Opinión

  • | 2003/10/17 00:00

    Desmonte de lo ambiental, rara coincidencia

    En medio del temor a opinar de forma diferente, muchos colombianos han pasado agachados frente al gran retroceso del tema ambiental en la agenda pública.

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A un poco más de un año de haberse iniciado el actual gobierno, está claro que lo ambiental no cabe en la política de seguridad democrática. Así se registran una serie de acciones para desmontar el sistema ambiental colombiano que, según el Banco Mundial, el BID, la CEPAL y la ONU, es uno de los más avanzados de América Latina.

Recordemos cómo a comienzos del gobierno el controvertido ministro del Interior soltó una de sus polémicas frases haciendo referencia a los ambientalistas como rojos comunistas disfrazados de verde. Sin lugar a dudas, su apreciación era una premonición de lo que sería la política ambiental de Uribe y su visión de las ONG.

En el revolcón institucional se fusionó el joven y dinámico Ministerio del Medio Ambiente con el de Desarrollo Económico, debilitando de esta manera una de las principales fortalezas de la autoridad ambiental: ser regulador de aquellas acciones con impacto ambiental. Al asumir actividades que requieren regulación ambiental -como el saneamiento básico, la vivienda y el ordenamiento territorial-, el nuevo ente terminó convertido en juez y parte.

Lo anterior vino acompañado de un recorte presupuestal cercano al 50% comparado con lo invertido en el sector ambiental en el cuatrienio anterior. Mientras el presupuesto de 2004 para vivienda y saneamiento básico alcanza el 83% del presupuesto, lo ambiental solo cuenta con 17%, lo cual genera un gran desequilibrio en las prioridades de esta cartera. Hoy para nadie es un secreto que el ambiente perdió su status político al quedar bajo un viceministerio, debilitado técnicamente, que no tiene acceso al Consejo de Ministros ni al Conpes para defender los temas ambientales.

Además, de llegar a aprobarse el punto 13 del Referendo, los recursos ambientales del Fondo Nacional de Regalías cercanos al billón de pesos para el cuatrienio serán transferidos a sectores de educación y saneamiento básico. No es que estos sectores no requieran mayor inversión o sean menos importantes pero ¡por favor! no a costa del medio ambiente.

Colombia, que era líder en las negociaciones ambientales multilaterales, ha dejado la silla vacía, perdiendo un espacio construido a lo largo de varios gobiernos y que favorecía la imagen nacional y la cooperación internacional.

Con el acto legislativo 03, que pretende reformar la Constitución Política, el gobierno busca facultades especiales para recortar la autonomía de que hoy gozan las CAR bajo el argumento de que son corruptas. Hoy es mundialmente reconocido que la gestión ambiental debe ser descentralizada y autónoma para lograr ser eficiente. El mal endémico de la corrupción no se acaba con el centralismo sino con la adecuada planeación, los indicadores de gestión, el monitoreo, la participación ciudadana y con unos entes de control eficientes y despolitizados.

No olvidemos que en la administración Bush la política ambiental ha sido objeto de un significativo retroceso, como se evidencia en el debilitamiento de las regulaciones ambientales y en la no ratificación del Protocolo de Kyoto y la Convención de Biodiversidad de la cual hace parte el Protocolo de Bioseguridad que regula los transgénicos. Colombia sí ha ratificado estos acuerdos. Pero, como es previsible en cualquier negociación para un acuerdo de libre comercio, eventualmente nos exigirían hacer caso omiso de los acuerdos multilaterales ambientales. ¿No es esto una rara coincidencia? Todo parece indicar que el ocaso de la política ambiental no es algo fortuito.
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