Opinión

  • | 2000/05/12 00:00

    Desempleo: ¿vino para quedarse?

    Para bajar la tasa al 17% en 3 años se necesitan 650.000 puestos nuevos por año.

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El desempleo de marzo (20,2% en siete ciudades) no solo es más alto que el de hace un año (19,5%) sino que es el máximo de nuestra historia estadística. Esas urbes cuentan con 1'465.000 desocupados, pero en el ámbito nacional, la cifra debe bordear los 3'150.000. Paradójicamente, eso ocurre cuando la economía empieza a desarrugarse. Aunque en las siete ciudades se crearon, en el último año, 265.000 plazas adicionales, la fuerza de trabajo creció más (392.000 personas). Aparece un puesto nuevo y la pobreza obliga a las familias a sacar al mercado laboral a sus mujeres y a sus hijos jóvenes. A escala nacional, el simple crecimiento demográfico agrega cada año unas 372.000 personas a la población económicamente activa, PEA. El desempleo es un molesto visitante que vino para quedarse y resulta difícil sacarlo de casa. Para reducir, en tres años, la tasa nacional del actual 17% (esa debe ser hoy la cifra agregada) al 12% se necesitarían unos 650.000 empleos nuevos anuales.

En San Vicente del Caguán no faltaron las propuestas ingenuas del público (construir una ciudad en la selva, un ayudante adicional por bus, más cajeros por caja en los bancos, etc.) y la guerrilla no dijo nada, tal vez porque no tiene nada qué decir. Pero, a pesar de sus sesgos corporativistas, sindicatos y gremios se esforzaron por hacer propuestas razonables. Al respecto, el país debería tener en cuenta los siguientes hechos básicos:



* Primero, que si, para el 2002, no logramos situarnos en una senda de expansión sostenible del 5,0% anual, el desempleo no podrá reducirse a niveles aceptables. Para ello necesitamos una buena política macroeconómica que, además del ajuste cambiario ya hecho, promueva activamente las exportaciones, reactive la construcción (lo que depende más de la Corte) y corrija el desequilibrio fiscal (las reformas estructurales, tributaria y previsional, entre otras, deben hacerse hic et nunc).



* Segundo, que crecer no basta. Hay que elevar la oferta de personal calificado (estrategia educativa y de capacitación). Subir más, por decreto, el salario mínimo real perjudica el empleo y no sirve a los pobres. Según el DANE, en los dos últimos años los salarios reales de los empleados del gobierno crecieron 20,1%, los de los particulares 8,5% y, en cambio, los de los empleados por cuenta propia, los más desprotegidos, cayeron 23,6%. Se requiere también una mayor flexibilización laboral.



* Tercero, que los empleos que necesitamos no se crearán en la agricultura, cuya ocupación, hace años, está estancada, en alrededor de 3,5 millones. En cambio, hay que elevar su productividad para mejorar los ingresos y crear en los sectores terciarios rurales (el 43% del empleo rural), puestos alternativos para los jóvenes que, hoy, ya no quieren jornalear en el campo. Pero, para eso, se necesita paz.



* Cuarto, que en espera de que esas estrategias den sus frutos, se necesitan programas de emergencia, construcción y capacitación de jóvenes desempleados y pobres, que ya deberían estar en ejecución.



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