Opinión

  • | 2009/08/06 00:00

    Educación, filosofía, sabiduría y competitividad

    El camino a la sabiduría parte del conocimiento, pero son el pensamiento, el análisis y la reflexión, los que permiten comprender, juzgar y decidir qué es lo correcto y actuar en consecuencia.

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Cuando en las empresas nos hablan de filosofía y de filósofos tendemos a asociarlos con concepciones abstractas y personas que reflexionan sobre la vida, distantes de la realidad, del mundo del trabajo, de la empresa y del desarrollo económico y social.

No se ve la filosofía como ese conocimiento que nos brinda los elementos para buscar y saber cuál es la finalidad del hombre, contar con explicaciones a muchos de nuestros actos diarios y comprender el mundo con el cual interactuamos.

Todos los seres humanos, consciente o inconscientemente, tenemos una filosofía de vida y en este marco desarrollamos nuestras vivencias y experiencias, interpretamos y comprendemos el entorno que vivimos, tenemos nuestras creencias, valores y es con estos elementos que construimos nuestro propio proyecto de vida.

Fernando Savater, gran filósofo español, hizo la siguiente declaración al diario El Mundo de España, el 4 de octubre de 2007: "¿Por qué el verbo filosofar conlleva una connotación negativa muchas veces y, por el contrario, debería vérselo como una búsqueda constante de la verdad? A veces la palabra "filosofía" suena a ininteligible o aburrido. Eso es culpa nuestra, de los profesores, que a veces tenemos tales vicios. Pero, no conozco a ningún niño ni a ningún adolescente al que no le interesen las preguntas filosóficas como la muerte, la verdad, la justicia, la libertad o la naturaleza. Lo que pasa es que a veces no saben que eso se llama filosofía".

La palabra filosofía proviene del griego filos (amor) y sofía (sabiduría) y la sabiduría es la capacidad de actuar correctamente basados en conocimientos y experiencias, es "perfecto conocimiento y prudencia en la conducta".

Un hombre sabio es un "individuo que, en absoluta libertad, encuentra por su propia cuenta, la manera correcta de actuar en el mundo". No es el que más conocimiento acumulado tiene, sino el que comprende la vida y vive de acuerdo a sus creencias y valores, avanzando cada día hacia el logro de sus ideales.

El camino a la sabiduría parte del conocimiento, pero son el pensamiento, el análisis y la reflexión, los que permiten comprender, juzgar y decidir qué es lo correcto y actuar en consecuencia. Comienza por el conocimiento propio: ¿quién soy, ¿qué quiero, ¿a dónde quiero llegar?

El aprendizaje se da por las vivencias y experiencias que permiten a cada persona apropiarse de sus ideas, construir su filosofía y transformarse para ser el arquitecto de su futuro.

El niño desde que nace va definiendo sus gustos y motivaciones y va comprendiendo a través del trato con los demás quién es, qué quiere y a dónde quiere llegar, va interpretando el mundo, el hombre y la vida y va aprendiendo la diferencia entre el bien y el mal en todos sus comportamientos y opiniones.

El gran maestro Compartir 2007, Henry Alberto Berrío, puede ser un excelente ejemplo para enseñar a filosofar, a pensar, a analizar, reflexionar y cuestionar las ideas y conceptos y a definir cada uno sus propias creencias y valores, su misión y visión para construir su proyecto de vida.

Otra fuente de inspiración para repensar cómo aprender a filosofar y cómo puede influir la filosofía en nuestra vida puede ser el libro de Lou Marinoff, Más Platón y menos Prozac, que reflexiona sobre cómo podemos aprovechar las enseñanzas de la filosofía y los filósofos en nuestras vidas.

Parte fundamental del proceso de formación de niños y jóvenes tiene que ser el de orientarlos para que puedan definir su filosofía de vida, comenzando por despertar el gusto y la pasión por la sabiduría, por la lectura y por el aprendizaje.

La competitividad se logra cuando somos competentes, capaces de hacer lo correcto, bien hecho. Cuando una persona ha definido una filosofía de vida propia y vive de acuerdo a ella es capaz de construir un proyecto de vida para avanzar equilibradamente hacia el aprovechamiento de todas sus potencialidades, esto incluye metas y estrategias para ser competente en todas sus áreas de desarrollo personal.

Para ser competente en el campo laboral y en el mundo de los negocios se requiere no solo tener conocimientos, sino también desarrollar competencias, habilidades, hábitos y actitudes que conduzcan al logro de resultados sobresalientes.

La sociedad, y específicamente cada región, debe preocuparse por formar niños y jóvenes con una filosofía de vida clara, capaces de generar riqueza, desarrollo y bienestar, de acuerdo a las condiciones, posibilidades y oportunidades propias y en esto los empresarios pueden jugar un papel clave que conduzca a personas y regiones competitivas y prósperas, seres humanos que comprenden la vida y conviven en armonía.

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