Opinión

  • | 2004/08/20 00:00

    Diversidad cultural, seguridad y desarrollo: un nuevo desafío

    Sería paradójico que Colombia, que ha sido líder en temas indígenas, pasara a ser campeón en extinción de la diversidad cultural.

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La polémica despertada en Colombia por las aterradoras cifras de pobreza -64,3% de la población vive en esas condiciones- reveladas por el Contralor, y por aquellas sobre inequidad y pobreza en el Informe de Desarrollo Humano de Naciones Unidas -PNUD- hizo que el mensaje principal de este último pasara inadvertido.

Llama la atención que este documento, tradicionalmente enfocado a temas políticos, económicos y sociales, en esta oportunidad se concentró en los derechos culturales como un imperativo para alcanzar el desarrollo humano.

Bajo el título "La libertad cultural en el mundo diverso de hoy" se destaca cómo en épocas de conflictos culturales y ante la amenaza de un choque de civilizaciones, es indispensable encontrar respuestas para erradicar la pobreza -uno de los principales objetivos del milenio- y para ello se plantea como gran desafío la construcción de sociedades inclusivas y diversas en términos culturales.

Menciona además que la democracia y el crecimiento equitativo no son suficientes para acoger las demandas de inclusión social y el respeto por la diversidad cultural, y destaca la libertad cultural como un derecho humano y un importante aspecto del desarrollo y, por consiguiente, digno de la acción y atención de los Estados.

Advierte también que en esta era de globalización, ni la comunidad internacional ni ningún Estado pueden ignorar las demandas en pos del reconocimiento cultural -el cual va en aumento- y cómo los sistemas de comunicación globales han proporcionado los medios para movilizarse en torno a una causa.

Entre los principales problemas que afectan esa diversidad y las minorías étnicas están tanto las políticas públicas que van en detrimento de la multiculturalidad -o su ausencia-, así como el aumento de movimientos en pro de la dominación y la homogenización cultural que cercenan la libertad cultural.

Así mismo están los desequilibrios en el poder político y económico que originan la pérdida de culturas e identidades y que, en muchos casos, llevan a la limpieza étnica. Otros temas, extremadamente polémicos, son los impactos de las industrias extractivas, de los megaproyectos y el acceso al conocimiento tradicional, asuntos todos estratégicos para el desarrollo.

Para Colombia, el tema es de la mayor actualidad, no solo porque nuestro país es pionero internacional en el reconocimiento constitucional de los derechos indígenas y de sus territorios -28% del territorio nacional está amparado por la figura de resguardos indígenas-, sino también por las constantes amenazas que vienen sufriendo las más de 80 etnias y los afrocolombianos que ven con impotencia cómo el conflicto armado, el narcotráfico, los proyectos de desarrollo y hasta la política de seguridad democrática vienen afectando su territorio y su cultura.

Con motivo del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos expresó particular preocupación por la vulnerabilidad de los líderes indígenas, deploró el aumento de la violencia selectiva contra sus comunidades y condenó las reiteradas violaciones a sus derechos económicos, sociales y culturales por parte de los actores armados y en varios casos por agentes del Estado. Un ejemplo son los cerca de 100 miembros de la comunidad Kankuamo de la Sierra Nevada asesinados en los últimos tres años, fenómeno que ha empezado a afectar también a las comunidades Kogi, Arhuaca y Wiwa.

Las tendencias de la globalización empiezan a mostrar que aquellos países e inversores que ignoren los derechos de los pueblos indígenas inevitablemente estarán en la picota pública.

Esa es la tendencia mundial y sería paradójico que Colombia, que ha sido líder en temas indígenas, pasara a ser campeón en extinción de la diversidad cultural. Es urgente entonces que el énfasis social anunciado por el Presidente para lo que resta de su mandato, dé prioridad a los temas indígenas y revise el concepto de seguridad democrática basado en la recuperación territorial donde operan los grupos armados puesto que, en el caso de los territorios indígenas, en medio del fuego cruzado son ellos los que están poniendo los muertos.
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