Opinión

  • | 1994/10/01 00:00

    Desastre petrolero

    Colombia se dirige hacia un desastre petrolero. ¿Sorpresa?

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Pues sí. Algunos dirán: ¡no puede ser! Al fin y al cabo las mejores mentes económicas del país, y no pocas del exterior, se vienen ocupando desde hace meses en planear un buen manejo para la bonanza petrolera que se acerca con el desarrollo de los descubrimientos de Cusiana y Cupiagua. Y, además, la más reciente provincia petrolera colombiana, el piedemonte llanero, confirma sus bondades con descubrimientos de gas y condensado (petróleo que es casi gasolina) en Volcanera.

Todas estas buenas noticias, a las que se añade el descubrimiento de un yacimiento (gas) comercial en el Opón -por fin- no deben hacer perder de vista que, como lo han recogido los medios de comunicación, se trata de bonanzas, o sea, eventos de limitada duración. Encontrar petróleo requiere, en cambio, tiempo, paciencia y muchos recursos. Con frecuencia, los esfuerzos de hoy tardan años en fructificar. Y como se sabe, el petróleo es asunto de probabilidades: mientras más se busque, mejores posibilidades hay de éxito. Cada hallazgo es altamente aleatorio y va precedido de múltiples actividades químicas, geológicas, geofísicas y mecánicas. Las dos más importantes son la sísmica y la perforación de pozos exploratorios. Estos últimos son el final de la cadena y también el capítulo más costoso.

En Colombia, los contratos de, asociación (vinculación de capital de riesgo generalmente extranjero) y la actividad directa de Ecopetrol generan sísmica y perforación. Las cifras escuetas sobre lo que está sucediendo en estos dos frentes vitales permiten predecir, casi con certeza, que, de continuar las cosas como van, antes del año 2005 Colombia será nuevamente importador de petróleo.

La evolución estadística de pozos exploratorios es similar a la de los años sesenta cuando, en medio de la mejor época de la producción petrolera colombiana hasta ese momento, era previsible que el país se quedara sin petróleo por falta de exploración, como efectivamente sucedió hacia 1975.

¿Qué está pasando? Es muy sencillo: el país se quedó atrás. El contrato de asociación colombiano ha servido de modelo para que muchísimos países hayan adoptado una metodología de contratación que en su momento fue innovadora. Colombia en cambio prácticamente no ha evolucionado. La está dejando el tren. La alta participación del Estado en las utilidades de los contratos, la inseguridad en las zonas de exploración y explotación, la incertidumbre fiscal y la lentitud e incompetencia del Inderena ahuyentaron la inversión petrolera.

Con la disminución relativa de los precios del crudo, los presupuestos para exploración han mermado y las compañías petroleras sopesan muy cuidadosamente la distribución de recursos frente a probables retornos para su inversión. Al mismo tiempo, se han abierto nuevas fronteras, en particular en los países del ex bloque comunista, que ahora ofrecen términos mucho mejores que los colombianos. Aun países desarrollados como el Reino Unido, Noruega u Holanda han flexibilizado su legislación para atraer capital de riesgo a sus áreas costa afuera.

Internamente, Colombia se inventó uno de los impuestos más regresivos posibles: el llamado impuesto de guerra por barril de crudo producido. Se trata de una suma fija que golpea de igual manera a los campos con altos costos de producción y a los campos de grandes volúmenes y bajos costos. Además, rompió un principio de equidad largamente respetado en Colombia: ¿por qué impuestos especiales para la industria petrolera?, ¿y por qué no para los jaboneros o los gemólogos? Se abrió una brecha de desconfianza y se debilitó el margen de credibilidad de que gozaba el país por la tradicional imparcialidad de sus altos tribunales frente a la arbitrariedad. De paso, la Constitución del 91, con su generosidad con las comunidades indígenas, introdujo un nuevo elemento de complejidad exploratoria: todo hay que concertarlo, con las consecuentes demoras como si fueran colombianos de otro planeta.

A la inseguridad no se le ve solución inmediata -somos campeones-, pero el Inderena, que hasta hace poco era por su morosidad e ineptitud una barrera peor que la guerrilla, afortunadamente desaparece y el nuevo Ministerio del Medio Ambiente comienza a actuar -aunque todavía lentamente- sobre bases científicas serias. No se puede decir todavía lo mismo de los términos económicos del contrato de asociación y de la política de áreas reservadas exclusivamente para ser exploradas por Ecopetrol, a la que de todas maneras se la han venido negando sistemáticamente los medios de intensificar su actividad exploratoria (con el argumento de que los fondos se necesitan para otras cosas y que, además, Ecopetrol es mediocre para encontrar petróleo).

Recientemente, se hizo un primer esfuerzo por poner el país al día y devolverle su competitividad. Después de pensarlo largamente, Ecopetrol y el Ministerio de Minas le introdujeron al contrato de asociación cláusulas que buscan acelerar la rapidez en el recobro de las inversiones, en caso de tener éxito en la exploración. El método, conocido como el factor "R", se emplea en muchos países del mundo. También descongeló tres millones de hectáreas de la reserva de Ecopetrol y las puso a disposición de oferentes. Los resultados de esta especie de licitación internacional defraudaron. Apenas tres compañías (Exxon, Kelt y Total) presentaron propuestas y con excepción de Exxon- no ofrecieron nada novedoso.

La realidad es que se ha sido demasiado tímido frente a la competencia universal. Por otra parte, no es mucho lo que se va a lograr mientras el gobierno no lleve al Congreso legislación que modifique esperpentos tributarios, y dados los antecedentes, se comprometa a darle estabilidad fiscal a contratos que duran treinta años.

Las bonanzas vuelan. Hay que actuar y actuar con celeridad. Colombia es un país de geología mediocre. El petróleo no mana a pocos metros de la superficie como en el Golfo Pérsico o en el de Maracaibo. Hay que buscarlo con gran riesgo a enormes profundidades (seis kilómetros) como en Cusiana. Sin seguridad e incentivos se nos irán acabando los socios.
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