Opinión

  • | 1997/12/01 00:00

    Después de la apertura

COMPARTIR

La reacción del sector privado a la apertura y a la integración comercial con Venezuela y Ecuador ha sido generalmente favorable en el sector industrial, en la minería, en el transporte, en el comercio y en la banca. Para una muestra, valga lo dicho en la entrevista que aparece en el número pasado de Poder & Dinero por Jimmy Mayer, quien fuera en su momento un feroz opositor de las reformas.



La inversión privada aumentó significativamente después de la apertura, orientando los nuevos recursos a planta y equipo. Entre 1993 y 1995 se superó con creces el crecimiento de la inversión privada en el período comprendido entre 1986 y 1988 -época de oro de la década pasada- y el crecimiento de la inversión fue superior en 1993 al de los catorce años anteriores, e igual al de 1978, año en que fue también récord. Por otra parte, la industria aumentó su productividad, año tras año, entre 1991 y 1995, y ha modernizado considerablemente su administración, su estructura y sus procesos.



Las consecuencias de la apertura sobre la estructura de mercado de los sectores productivos no es clara todavía. Por una parte, todavía no ha tenido lugar un reacomodo radical de los mercados a la globalización, aunque ya se comienza a vislumbrar que la economía mundial está ingresando y que va a producir profundos cambios. Ejemplos de lo que puede pasar ya se observan en el sector bancario, en cementos, en bebidas y alimentos, en siderurgia, en el sector azucarero, en telecomunicaciones. Los grandes actores regionales e internacionales están apareciendo en Colombia como inversionistas o exportadores, con el interés de penetrar profundamente en los mercados, lo cual permite presagiar que las cosas van a cambiar muchísimo en un futuro muy cercano.



Es sorprendente que estos cambios hayan tardado tanto, pero la demora que ha tenido este reacomodo del mercado ha sido benéfica porque le ha dado tiempo al sector privado de fortalecerse y reestructurarse. Lamentablemente, la apertura causó quiebras en sectores industriales tradicionales, de pequeñas y medianas empresas, pero debe notarse que no ha habido una proliferación de quiebras ni se ha apreciado un cambio significativo en las tendencias de cierre de fábricas o de empresas. Sí han sido notorios los cambios efectuados en la administración de las empresas, en su logística, en la estructura de propiedad en varios sectores y en los procesos, buscando mayor competitividad y un aumento de la productividad de la mano de obra y del capital.



La apertura también ha sacudido a los grandes grupos económicos. El ingreso de competidores al mercado nacional en sectores tradicionalmente protegidos ha incitado un nuevo comportamiento empresarial, como lo ha hecho la presencia de poderosos competidores en las fronteras. Por otra parte, la mayor libertad económica ha permitido que los grandes grupos colombianos se expandan internacionalmente, buscando economías de escala y de alcance de su línea nuclear de productos. El modelo anterior había limitado severamente la posibilidad de ampliación internacional de las actividades de estos grupos y había forzado una diversificación interna en forma artificial. Ahora las condiciones son otras: hay que concentrarse en el negocio nuclear y expandirse a otros mercados. Esto puede señalar el comienzo de una era en la cual desaparecen los conglomerados y al mismo tiempo crecen vigorosamente sus empresas nucleares. Pero crecer implica nuevos retos.



En el pasado, el tamaño de las empresas estaba limitado por el mercado interno, lo que no permitía que adquirieran talla para competir internacionalmente. Y tanto su capacidad administrativa como su manejo financiero estaban referidos exclusivamente al mercado interno. Las empresas colombianas no tenían por qué ser de categoría internacional y podían darse el lujo de ser mediocres y autocomplacientes. Ahora que pueden y deben expandirse internacionalmente tienen que reestructurarse aceleradamente para poder crecer exitosamente. Si no adquieren características financieras y administrativas de categoría internacional, no van a sobrevivir.



Estas condiciones exigen un nuevo tipo de empresarios, mucho menos dependientes del Estado y un nuevo tipo de empresas, más grandes, internacionales y de muy alta productividad, capaces de generar valor y de seguir creciendo globalmente. Hasta la fecha, muy pocos empresarios colombianos lo han logrado. Ese es el reto que nos ha planteado la apertura y que estamos demorados en aceptar.



Las condiciones actuales del mercado colombiano son mucho más propicias que en el pasado a cambios en tecnología, a la introducción de innovaciones y a los aumentos de la productividad. El problema es que el mercado internacional no da tiempo para que esto se logre gradualmente. La supervivencia de nuestras principales empresas está dependiendo de la habilidad de sus propietarios para adaptarse rápidamente y para transformarlas. Lamentablemente, la pausa de Samper en el proceso de reformas ha creado una falsa sensación de que se puede esperar. Esto les puede costar a muchas empresas la propia vida. La incertidumbre política puede ser una buena razón para esperar, pero el riesgo de que se les venga el mundo encima es una razón mucho más poderosa para proceder con rapidez.



Otro obstáculo que hay que superar es el fenómeno del dueño empresario -el creador de la empresa que siempre la ha manejado con puño de hierro con un cerrado grupo de colaboradores que ejecutan sus órdenes, pero no discuten-. Si este señor es flexible, tiene capacidad de cambiar y transformar su empresa, de rodearse de gente buena que le ayude a pensar y pueda decir lo que piensa, es posible que la empresa salga exitosamente de la situación actual. Por el contrario, si el empresario autócrata es terco y persiste en mantener un equipo de trabajo poco profesional y nada independiente, es probable que la empresa no logre responder al reto.



Por último, el problema de la estructura familiar de la propiedad puede ser otro factor que impida la transformación exitosa: empresas en las cuales se llega a posiciones ejecutivas por razones de familia y de las cuales vive una colección de zánganos, no van a tener la capacidad financiera o administrativa para transformarse. A duras penas van a pelechar los dueños por algún tiempo, mientras los dividendos desangran a las empresas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?