Opinión

  • | 2007/11/23 00:00

    “Destrucción de Valor”

    Si bien la magnitud y solidez del sector financiero en Estados Unidos son muy altos, no deja de preocupar el tamaño de la caída de sus acciones.

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En la década de los noventa todos los directivos de empresas cotizadas en bolsa utilizaban continuamente el término de "creación de valor" para sus accionistas. Lo que estaban intentando mostrar no era tanto cómo crecían los beneficios de sus empresas, sino cómo se transformaba ese crecimiento en el incremento del valor de la empresa en sí, es decir de la subida del precio de sus acciones y su capitalización.
 
En función de ese incremento de valor de las compañías había unos paquetes remunerativos variables que crecían en el tiempo. Fue el momento en que se popularizó pagar a muchos de esos directivos con opciones sobre las acciones si se conseguían unos resultados determinados.

Hubo empresas que crecieron muchísimo con el mercado alcista de esa década y un gran número de profesionales pasaron a ser accionistas con paquetes millonarios.

Estamos en medio de la tormenta provocada por la crisis inmobiliaria en el mercado americano ligada a las hipotecas de alto riesgo. Si bien la Bolsa de Nueva York ha estado subiendo durante todo este año, han evolucionado inversamente empresas con alto apalancamiento y ligadas a los mercados financieros, de aquellas que tenían actividad comercial que no estuviesen necesitadas de préstamos al tener posiciones altas de liquidez en sus balances.

Dentro del primer grupo están las compañías de tecnología que después de varios ejercicios fuera de moda de los inversionistas (desde el estallido de la burbuja tecnológica en 2000), han pasado a crecer mucho y poder hacer adquisiciones importantes en tiempos de crisis. Ejemplos claros son Google, Microsoft e Intel.

Lo que realmente quiero desarrollar en mayor profundidad en este artículo es la gran destrucción de valor para los accionistas que se ha producido en los títulos de empresas financieras a nivel mundial, pero principalmente de los grupos norteamericanos. Posiblemente, el más destacado es el caso de Citibank que ha pasado de valer en bolsa US$273 billones (miles de millones) en diciembre de 2006 a poco más de US$170 billones a precios de hoy.
 
Es decir, se ha producido una pérdida de valor para sus accionistas de US$100 billones en tan solo diez meses. Para poder comparar la dimensión de la misma, ¡la destrucción de valor de Citibank, solamente, es del tamaño de toda la bolsa colombiana al día de hoy, o superior a la suma de todas las compañías cotizadas en el mercado venezolano!

Si a esto añadimos que el valor de Merrill Lynch ha bajado en el mismo periodo US$33 billones, el de Bank of América US$44 billones y el de Wachovia y JP Morgan Chase US$28 y US$21 billones respectivamente, vemos que en solo cinco entidades se han perdido más de US$250 billones. Todo ello sin considerar entidades más pequeñas y con mayor peso en el sector hipotecario como Washington Mutual, Countrywide y otras.

Si bien la magnitud y solidez del sector financiero en Estados Unidos son muy altos, no deja de preocupar el tamaño de la caída de sus acciones.

Los mercados financieros se mueven principalmente por expectativas de lo que se va a producir en el futuro. Esto, unido a una gran especulación y a la altísima volatilidad que hemos sufrido los últimos meses, puede estar llevando el valor de algunas de estas compañías a precios por debajo de su valor real.

Volviendo al ejemplo de Citibank, si consideramos que ganó en 2006 más de US$20 billones y que el estimado que han provisionado, como potencial pérdida en su cartera de valores ligados a la crisis inmobiliaria, es cercano a $15 billones, en el peor de los casos no les supone más que las ganancias de un ejercicio. Es claro que la solvencia de la entidad no está en entredicho y que, en principio, no justifica una pérdida del valor de sus acciones superior a los US$100 billones comentados previamente.
 
Es interesante tener en cuenta que, a estos precios, y considerando el último dividendo pagado, la rentabilidad por dividendos de la empresa es superior al 6% (bastante más de lo que paga un depósito hoy en día), aunque es muy probable que tengan que reducirlo en los próximos meses.

El mismo análisis se podría aplicar a otras de las compañías que hemos mencionado en este artículo. Las épocas de crisis crean oportunidades, y el saber aprovecharlas es lo que lleva a diferenciar a un buen asesor de quien no lo es. Eso no significa que los riesgos no existan y que deben ser tomados en su justa medida, diversificando adecuadamente y siempre invirtiendo en compañías con valor intrínseco real, no especulando por rumores o por chivas de amigos pensando que saben más que el resto.

*Santiago Ulloa, Presidente

GenSpring Family Offices,

Santiago.ulloa@genspring.com
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