Opinión

  • | 2008/03/14 00:00

    Educación: formación e instrucción

    Somos los arquitectos de nuestra vida, cosechamos lo que sembramos, nuestro futuro depende de lo que hagamos hoy.

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La educación, más que para acumular conocimientos, tiene que ser para formar seres humanos capaces de comprender el mundo, descubrirse a sí mismos, identificar sus talentos, definir una filosofía y un proyecto de vida que le permita a cada uno aprovechar todas sus potencialidades y avanzar hacia su plena realización.

Definir una filosofía de vida implica extractar de la historia de la humanidad, de sus enseñanzas y experiencias lo que para nosotros tiene sentido, esto es, a través de un proceso de estudio, análisis, reflexión y experimentación definir cuál es la razón de ser de mi vida, cuáles son mis sueños e ideales, mis creencias y valores.

Para definir esta filosofía de vida debo desarrollar la autonomía que me permita distinguir entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, comprender mis derechos y deberes, desarrollar mi capacidad de análisis para pensar, razonar, juzgar y decidir con criterio y sabiduría.

Más que saber la historia de la filosofía, debo ser capaz de comprender lo que los demás han planteado y con base en esto definir mi propia filosofía: ¿qué es para mí una vida buena? ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero? ¿Para dónde voy?

La identidad personal de cada uno se construye con la comprensión de los distintos seres humanos con quienes se tiene relación o de quienes se estudia su vida, analizando su cultura, sus ideales, logros y fracasos y reflexionando sobre nuestra naturaleza, nuestras potencialidades, fortalezas y debilidades, aptitudes, intereses y gustos. Con todo esto vamos viviendo nuestras propias experiencias y vamos aprendiendo a vivir la vida, nadie puede vivirla por nosotros, la vida es esa "cascada de experiencias" que cada día nos va formando y transformando para ser cada día mejores o peores, dependiendo de lo que hagamos: o crecemos, aprendemos y mejoramos, o nos desactualizamos, envejecemos y decaemos.

Somos los arquitectos de nuestra vida, cosechamos lo que sembramos, nuestro futuro depende de lo que hagamos hoy.

Parte fundamental de la formación del ser humano es el desarrollo de la dimensión espiritual. En algunas instituciones no confesionales se ha querido dejar este tema solo en cabeza de la familia, pero muchas veces la familia no tiene los conocimientos requeridos para adelantar este proceso.

Se requiere una cultura espiritual que permita estudiar y comprender la historia de las religiones, sus creencias, valores, cultos, ritos, vivencias, enseñanzas, concepciones y comportamientos y el impacto que ellas tienen en el desarrollo económico y social, en el crecimiento integral del ser humano, en la convivencia y en el bienestar colectivo.

Para ayudar al estudiante a encontrar el sentido de su vida hay que iniciarlo en la cultura espiritual, en el cultivo de las artes, la literatura, la filosofía y todas las formas de expresión del espíritu humano; se requiere una comprensión global del mundo. El colegio no puede dar las respuestas pero puede ayudarle a investigar, a instruirse, a compartir, a construir sus propias respuestas en forma documentada, sustentada, reflexionada y apropiada por él mismo.

La dimensión espiritual nos permite mirar hacia adentro de nosotros mismos, meditar, reflexionar, cuestionar, evaluar y mejorar como seres humanos integrales; nos permite definir nuestras creencias basados en nuestro conocimiento y nuestra experiencia, no sólo en los de los demás.

Las creencias y valores que formamos y vivimos, nos permiten construir ideales y sueños, que son los que nos motivan a actuar y a desarrollar actitudes ante todo lo que nos ocurre cada día, controlamos nuestros pensamientos, que son los que controlan nuestros comportamientos.

La formación, además, nos permite adquirir hábitos y costumbres para llevar una buena vida, aprender a aprender, gusto por investigar, comprender y no repetir lo que dicen los demás sino desarrollar nuestro propio criterio, ser capaces de juzgar y actuar correctamente. Convertirnos en seres humanos en permanente aprendizaje, a través de nuestras experiencias diarias, nuestra transformación, crecimiento, desarrollo y mejoramiento.
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