Opinión

  • | 2003/11/14 00:00

    Después del Referendo

    Evidentemente algo se afectará la imagen de Uribe, pero vale la pena analizar los resultados un poco más allá del costo para el Presidente.

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Mucho se habla del costo político que para el Presidente pudo tener el Referendo. El pensamiento generalizado lo resume 'Julito' cuando dice que Uribe giró contra su capital político pero que tiene suficiente saldo para seguir adelante.

Llama la atención que la preocupación sea qué gana o qué pierde el Presidente y no qué le pasa al país.

Evidentemente algo se afectará la imagen de Uribe, pero vale la pena analizar los resultados un poco más allá del costo para el Presidente.

Es verdad que con el rechazo a lo allí propuesto se afectaron los presupuestos del gobierno y que los ahorros previstos desaparecen. Pero no será esto lo que con el Plan B se corrige, pues no es cierto que con ellos se solucionaban en forma importante los problemas económicos, simplemente porque las cifras presentadas en el plan de desarrollo y en el presupuesto de 2004 -es decir, las que dieron base a suponer que esa disminución del gasto ayudaba sustancialmente al famoso 'saneamiento fiscal'- eran a su turno manipuladas.

El análisis de la Contraloría -hecho antes del Referendo y sobre el supuesto de su aprobación- es ilustrativo. Como la presentación de cifras es sumamente árida, haremos tan solo transcripción de algunas citas y un resumen de sus consecuencias:

".finalmente, se reproduce el mismo esquema de la última década: más déficit fiscal, más deuda, más reformas tributarias y menos crecimiento económico".

".una estructura presupuestal que ahonda el sesgo a favor de un mayor endeudamiento como manifestación clara del crecimiento del déficit fiscal.".

"El gasto de inversión, por su parte, es cada vez menor. Además, en el presupuesto de inversión se apropian partidas que nada tienen qué ver con inversión propiamente dicha y sí con funcionamiento y deuda".

El déficit programado para 2003 "muy probablemente se incrementará al considerar dos circunstancias: La primera es la reciente propuesta de adición (.) financiada así: (.) y para los restantes $1,6 billones no hay claridad ni transparencia en las fuentes y los usos de estos recursos (.). Es decir, es alta la probabilidad de que esta adición implique mayor deuda de la que se hace explícita en la exposición de motivos." . "La segunda (.) está relacionada con la sobreestimación en $1,1 billones de los ingresos tributarios programados.".

".y como efecto de la adición presupuestal antes mencionada, el proyecto de presupuesto de 2004 perdió la coherencia que argumentaba el mensaje presidencial. En esas condiciones, no sería de extrañar que para el próximo año se requieran también cuantiosas adiciones.".

"Sorprende la forma como la contabilidad creativa aparece cada vez más acentuada en el presupuesto".

".el elevado déficit del Gobierno Nacional Central está condicionando el desempeño del sector privado y por ende el crecimiento y la generación de empleo".

"En otras palabras, mientras el gobierno abarque los recursos, la recuperación económica sigue en entredicho".

"De allí que además de requerir más recursos de los estimados por el gobierno, el proyecto de presupuesto, tal como está estructurado, afecta el desempeño económico del país".

Las correcciones, señaladas por quien no es un político en campaña sino quien tiene la función de ser el guardián de las finanzas públicas, daban un incremento del déficit previsto para 2003 de 0,8% y una estimación de un mínimo de adiciones para 2004 de $6 billones. A esto debemos agregar las partidas nuevas, la principal de ellas, el 'efecto referendo', que arranca por un desfase de $1,6 billones para 2003 y de $3,2 billones para 2004 al desaparecer el ahorro presupuestado. Debemos también adicionar al aumento del gasto el costo de su fracaso: el hoy Ministro Carrasquilla calculó en su momento que el intento fallido en el caso de Andrés Pastrana representó 0,6% del PIB; sería interesante que hiciera una evaluación similar ahora. Como sumas no previstas están también los $480.000 millones de la reinserción de los paramilitares, los $700.000 millones para alimentar el año entrante el pie de fuerza que con los bonos de guerra se creó, y los $400.000 millones en que se incrementó la adición presupuestal de este año.

Tanto en lo político como en lo económico, el debate girará alrededor de la reiterada inquietud del Contralor: ¿cómo se manejará esto en relación con la deuda pública?

Para quienes dan por descontado que alternativas a más guerra no se deben contemplar y centran su análisis y preocupación en la 'estabilidad macroeconómica', el déficit fiscal es el problema; pero la deuda -aunque es su componente mayor- es intocable como instrumento de ajuste porque afectaría la credibilidad ante los acreedores extranjeros: consecuencia lógica, el aumento de impuestos y la reducción de gastos son medidas inevitables.

Otros consideramos que como por fin lo dijo el Presidente: 'es tan grave que un Estado no pague las deudas como que sus ciudadanos aguanten hambre por pagar deudas'. Pero también creemos que la disminución de gastos e inversión y/o el aumento de impuestos mejoran las finanzas del Estado en la misma cuantía que reducen los recursos de la actividad propiamente productiva; que esta 'suma cero' causa la recesión, el desempleo y la crisis social, sin sanear el déficit fiscal; que por ser éste consecuencia de la deuda es ahí -en su origen- donde se debe atacar.

El tamaño de la deuda y el costo de su atención tienen diferentes mecanismos para ser reducidos: los excedentes de reservas (ya nadie discute que existen, aun cuando no hay consenso sobre su monto) permitirían comprar nuestros bonos (inclusive con descuento) reduciendo la obligación y los correspondientes intereses; estos también disminuirían al cambiar de acreedores sustituyendo esos bonos en manos de particulares por créditos institucionales (del FMI, Banco Mundial o de gobiernos amigos); en el mercado interno se podría decretar una baja en las tasas de interés de los TES, los cuales están en manos de los bancos, de los fondos de inversión, del Banco de la República y otras entidades del Estado (es decir, desviados del sector productivo y alimentando el círculo vicioso de financiar el pago de la deuda con más deuda).

Lo único que se necesita es que el Presidente sea consecuente con su afirmación. Los resultados de las elecciones no resuelven el debate de teoría económica pero sí fijan claramente el marco político dentro del cual se debe desarrollar. Los cambios planteados por el Presidente con las propuestas presentadas la semana pasada parecen mostrar que así lo entendió el doctor Uribe. ¡Ojalá así sea!
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