Educación de choque

| 3/24/2000 12:00:00 AM

Educación de choque

La situación del desempleo entre los jóvenes es crítica. Se requiere un plan de emergencia.

por Sergio Fajardo

Según las últimas versiones de prensa, el primer punto en la negociación con las Farc va a ser, en el contexto de la definición de un nuevo modelo económico, el empleo. El hecho es que mientras ese proceso avanza, no nos podemos quedar cruzados de brazos o, como indicaba Hugo López en la edición anterior de esta revista, mientras las estrategias macroeconómicas dan frutos, se requieren programas de emergencia.



Las cifras que presenta López son dramáticas. En Medellín, hoy están en la calle más de 70.000 jóvenes que no estudian y no trabajan, y la gran mayoría son pobres. Sin entrar en detalles, hay una conclusión que no requiere mucho estudio y que poco se menciona: estamos ante una emergencia social más profunda de la que en apariencia se esconde detrás de la coyuntura. Un buen porcentaje de estos jóvenes, de seguir por este camino, van a ser "minusválidos laborales".



Las profundas transformaciones del sistema productivo están trayendo, y van a traer aún más, un radical cambio en el mundo laboral. No hay la menor duda. Si no les damos una oportunidad en su formación educativa, estos jóvenes van a quedar marginados, de por vida, de la posibilidad de tener un trabajo digno. Van a estar sufriendo, moviéndose con los ciclos económicos, empleados, eventualmente, en trabajos de muy poca valía. Por esta razón, tiene plena vigencia la frase que describe el reto de la educación en este siglo: aprender a aprender. Nuestros jóvenes tienen que estar preparados para cambiar de ocupación en múltiples ocasiones.



De esta forma es natural llegar a un replanteamiento de nuestras propuestas educativas. Ya lo han hecho en otros lugares. De la cooperación entre empleadores, empresarios, autoridades gubernamentales, se han identificado las que se denominan competencias y habilidades. Son los conocimientos y capacidades indispensables para un desempeño adecuado en el mundo laboral. Por ejemplo, saber leer, tener dominio de matemáticas, desarrollo de una estructura mental con razonamiento lógico, habilidad para comunicarse, escribir un reporte, seguir instrucciones, manejar información, tener un conocimiento básico de tecnología, aptitud para trabajar en grupo. A estas competencias, nos tocaría añadir una versión local de elementos básicos para la vida en comunidad.



Por eso, en adición a los programas que sugiere Hugo López, de capacitación directa en oficios que les permitan a los jóvenes aumentar su nivel de calificación, que nos sirven para un período de transición, necesitamos, con la mayor urgencia, un programa de choque, que ayude a responder a los problemas que tenemos. Un programa educativo de choque, alrededor de competencias básicas laborales, en el cual se puede hacer realidad la siempre sugerida y pocas veces realizada, colaboración entre gobiernos locales, empresarios, académicos, organizaciones sociales.



Ya hay algunos avances interesantes, que manejan instituciones como "Corpoeducación" en Bogotá y "Paisa Joven" en Medellín. Es cuestión de entender la dimensión del problema que enfrentamos y hacerlo una realidad política. Son factibles y viables tanto económica como socialmente y con los beneficios, obvios: un programa de este tipo tiene implicaciones directas por ejemplo en la competitividad de la región, preparando parte del recurso humano con las condiciones requeridas para los días venideros, al tiempo que es un aporte directo a las políticas de paz y convivencia. Detrás de este caso muy particular de educación de choque, está el reto, siempre anunciado y nunca realizado, de hacer de la educación el motor de la transformación de nuestra sociedad. Siempre hay una buena oportunidad para empezar.



sfajardo@uniandes.edu.co

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