Opinión

  • | 1995/07/01 00:00

    Demasiada bonanza

    La excesiva expansión de la construcción en los últimos dos años hará más lenta y difícil la posterior recuperación de la economía.

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La estabilización del nivel general de precios y del ritmo de crecimiento del Producto Interno Bruto es quizás el objetivo fundamental de las políticas macroeconómicas de corto plazo. Los precios estables brindan una señal importante para el desarrollo de los mercados, al elevar la certidumbre sobre el valor real de los precios convenidos en los contratos. La estabilización del crecimiento disminuye la incidencia de fases de desocupación y exceso de capacidad instalada acentuadas, las cuales representan costos económicos y fuentes de malestar social.

Al ejecutar políticas de estabilización, la pregunta fundamental es el grado de relajamiento o control de la demanda total que ameritan las presiones existentes sobre los precios. Actualmente en Estados Unidos, por ejemplo, las señales indicativas de sobrecalentamiento en la actividad económica o de aceleración en los precios conducen a la Reserva Federal a modificar rápidamente las tasas de interés, para desalentar ritmos de crecimiento que superen la capacidad del aparato productivo para responder.

Típicamente, los diagnósticos sobre nivel general de precios consultan índices de precios al consumidor o índices de precios al por mayor. Estos índices, sin embargo, no capturan bien los cambios en los precios de activos, en particular aquellos de la propiedad raíz, que pueden comportarse en forma muy diferente a los índices citados o, inclusive, a los componentes de precios de arrendamientos y de costos de materiales de construcción que aparecen en dichos índices. Esta omisión hace difícil contemplar la inflación de precios de activos en los análisis sobre los resultados de las políticas de estabilización.

Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional, que analiza la experiencia de ciclos económicos recientes en países desarrollados, destaca el papel de las presiones sobre los precios de activos. Según el citado estudio, los incentivos a la demanda por propiedad raíz, incluyendo una mayor disponibilidad de crédito, condujeron a fuertes aumentos en los precios de propiedad raíz en estos países. Estos aumentos fueron superiores a los de los índices convencionales

de precios al consumidor y precios al por mayor. Los bancos centrales descontaron estos aumentos como ajustes necesarios en los precios relativos de activos que habrían resultado de cambios estructurales, sin atribuir el papel que también merecían los aumentos de liquidez en explicar los aumentos de precios de los activos. También señala el estudio que las vigorosas innovaciones financieras de la época confundieron el efecto de la política monetaria.

A la postre, el haber desconocido las presiones macroeconómicas sobre los precios de activos durante la expansión económica de la segunda mitad de la década de los años ochenta, condujo a ajustes más severos de política macroeconómica y a una recuperación más lenta durante comienzos de los noventa. Los ajustes tuvieron un efecto especialmente fuerte, al "reventar la burbuja" ascendente en los mercados de propiedad raíz. Los fuertes descensos de precios, junto con los altos niveles de endeudamiento, desestimularon la recuperación de la demanda agregada. En Estados Unidos, por ejemplo, la recuperación a partir de 1991 fue mucho más lenta que las recuperaciones durante ciclos anteriores.

El estudio citado concluye que los bancos centrales deben prestar más atención a los precios de activos cuando analizan la disponibilidad de liquidez. En particular, resultaría indispensable construir índices de precios que capturen una gama más amplia de transacciones. Con estos índices, propuestos de tiempo atrás en la literatura académica, los bancos centrales podrían diagnosticar más acertadamente la dinámica de las variables durante las fases ascendentes y

descendentes de los ciclos económicos.

La experiencia de los países desarrollados resumida anteriormente tiene alguna similitud con lo que está ocurriendo en Colombia. También en Colombia, la demanda por vivienda presentó un auge vigoroso, acompañado de alto endeudamiento. Los precios de la propiedad raíz mostraron aumentos inusitados, superiores al crecimiento del índice de precios al consumidor o de los índices de precios de materiales de construcción. Tasas de crecimiento de precios de vivienda superiores al 40% anual en 1993 pueden haber capturado parte del efecto del crecimiento de la liquidez que no se trasladó a los índices de precios convencionales. Las altas tasas de crecimiento de los medios de pago en 1992-1993 (41.3% y 32.6%) son consistentes con tasas de inflación real más elevadas que las reveladas por los índices convencionales. De ser cierto este diagnóstico, se habría merecido un esfuerzo más temprano de estabilización para moderar la expansión tan vigorosa de la demanda.

Como van las cosas, el pesado aterrizaje de las ventas y precios de vivienda parece confirmar el sobrecalentamiento anterior. Ahora, con las restricciones monetarias y altas tasas de interés reales, la construcción está especialmente posicionada para sufrir la contracción que comienza a advertirse. Y ciertamente no ayudará a la construcción que el esfuerzo de estabilización monetaria deba ser mayor para acomodar la expansión prevista del gasto público, a menos que éste contemple inversiones en dicho sector que compensen la caída de la edificación de vivienda. Si se replica la experiencia reciente de los países desarrollados, la caída de las ventas tendrá que traducirse en un deterioro de los indicadores reales de construcción y luego en un mayor deterioro y/o más lenta recuperación del crecimiento económico.
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