Juan Mayr Maldonado

| 4/4/2003 12:00:00 AM

Desarrollo sostenible y crecimiento económico

El deterioro del planeta continúa a ritmo acelerado acompañado por el incremento de la inequidad, la pobreza y el conflicto.

por Juan Mayr Maldonado

Escribo estas líneas desde París, donde he sido invitado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo -OECD- con el fin de analizar el futuro del desarrollo sostenible -integración de lo económico, social y ambiental- y los mecanismos para poner en marcha los acuerdos alcanzados sobre la materia en la pasada Cumbre Mundial en Johannesburgo. A la reunión asisten 14 ministros de la Unión Europea y varios ex presidentes de la Comisión de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

La importancia del tema puede parecer relativa en estos momentos cuando estamos en el quinto día de la guerra contra Iraq y toda la atención está centrada en el 'reality TV' y en las primeras planas de los periódicos que informan sobre las atrocidades de una guerra declarada ilegal por la comunidad internacional y que ha generado multitudinarias protestas antiguerra, así como una polarización política en la Unión Europea y en el globo. No faltan las especulaciones sobre los caminos que puedan tomar los hechos y sus impactos políticos y económicos.

Paradójicamente, esta situación trae a la memoria el final de la guerra fría, momento en el cual se estableció un nuevo orden mundial y con él nuevas oportunidades. Ya no era necesario dedicar enormes presupuestos a la defensa y seguridad nacionales y estos recursos podían ser transferidos a la construcción de una sociedad más justa y equitativa y a la protección del ambiente que para ese momento ya presentaba altos índices de deterioro, amenazando la estabilidad del planeta.

En ese contexto, nació el concepto de desarrollo sostenible para garantizar a las generaciones futuras, como mínimo, la misma cantidad y calidad de los recursos naturales con que ha contado nuestra generación, para lo cual era necesario establecer formas de desarrollo económico y comportamiento social que tomaran en cuenta su impacto sobre el ambiente.

Ha pasado un poco más de una década desde que fue adoptado este concepto de desarrollo y la evaluación sobre sus logros no es la mejor. El deterioro del planeta, de acuerdo con las evidencias científicas, continúa a ritmo acelerado acompañado por el incremento de la inequidad, la pobreza y el conflicto. Por esta razón, la Conferencia de Johannesburgo se centró en temas para la acción, solo que en esta oportunidad estamos ad portas de otro nuevo orden mundial con el cual se cambian las reglas del juego y, por tanto, el contexto político y sus prioridades.

En este nuevo panorama no deja de preocupar la reacción, casi de euforia, que han tenido los mercados financieros en los primeros días de guerra. Tal como lo destaca The Financial Times, el Dow Jones ha tenido su mejor semana en los últimos 20 años. Y es que así como toda guerra trae destrucción y empobrecimiento -particularmente en donde se realiza como los casos de Iraq y Colombia con su conflicto interno donde, según el profesor Paul Collier, en un escenario de paz tendríamos una bonanza del 2% del PIB anualmente-, también trae prosperidad y buenos negocios para otros, según se desprende del comportamiento de los mercados financieros internacionales.

Pero lo que definitivamente no es un secreto para nadie es que la guerra y el ambiente -como componente central del desarrollo sostenible- son antagónicos y por esto en tiempos de conflicto armado, los temas ambientales pasan a ser de tercer orden en las agendas políticas.

Así está sucediendo tanto en el plano internacional como en el nacional.
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