Opinión

  • | 1998/04/27 00:00

    Devaluación o privatización

    ¿Qué tan efectivas serán las medidas adoptadas para enfrentar la caída en los precios del petróleo? A mediano plazo parecen adecuadas.

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Una vez más la caída inesperada hasta en US$5 por barril en los precios del petróleo a partir del 6 de enero de este año ­con respecto a los US$15,5 estimados por el gobierno­, provocó revuelo en el manejo económico de Venezuela. La razón es clara. Esos US$5 menos por barril reducirían en US$2.500 millones el ingreso de divisas de los US$23.000 millones que se había proyectado recibir por exportaciones, 90% de las cuales son petroleras.



Las reacciones del Banco Central de Venezuela no se hicieron esperar pues de inmediato subió el punto medio de la banda cambiaria de Bs497,50 por dólar a Bs508,50 y aceleró la devaluación de 1,08 a 1,28% por mes.



Por el camino escogido, Venezuela empezará a moderar los vaivenes esquizofrénicos que ha sufrido durante los últimos 25 años.



Además, elevó en 10 puntos los intereses de los certificados de depósito en operaciones de mercado abierto. Así, para fines de marzo, los bancos comerciales ya habían elevado sus tasas activas unos 15 puntos y las pasivas en 10 puntos.



Las primeras reacciones de los mercados por las medidas del Banco Central inquietaron a los analistas pues, a pesar de la subida en intereses, se mantuvo una fuerte presión sobre las reservas internacionales. En efecto, éstas bajaron de US$17.770 millones a a US$15.500 millones hasta el pasado 31 de enero, pero a marzo se habían recuperado a US$16.300 millones.



Hubo días en que el Banco Central tuvo que ofrecer al mercado hasta US$200 millones para evitar peligrosas fluctuaciones en la tasa de cambio. Incluso se dejó de publicar el monto de divisas que el Banco Central había estado ofreciendo al mercado.



Otro efecto negativo que tendió a reforzar la salida de dólares fue la caída del índice bursátil de 8.656 a 7.119 a fines de enero.



Como medida adicional se redujo el gasto público del gobierno central en Bs700.000 millones, cifra que aunque significativa puede ser simbólica.



¿Medidas efectivas?



Mirando estas medidas en el corto plazo se pensaría que podrían resultar poco efectivas y se plantearían nuevas alternativas.



Por ejemplo, que sería mejor acentuar la devaluación y subir el punto medio de la banda a unos Bs570 por dólar, resolviendo así el problema fiscal pues todavía se estima un déficit del 3,3% del PIB. Para esto no habría necesidad de incrementar en un 40% las tasas pasivas de interés, medida que pretende evitar la fuga de divisas y capitales.



De estas alternativas también se hubiera esperado que las exportaciones no tradicionales venezolanas hubieran recibido un aliento frente a la sobrevaluación, todavía estimada en un 37%. Además, se interpreta que ­de haberse seguido este curso alternativo­ el índice bursátil no habría descendido tan significativamente. Sin embargo, la inflación esperada para el año se hubiera elevado de 30 a 40%.



Pero realmente fueron objetivos de mediano plazo los que condujeron al gobierno a privilegiar alternativas de mucho más peso, estructural o institucional, y sobre todo a mantener la presión sobre las privatizaciones: aluminio, electricidad e instalaciones turísticas.



Del mismo modo, fortalecer el Seniat (Servicio Nacional Integrado de Administración Tributaria) para reducir la evasión fiscal de 48 a 43% y limpiar a fondo las aduanas con todas las consecuencias fiscales, de mercado y morales que promete el ministro de Hacienda, Freddy Rojas Parra.



Teniendo en cuenta estos objetivos en el futuro se le tendría que dar la razón al gobierno pues las privatizaciones, incluida la del aluminio, están siendo aprobadas por el Congreso. Ya se privatizó el Hotel Humboldt y su teleférico, la salida de dólares se ha reducido a menos de US$40 millones diarios, los índices bursátiles se están recuperando y el acuerdo para bajar la producción de petróleo de la OPEP subió el precio del barril a US$13,7 con lo cual se recuperaron US$1.000 millones en divisas.



Por el enfoque de las medidas gubernamentales tendremos un 1998 menos bueno de lo que se esperaba, pero también un 1999 menos malo de lo planeado. Si la caída del ingreso fiscal se hubiera cubierto con una devaluación que desestimulara las privatizaciones que se están efectuando, en 1998 se hubiera presentado un shock económico.



Una interpretación optimista de las medidas es que con el camino escogido, Venezuela empezará a moderar los vaivenes esquizofrénicos que ha sufrido durante los últimos 25 años en sus políticas y resultados macroeconómicos.
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