Opinión

  • | 2007/05/11 00:00

    Dos modelos a comparar

    Al igual que cuando se ve el caso del país, en Bogotá sí se ha avanzado en el sentido que el Gobierno Distrital se lo propuso. Y aquí también se ve el efecto de más seguridad, menos delincuencia, menos secuestros, etc.

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Dos modelos y dos experimentos de manejo público se muestran como alternativas hoy en el caso colombiano.

Más que entrar a discutir cuánto mérito tienen quienes los han desarrollado o de antemano cuál es el mejor, lo que llama la atención es que ambos demuestran o confirman lo que debería ser la perogrullada más elemental respecto a la administración pública: que, mucho o poco, es natural que se obtengan resultados en los campos adonde se dirigen las acciones.

A nivel nacional el Dr. Uribe se lanzó a un programa de contención de la guerrilla mediante la confrontación militar, para lo cual dedicó los recursos más importantes del Estado a aumentar la capacidad de la fuerza pública en todos los sentidos (inteligencia, armamento y sobre todo cantidad de personal). El resultado está a la vista y nadie lo discute en cuanto a que hoy la guerrilla es menos poderosa que al principio de su mandato; es verdad que el objetivo final propuesto no parece fácil de alcanzar, pero para objeto de este análisis lo importante es que si se dedican los recursos a ese propósito algo se logra. Los resultados en cuanto a disminución del secuestro, de los atentados a la infraestructura, de la mayor movilidad de la población, etc., son innegables, y aun cuando existen cuestionamientos y dudas en cuanto a las cifras -pues hay de por medio cambios de metodología, artificios de presentación, etc.-, y críticas al populismo que lo acompaña, el hecho es que sí se han producido avances en el camino que se tomó.

El otro caso es el del Gobierno de la capital de la República. A diferencia del anterior que se podría caracterizar como un modelo de derecha -donde lo que se busca es imponer la autoridad y el orden-, a Bogotá se le ha propuesto lo que se podría considerar como un modelo de izquierda -en el sentido de que la atención a las necesidades básicas del individuo son la prioridad-. Un amigo me hizo caer en cuenta de lo poco que se ha destacado o comentado lo aparentemente sorprendente de la mejora en los indicadores que muestran en cuanto a la pobreza, la miseria, y la desnutrición. Quienes por temperamento somos escépticos damos por descartado que en este caso también algo debe haber de manipulación en la presentación, que cambios tan drásticos en tan corto tiempo no son posibles, que también hay demagogia alrededor del tema, etc... Pero el punto interesante es que, al igual que cuando se ve el caso del País, sí se ha avanzado en el sentido que el Gobierno Distrital se lo propuso. Y aquí también se ve el efecto de más seguridad, menos delincuencia, menos secuestros, etc.

Claro que queda la duda de si estos resultados coincidentes se deben a las políticas del Gobierno central, o si, por el contrario, la mejora de los indicadores del país nace del aporte que hacen los éxitos locales. La desagregación mostraría que es mayor la mejora en Bogotá que en el País, y que, en general, la situación de la verdadera población rural (los campesinos, no los dueños de fincas) en cuanto a seguridad no ha cambiado (¡dos millones de desplazados!), siendo el manejo de las ciudades -especialmente Bogotá y Medellín- las que contribuyen a disminuir los índices negativos. Pero ante la dificultad de establecer qué fue primero si el huevo o la gallina, este punto se puede asumir como neutro, puesto que no es relevante para lo que se busca con este análisis.

El punto esencial de todo lo anterior es lo que podríamos concluir como primera premisa o premisa mayor: es normal y natural que todo gobierno muestre logros en el campo al cual dedica sus esfuerzos; logros mayores o menores, pero logros que aunque no necesariamente significan éxito total, sí pueden justamente ser reivindicados.

La segunda premisa sería establecer respecto a los casos que conocemos -y tomándolos como modelos abstractos, no como ejemplos de gestión personal- cuál es más eficiente en términos de costos y beneficios.

Como ya se mencionó, si se aceptaran los datos oficiales de una y otra parte, lo impresionante de los resultados en Bogotá supera las cifras presentadas en lo Nacional, y supone además haber sido en menor tiempo. Pero también como ya se mencionó, podemos dar el mismo margen de duda para ambas, y no tomar esa información en cuenta. Igualmente señalamos que no es posible definir cuál factor impulsa al otro y por eso para estos efectos los consideramos como si esto fuera irrelevante.

Lo que sí muestra gran diferencia son los costos. Obviamente lo que inmediatamente salta a la vista son los económicos: el Distrito se ha limitado a reorientar el gasto y la inversión sin que haya aumentado su ingreso ni haya requerido de recursos adicionales para lograr sus objetivos. El Gobierno Central por el contrario aumentó inmensamente sus ingresos tributarios (cosa de la cual con cierta razón se precia) pero además creó impuestos especiales y redujo la participación proporcional de las partidas sociales (lo cual, aunque de otra naturaleza, es también un costo). Como si fuera poco, trasladó a su favor lo que debían ser ingresos locales -las transferencias- y requiere aumentar aún más dichos traslados. Deben también tenerse en cuenta las partidas de ayuda de Estados Unidos, las cuales sin pasar por el presupuesto nacional pueden haber sido más que determinantes en las acciones y resultados del Plan Patriota y el Plan Colombia.

Esto último lleva a un segundo costo que tiene el modelo de guerra, para algunos de nosotros no insignificante, como es la dependencia -o tal vez más: subordinación- que se ha creado respecto a los Estados Unidos. Más allá de cualquier opinión sobre Bush, sus políticas y sus métodos, el hecho es que esa es hoy la relación de país a país, lo cual, aún si fuera para propósitos más aceptables que los de la actual administración americana, no corresponde a la relación que debe defender una nación soberana.

Y otro costo es el de la forma en que son afectados los diferentes estamentos de la población. Aunque se ha dicho que gracias a la 'seguridad democrática' se está recuperando el campo, la verdad es que este sigue siendo la cenicienta del país, con el menor crecimiento de todos los sectores, y que la política de guerra se ha reflejado en millones de habitantes que lo han perdido todo, debiendo migrar hacia las ciudades. En cambio la política de atención social para los sectores humildes, lejos de crear nuevos marginados en Bogotá, ha permitido absorber los que llegan de afuera y además simultáneamente mejorar las condiciones del conjunto de su población.

Esto para no hablar del otro costo que genera la guerra -y que, según se alega, no se puede evitar porque implicaría ventajas para el enemigo- en cuanto a la imposibilidad de llegar a algún acuerdo para solucionar el problema humanitario de los retenidos por la guerrilla.

Entonces, si la premisa mayor es que toda política produce resultados en el sentido que se orienta, y la premisa menor es que un modelo que busque soluciones sociales produce aparentemente mejores resultados y seguramente tiene menores costos que un modelo de soluciones militares, la conclusión es...

P.D. Del caso de Medellín donde la educación y el empleo han sido las prioridades se deduciría lo mismo que del caso de Bogotá.
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