Opinión

  • | 2007/03/30 00:00

    Desesperanzas de la integración

    Mientras la Unión Europea consolida éxitos, nuestra región se debate entre las políticas neoliberales y las reformas bolivarianas radicalmente opuestas. Falta una visión común y de largo plazo que nos permita trabajar de manera conjunta.

COMPARTIR

Siempre es bueno, de vez en cuando, tomar distancia de Colombia por unos pocos días para refrescar la mente y distraer la atención de las múltiples noticias sobre los casos de corrupción y parapolítica que no cesan, además de valorar las buenas noticias sobre las actuaciones de la justicia, el crecimiento económico y la reducción de la pobreza en el Distrito Capital a cifras no alcanzadas en ninguna parte, ejemplo este último que debería ser motivo de esperanza a nivel global.

Escribo esta columna desde Windsor, Inglaterra, en medio de una fascinante reunión de pensadores, académicos, filósofos y matemáticos invitados por Richard Branson, el empresario dueño de la aerolínea Virgin Atlantic, quien sorprendiera recientemente al mundo con el ofrecimiento de un premio de US$25 millones a quienes desarrollen mecanismos y tecnologías que conduzcan a la reducción de emisiones causantes del cambio climático global. Un tema que sin lugar a equivocaciones hace parte hoy de la agenda política global y que seguramente será factor determinante en las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Y es que no es para menos. Mientras escribo estas líneas se inicia una primavera anticipada por la temprana florescencia multicolor de los árboles, espectáculo magnífico de la naturaleza europea, que marca así el final del frío invierno. Sin embargo, para mi sorpresa y la de muchos otros, simultáneamente observo por la ventana de mi habitación que da al Támesis una fuerte nevada que comprueba lo que los científicos han venido demostrando y lo que aún muchos empresarios y el gobierno americano han tratado de desvirtuar: el clima está desfasado y la responsabilidad es atribuible a la actividad humana.

Paralelamente y en medio de esta situación, uno de los diarios ingleses resalta como noticia la celebración de los 50 años del Tratado de Roma que diera comienzo a la construcción de la hoy pujante Unión Europea una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. En estas cinco décadas la democracia ha florecido en 27 países, diez de los cuales hacían parte de los regímenes comunistas. Países pobres tales como Portugal, Grecia o Irlanda han logrado alcanzar la misma prosperidad de sus vecinos. Se ha establecido el principal bloque comercial sin fronteras a nivel mundial con más de 500 millones de consumidores que se han visto favorecidos por la reducción de costos en productos y servicios. Se ha implementado una política de inmigración que ha beneficiado igualmente a los ciudadanos europeos y su fuerza laboral, al combatir la inmigración ilegal. También se ha desarrollado una política anticriminal compartida por todos los países y se ha rechazado la pena de muerte. Otros avances como el reconocimiento a la diversidad lingüística y el establecimiento de un Comisario Europeo para el multilingüismo así como los aportes a la cooperación internacional para el desarrollo, que doblan aquellos que hace Norteamérica, son destacables.

Coherente con su preocupación por la calidad de vida de sus ciudadanos y como un gesto de responsabilidad con el resto de la humanidad, la Unión Europea cuenta con una política ambiental con una estricta regulación para evitar la contaminación y proteger las fuentes de agua. Igual de juicioso es su compromiso con el recorte de las emisiones de carbono a la atmósfera en una quinta parte con relación a las emisiones de 1990. Algo ejemplar que muestra, sin lugar a dudas, un gran liderazgo de la Unión Europea.

Y mientras todo esto sucede en Europa, nuestra región se debate entre las políticas neoliberales y las reformas bolivarianas radicalmente opuestas; un Mercosur aún sin acuerdos sustantivos y la región andina totalmente desintegrada, no solo por los tratados de libre comercio con los Estados Unidos, sino también por la falta de una visión común y de largo plazo que nos permita trabajar de manera conjunta. Es notoria la ausencia de liderazgos que conduzcan a nuestros pueblos al bienestar y la defensa de lo colectivo por encima de los intereses particulares.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?