo de personas de diferentes áreas del conocimiento, nos reuníamos a intercambiar ideas sobre las perspectivas de la educación en Ingeniería. El tema, a primera vista, suena extraño: ¿ingenieros pensando en educación? En realidad, tiene mucho sentido. Veamos algunos elementos de las discusiones, que en buena medida son relevantes para el sistema



Empecemos con una frase que hemos escuchado una infinidad de veces: nuestro sistema educativo debe formar a los estudiantes para "aprender a aprender". Este tiene que ser, sin duda, un imperativo en todos los niveles posibles del sistema educativo. En las universidades, en principio, la actividad de investigación es fundamental, pero ocurre que la distancia entre el investigador y el profesor, entendidos en términos tradicionales, es gigantesca: son, en muchos casos, mundos y categorías aparte. Y precisamente, por esta visión, se pierde la riqueza del proceso de descubrir, crear o innovar, que tendría que estar presente en la enseñanza desde el primer semestre. Si se tiene en cuenta esta observación, la forma como se enseña se sale de los parámetros rutinarios y fáciles: esa es una gran tarea que, por desgracia, es la primera que se pasa por alto.



A continuación, llegamos a un punto crucial: ¿debe haber un currículo básico, común a todos los ingenieros? Pienso que SI. Es necesario revisar con urgencia el papel de las ciencias, básicas y sociales, como ejes del proceso de formación para aprender. Por ejemplo, necesitamos entender los retos que el mundo biológico nos plantea y hacer de la biología una verdadera ciencia básica; actualizar la formación matemática para adecuarla a estos retos, más allá del esquema tradicional que respondía a las necesidades de la Física de fines del siglo XIX; de igual manera, es imperativo incorporar, en el terreno de la formación básica, la preparación en computación y en áreas relacionadas como el desarrollo de software, desde el comienzo de la educación universitaria. Todos estos elementos, apoyados en una sólida y sistemática comprensión de las realidades sociales de nuestro país.



Estos cambios deberían estar acompañados por una reducción de la duración de las carreras, a cuatro años, eliminando una cantidad de cursos superespecializados, que se pueden dejar para posgrado. A renglón seguido, aparece otro ingrediente fundamental: dada la naturaleza de las nuevas actividades productivas, a la mayoría de nuestros futuros ingenieros les va a tocar crear sus empresas, sin esperar a graduarse para ver qué trabajo consiguen.



El espacio no me alcanza para presentar otros puntos, tan importantes como los anteriores, que aparecieron en el transcurso de las conversaciones; pero no puedo finalizar sin llamar la atención sobre un punto: en los últimos años, los ingenieros desaparecieron como protagonistas principales del desarrollo nacional, ya es hora de que salgan del período de hibernación, tienen mucho qué aportar.
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