Opinión

  • | 2008/05/22 00:00

    Descentralización, vuelta a las raíces

    Ahora, como en la edad media, las tierras significan poder.

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En la historia moderna, principalmente desde la revolución industrial del siglo XIX, hubo un cambio de poder del sector primario, agrícola y ganadero al secundario, basado en el poder industrial. Posteriormente, fue ganando tamaño el sector servicios y hoy en día nos encontramos en el centro de la revolución tecnológica.

Sin embargo, los acontecimientos de los últimos años y, sobre todo, la gran escalada del precio de las materias primas, pueden estar inclinando la balanza hacia la dirección opuesta.

En esta década hemos vivido una gran expansión de todas las regiones del mundo, especialmente y de forma acelerada, de los países en desarrollo. Una gran parte de las materias primas están en zonas que habían estado anquilosadas en el tiempo, como Oriente Medio, África y varios de los países latinoamericanos. Al mismo tiempo, la creación de clases medias emergentes en China e India han disparado la demanda de todo tipo de productos, para los que se necesita materia prima para producir. En paralelo, han comenzado a consumir más, su dieta ha mejorado y ello ha creado tensión a la demanda de alimentos. Por último, la utilización de productos agrícolas para la producción de biocombustibles, unido a la subida del petróleo, ha sido el detonante final de la situación actual.

Estamos en un momento con precios máximos históricos del petróleo, tanto en términos relativos, como reales. Si se indexa a la inflación los máximos del petróleo de la crisis de los '70, estaría por debajo del precio actual. Lo mismo está ocurriendo con algunos minerales, así como con productos agrícolas.

La situación de escasez del agua, de la que hemos hablado en el pasado en estas mismas páginas, es un factor que ayuda a crear incertidumbre y subir los precios de los vegetales.

Todo lo anterior ha llevado a una situación de fortaleza para productores de bienes primarios que no se había visto en muchas décadas. Puede ser que sea el comienzo de una recuperación clara de los precios de los terrenos rústicos, zonas de cultivo y de explotaciones mineras que se consideraban sin valor. Ahora, como en la Edad Media, las tierras significan poder. Es posible que pueda ser un factor de movilizaciones de poblaciones que se mudaron a los centros urbanos en los últimos cuarenta años y que encuentren una oportunidad para volver a sus orígenes dentro de una situación mucho mejor, con trabajo, medios y dinero para establecerse.

¿Qué es necesario para que todo eso ocurra en América Latina? Lo primero, es crear la infraestructura necesaria para poder movilizar los productos desde los sitios más apartados a los puntos de salida de las mercancías, a nivel doméstico e internacional, incluyendo una buena cadena de frío que asegure la calidad de los alimentos en el tiempo. Adicionalmente, ayudar desde los gobiernos a fortalecer las ciudades del interior, descongestionando las capitales, con buenos centros de educación y de sanidad que permitan mejorar el nivel de vida de sus habitantes. Habría que conseguir apoyos internacionales para crear centros de investigación y desarrollo que aumenten la productividad de las cosechas y que haga más competitivos los productos.

Por último, sería necesario lograr seguridad en el interior, ya que en varios de los países de la región aún es complicado moverse por las ciudades más apartadas.

Todo ello tendrá consecuencias claramente positivas a mediano plazo, por distintos factores, entre ellos: las descentralizaciones de los países, permitiendo a sus habitantes mudarse a otras ciudades con menores costos, mejor calidad de vida por pureza del aire, agua, menor tráfico, etc. Así mismo, aprovechar mucho más los recursos internos y los menores costos de la tierra.

Parece que la oportunidad está ahí, y hay que saber aprovecharla, pidamos a nuestros gobiernos que pongan las bases para que así sea, mediante inversión directa e indirecta, como incentivos y/o exenciones fiscales para este tipo de proyectos, y otras fórmulas creativas que ayuden a diversificar y fortalecer las economías de la región.
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