Opinión

  • | 2010/07/09 00:00

    Desaceleración vs. Recesión

    Desaceleración no es contracción. El inversionista asimila las fluctuaciones del mercado de valores de manera coincidente con lo que sucede en el día a día. Si nos basamos en la teoría fundamental, hoy estamos mucho mejor que hace doce meses.

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Los más recientes datos económicos recibidos de China, motor del crecimiento mundial en los últimos años, indican que empieza a desacelerar su marcha. Después de casi 25 años creciendo a una media del 10%, se piensa que para tener un crecimiento sostenible, tendría que hacer profundas reformas de sus mercados financieros y flexibilizar su política monetaria. Adicionalmente, deberían enfriar su consumo interno y cortar de raíz la especulación inmobiliaria que ha creado una gran burbuja con altas posibilidades de reventar. Si no se hace de manera controlada, existe el riesgo de que pueda arrastrar al resto del mundo a una nueva recesión.

El segundo de los riesgos que estamos sufriendo es la inestabilidad de la Unión Europea, con la posibilidad real de reestructuración de deuda en Grecia y que afecte a otros países de la región. A pesar de las decisiones drásticas que se están tomando en la mayor parte de los países europeos de reducir sus déficits, aún estamos muy lejos de ver resultados reales, y la incertidumbre va a seguir durante unos cuantos meses más. ¿Cómo afectará esto al euro? El papel de moneda solvente y de reserva se ha deteriorado claramente y va a costar mucho tiempo que recupere la confianza de los inversionistas.

Lo que realmente mucha gente se pregunta es el por qué tan pronto, si apenas acabamos de digerir lo sucedido hace un par de meses atrás. La verdad a medias es que nunca estuvimos del otro lado, nunca solidificamos una recuperación plena. La mayoría de las economías desarrolladas jamás llegaron a estabilizar, por ejemplo, sus mercados laborales. Adicionalmente, los Estados que no escatimaron esfuerzos por mantener la estabilidad económica de sus países, hoy en día están pagando las consecuencias de tan magno esfuerzo.

Este mundo comienza a enterarse de lo que en el argot económico se conoce como the new normal; traducido al castellano significa que el mundo cambió y ahora tendremos que ajustarnos a nuestra nueva realidad. El mundo entero evidenció los excesos cometidos por los sistemas financieros que a diestra y siniestra repartieron cantidades exageradas de liquidez al consumidor. Hoy en día lo que se consumía al "debe" tiende a desaparecer. 

Sin embargo, no todo son noticias negativas. Los índices manufactureros empiezan a dar señales optimistas. En los Estados Unidos se completan ya casi 12 meses de mejoría, con índices de crecimiento moderados, pero con algo de sostenibilidad. ¿La razón? El sistema es flexible, se acomoda, si teníamos tres turnos de producción a full en 2007, hoy tenemos 1,5 turnos, aún ni siquiera dos. Industrias de alimentos, bebidas y tabaco recuperan terreno agresivamente. Por otro lado, los almacenes de ropa, ventas de cuero y maquinaria, entre otros, ven sus ventas muy alicaídas aún. El mensaje es claro y contundente; la gente compra lo que necesita, lo básico y no lo que le gustaría tener. Es una conclusión simple pero ajustada a esta nueva realidad. Los negocios que no entienden esa nueva cara de este mundo de consumidores, van a seguir sufriendo, por ahora, las consecuencias.

Por eso, cae como un baldado de agua fría que China, esa geografía mágica en donde todo se puede, que exportaba deflación a dos manos, empieza a retirar el pie del acelerador. Los índices de compras industriales han disminuido en junio por segundo mes consecutivo; inclusive algunos índices que miden el crecimiento del mercado de inmuebles allí, como el de Sheznen-Hong Kong, también empiezan a desacelerar.

¿Pero esto significa que vamos nuevamente a caer en una etapa de contracción económica a nivel mundial? La respuesta desde nuestra óptica es no: desaceleración no es contracción. El inversionista asimila las fluctuaciones del mercado de valores de manera coincidente con lo que sucede en el día a día, se convierte en el opio que alimenta su estímulo y confianza, para bien o para mal. Si nos basamos en la teoría fundamental, hoy estamos mucho mejor que hace doce meses. Hoy el mercado tiene más sentido, está mucho más ajustado a la nueva realidad. Después de haber sido, durante los últimos meses, muy negativos con los mercados financieros, y prácticamente haber estado fuera de las bolsas desde finales de 2009, ahora vemos una oportunidad para empezar a tomar posiciones poco a poco. Es posible que nos estemos adelantando en algunos casos, pero pensamos que el recorte de más del 15% que hemos visto en los índices bursátiles en el último trimestre, están dando una señal de compra para ir invirtiendo poco a poco. La volatilidad va a seguir ahí, junto a la incertidumbre y a posibles nuevos sustos, pero si se aprovechan las oportunidades, hay compañías y mercados muy sólidos que seguirán creciendo y que se están adaptando muy bien a la nueva norma.

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