Opinión

  • | 1999/03/26 00:00

    Deshonestos sinceros

    Sólo el 30% de los colombianos se consideran a sí mismos honestos. Invito a imaginar todo lo que esto significa.

COMPARTIR

Cuánta culpa, cuánta depresión, cuánta energía gastada en malabarismos para justificarnos los unos ante los otros y cada cual ante su conciencia!



Definitivamente, vale la pena aprovechar la sinceridad colombiana. Una primera fase de la tarea educativa ya está muy adelantada. La conciencia de no cumplir suficientemente las reglas ya está sembrada.



Ahora se impone una pregunta obvia, ¿nos gustaría ser honestos? ¿Cómo imaginamos a la Colombia futura, en 20, 50, 100 años? ¿Siendo 30/70 como ahora, 70/30, acercándose al 10/90, o más bien al 5/95?



La deshonestidad podría ser vista como un sistema de vida, como un conjunto de hábitos acompañados de justificaciones. Para cambiar ese sistema, hay que transformar hábitos y justificaciones. Hay que debatir las justificaciones no tanto en contextos alejados de la corrupción, como la prensa o la universidad. Hay que llevar el debate al contexto mismo donde se dan la corrupción o la laxitud. Aunque nos dé mucho oso parecer ingenuos al proponer la concertación del desmonte de la deshonestidad, hacerlo. Hay que ayudarnos unos a otros en el cambio de hábitos. Por ejemplo, busco un combo de industriales nacionales y un combo de importadores ligados a los Sanandresitos con voluntad de adaptación y uno o dos técnicos en la materia para probar con ellos un taller conjunto.



Cuanto más cierto resulte que la única justificación, bien precaria por cierto, sea "soy deshonesto porque los demás lo son", más fácil será programar la concertación de un desmonte radical de nuestra deshonestidad. Por ejemplo, Poder Ciudadano, una organización argentina, ha impulsado con éxito pactos públicos entre gobierno y licitantes, que en un proceso licitatorio específico se comprometen a no recibir ni ofrecer. Transparencia Internacional en su capítulo colombiano ayudaría con gusto a impulsarlos en nuestro país.



¿La calidad de vida mejoraría si mejorara la honestidad? Claro que sí. Conciban no más cuánto aumentaría la confianza entre personas, cuánto cambiarían nuestras caras cuando vayamos por la calle. Lástima que casi todos estos cambios no los puedan reflejar los indicadores más usados para medir el desarrollo, el ingreso anual promedio y el índice de desarrollo humano. Aunque, ¿se imaginan ustedes una comparación internacional en la que se le pregunte al ciudadano qué porcentaje de sus ingresos está exento de mala conciencia?



Colombia arrancaría en las últimas posiciones, pero su sinceridad y creatividad le permitirían alcanzar, rápido si lo quisiera, las primeras. Habría una discusión bonita sobre cuál podría ser el mejor camino, si reforzar las historias con las que nos quitamos la culpa o si convertir la culpa y la conciencia tranquila en motor de cambio.



Cada colombiano ha hecho alguna vez en su vida una acción honesta. Vale la pena reconocerlo, celebrarlo y estudiarlo. Sí. Analizar por qué actuamos esa vez así, qué hábitos seguíamos al hacerlo, cuál fue la voz interna o externa que nos llevó a actuar honradamente, cuáles los argumentos. Comprender los mecanismos de la honestidad, como hemos comprendido ya en buena parte los de la corrupción y los de la violencia.



Seguramente descubriremos que la honestidad también cuenta con muchos hábitos a su favor. Y con buenas justificaciones. Y podremos buscar la vía para democratizar el mayor lujo que pueda alcanzarse en esta vida, el lujo de ser honesto.



Tanta sinceridad es un buen punto de partida.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?