Opinión

  • | 2006/09/29 00:00

    Diamantes entre el carbón

    Una inversión directa en el bienestar de futuras generaciones es evitar el consumo excesivo de energía. La economía energética marcará en gran medida nuestro devenir futuro.

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¿Es posible ganar dinero siguiendo la estela de los humos y gases contaminantes? Todos los marcos regulatorios generan oportunidades de negocio y el ambicioso Protocolo de Kyoto no ha podido ser menos.

Kyoto, con las contribuciones de instrumentación práctica de Bonn y Marrakech, asume que el problema del calentamiento es global, es decir, que los excesos de emisiones de un país pueden compensarse con inmisiones o decremento de emisiones en —virtualmente— las antípodas. Esta globalidad del problema es la que proporciona unas características y complejidad particulares al delicado problema de conseguir un desarrollo económico e industrial sostenible.

En efecto, la emisión de gases como el dióxido de carbono ha venido siendo consustancial a la producción industrial y energética. Estos gases contribuyen al efecto invernadero, acumulándose en la atmósfera y provocando un progresivo aumento de la temperatura media del planeta. La forma de reducir estas emisiones que la mayoría de las naciones ha consensuado es establecer un marco regulatorio de obligado cumplimiento, cuyas ideas básicas están recogidas en el Protocolo de Kyoto.

¿Cómo se consigue la reducción de emisiones? La idea es muy sencilla: los gobiernos han adquirido unos compromisos de reducción acorde con su nivel de desarrollo, que se traducen en unas asignaciones a las empresas productoras de unos niveles máximos de emisión de toneladas de gases de efecto invernadero. Para minimizar el impacto de estas limitaciones de emisión en su productividad, las empresas pueden:

• Mejorar su tecnología de control y filtrado de emisiones de dióxido de carbono.

• Comprar los derechos a emitir más toneladas de dióxido de carbono, las suficientes como para cumplir sus objetivos de producción.

Para favorecer la compraventa de los derechos de emisión, se articulan dos procedimientos: el mercado continuo de derechos de emisión y el desarrollo de proyectos de Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL).

Al mercado continuo (incipiente y volátil, pero del que se espera pase de los casi US$20.000 millones en transacciones a los US$200.000 millones en 2010) acuden, por un lado, empresas que han emitido más contaminación de la cuenta a comprar derechos; por otro, empresas que venden derechos de emisión sobrantes.

Alternativamente, la empresa necesitada de derechos de emisión puede adquirirlos a un proyecto MDL. Los proyectos MDL generan derechos de emisión, bien porque sean sumideros de dióxido de carbono (por ejemplo, reforestaciones), o bien porque supongan un ahorro claro de emisiones frente a otras alternativas de producción energética (parques eólicos, ciclos combinados). Los proyectos MDL son una excelente alternativa para regiones como Latinoamérica.

¿Cómo pueden hacer dinero los inversores? Aparecen varias oportunidades de negocio, que como veremos cubren un amplio espectro de perfiles de inversión:

En primer lugar, pueden crearse empresas de fabricación e instalación de aparatos de reducción de emisiones, como aspiradoras de humos, vahos y neblinas industriales. Puede invertirse en acciones de esas compañías, con un mercado en franca expansión.

Perfiles con vocación más especuladora pueden acceder al mercado continuo de derechos de emisión, con la esperanza de una revalorización del precio. Debemos señalar que el mercado, a estas alturas, es aún bastante imperfecto y la escasez relativa de volumen hace que el riesgo de movimientos bruscos sea alto: recordemos el desplome de precios a mediados de 2006.

Puede también entrarse en fondos de inversión colectiva. La inversión se realiza mediante un fondo que invierte en la bolsa de dióxido de carbono o en proyectos MDL. La ligera diversificación de inversiones que esto supone atempera el riesgo frente a la especulación directa en el mercado continuo.

La inversión en proyectos de MDL ofrece perspectivas interesantes: la promoción de un parque eólico, la inversión en ciclos combinados o centrales minihidráulicas llevarán asociada una rentabilidad adicional.

Entre los MDL, la inversión forestal destaca no solo por la generación de derechos y los beneficios de la propia explotación maderera, sino por la recuperación de un tesoro ambiental y estético. Las reforestaciones, el manejo sostenible de plantaciones o la creación de nueva cobertura vegetal deben cumplir el criterio de aditividad (aumento neto de los sumideros respecto de una línea base establecida con anterioridad al proyecto).

Por fin, no olvidemos que una inversión directa en el bienestar de futuras generaciones es evitar el consumo excesivo de energía. La economía energética marcará en gran medida nuestro devenir futuro: procuremos entre todos maximizar el beneficio global.

* Santiago Ulloa. CEO TBK Investments, Inc. sulloa@tbkinvestments.com
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