Opinión

  • | 2011/05/25 00:00

    ¿Desigualdad = polarización?

    La tolerancia de las sociedades latinoamericanas con la desigualdad es la manifestación de su cohesión social.

COMPARTIR

La competencia electoral entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori ha sido interpretada como un ejemplo más de cómo la desigualdad conduce irremediablemente a la polarización, creando riesgos de inestabilidad económica y social. "Me niego a creer que mis compatriotas van a ser tan insensatos de ponernos en la disyuntiva de elegir entre el sida y el cáncer terminal", ha dicho nadie menos que Mario Vargas Llosa.

Estos temores difícilmente se materializarán. No fueron muy distintas las reacciones cuando surgieron en las encuestas Alejandro Toledo o Alan García, antes de ser elegidos para presidentes del Perú en 2001 y 2006, respectivamente. Bajo ambos presidentes, ese país prosperó económicamente y avanzó en resolver, al menos parcialmente, sus acuciantes problemas sociales.

En Brasil, cuando Lula surgió en las encuestas previas a su primera elección en 2002, el pánico afectó los mercados financieros internacionales por el temor de que su orientación de izquierda hiciera explotar el caldero de la desigualdad. Ocho años más tarde, Brasil se había convertido en el destino favorito de los inversionistas y Lula en la adoración de los brasileños por la seriedad del manejo macroeconómico y la efectividad de las políticas sociales implementadas durante sus dos mandatos.

Si en Perú no hay un candidato de centro no es porque el electorado esté polarizado, como suele creerse, sino por errores tácticos de los candidatos del centro. De hecho, Humala y Fujimori han moderado sus posiciones y, quien triunfe de los dos, muy posiblemente tratará de evitar las posiciones extremas de izquierda y derecha, e intentará parecerse al exitoso Lula.

En América Latina el mejor antídoto contra las políticas extremas han sido las instituciones democráticas que garantizan la competencia electoral y los pesos y contrapesos entre los poderes de gobierno. La democracia permite romper la presunta identidad entre desigualdad y polarización. Si esa identidad fuera cierta, las sociedades latinoamericanas ya habrían estallado en pedazos, puesto que son más desiguales que cualquier otra sociedad del mundo, incluyendo los países árabes y otros países de África y Asia que han sido escenario reciente de revueltas y revoluciones.

Puesto que las sociedades latinoamericanas son extraordinariamente tolerantes de sus desigualdades, la pregunta que debe hacerse no es cuándo llegará la revolución, sino de dónde surge la cohesión social. El sociólogo chileno Eugenio Tironi tiene un buen listado de razones para explicar la sorprendente cohesión de las sociedades latinoamericanas (presentado en un reciente congreso sobre bienestar y progreso social, en México DF):

* En contra de lo que sugieren las cifras de desigualdad, las percepciones de discriminación y polarización entre los latinoamericanos son bastante moderadas.

* Hay fuertes vínculos familiares y de amistad que son fuente de apoyo económico y afectivo, y de los cuales se deriva un profundo sentido de satisfacción y pertenencia.

* La religiosidad es también fuente de cohesión, no de fragmentación o de conflicto, como sí ocurre en muchos países de Asia, África y crecientemente Europa.

* Hay intensos sentimientos de nacionalidad, mucho más fuertes que las identidades de raza, etnia o región que son motivo de fragmentación en muchas otras sociedades.

* Las expectativas de movilidad social son bastante positivas, y se han visto reforzadas recientemente en muchos países por la expansión de las clases medias.

Estos factores de cohesión han mostrado ser resistentes a las crisis económicas, al vaivén ideológico de los gobiernos y a las debilidades institucionales de los países. En vez de repetir hasta el cansancio que las sociedades latinoamericanas están muy polarizadas, los intelectuales y dirigentes de la región deberían preguntarse más bien qué debe hacerse para preservar y aumentar el capital y la cohesión sociales, y cómo deben fortalecerse las instituciones democráticas que en Brasil, Chile, Perú y otros países han logrado conciliar la estabilidad macroeconómica con la reducción de la pobreza y las desigualdades.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?