Juan Manuel López Caballero

| 7/25/2003 12:00:00 AM

Del 'hueco fiscal' y otros temas

La pregunta hoy es si el gobierno tenía conocimiento del problema y decidió engañar a la ciudadanía haciendo presentable la primera reforma tributaria y el Plan de Desarrollo.

por Juan Manuel López Caballero

Supongamos cualquier familia que decide reconstruir su hogar refaccionando la casa y reorganizando la distribución de los espacios y de las funciones de quienes viven en ella. Entre las diferentes cotizaciones, acepta la de un contratista que propone un sobrecosto por encima del presupuesto normal, porque incluye remodelación y asignación de habitaciones a nuevos propósitos, y que notifica que para ello algunos de los familiares tendrán que salir de la casa. El argumento justificante es que reparaciones de fachada no sirven y que se requiere una renovación de fondo: el resultado prometido es que los defectos existentes se corregirán y que el funcionamiento futuro será sensiblemente superior; por ello, se toma esta opción.

Pero resulta que apenas comienza el trabajo, el contratista informa que se equivocó: que el altísimo extracosto que presupuestó va a ser mucho más del doble; que las personas que tendrán que salir serán más de las previstas; que lo que sí consiguió, en forma inesperada, fue materiales más baratos aunque no se sabe por qué (se rumora que se debe a que son defectuosos); que algunos miembros de la familia no podrán seguir viviendo en casa; y que el residente de obra tuvo que renunciar sin dar explicaciones. En tal caso lo natural es que la familia se intranquilice y dude sobre si está siendo engañada o si quien asumió la responsabilidad del contrato no sabe lo que hace.

En Colombia resulta que la noticia de que el faltante presupuestal del año entrante supera los $3,5 billones (el impuesto de guerra excepcional se estimó en $2 billones y recaudó más de $2,4 billones) y que la congelación de salarios durante tres años se adicionan al informe del Director de Planeación según el cual el desempleo generado por la reestructuración y previsto en 40.000 para todo el período de gobierno (10.000 despedidos y 30.000 pensionados no remplazados) superará los 47.000 el primer año y se incrementará con los de las reformas por venir, estimados en por lo menos otro tanto; que 'apareció' un crecimiento inesperado del 3,8% del primer trimestre de este año -acompañado del mayor aumento de gasto registrado históricamente para cualquier trimestre y de síntomas de beneficiar a los ricos y agravar la situación de los pobres (según la más reciente encuesta de Gallup, la percepción de la clase alta es que para el 58% mejora el país y para el 24% empeora, mientras que en la clase baja sienten mejoría el 38% y deterioro el 41%)1-; que se esperan remesas de los colombianos en el exterior por US$3.000 millones, 25% más que el año pasado, lo que en cifras elementales significa que calculan 25% más de expatriados este año; y que el retiro del doctor Junguito o no tuvo motivo o no tuvo explicación. Ante esta situación, nada más natural que el país se intranquilice: se comprende la reacción y preocupación de los gremios empresariales y en algo de los medios, y la aparente decisión de romper el principio de 'apoyar al gobierno públicamente y cuestionarlo solo en privado'. Bienvenida sea tal decisión, y ojalá se aprenda la lección de que esa variante del unanimismo además de ser contraria a la esencia de la democracia es contraria a los intereses de los ciudadanos. Por cuenta de ese manejo, la pregunta hoy es si el gobierno tenía conocimiento del problema y decidió engañar a la ciudadanía haciendo presentable la primera reforma tributaria y el Plan de Desarrollo para después completar el golpe en una segunda etapa; si en realidad no había tal desfase y se creó después pero no nos dicen por qué (por ejemplo, se habla de asumir la Nación la deuda del Metro de Medellín); si es solo una amenaza para inducir una alta votación por el referendo; o si simplemente los funcionarios no estaban preparados para la responsabilidad que les cayó.

Infortunadamente, igual que el contratista no llega con cara compungida a hacer la nueva presentación sino se pone su mejor vestido, lleva caramelos para los pequeños y organiza algún coctel o gran espectáculo para distraer y descrestar a los preocupados por el tema, las declaraciones internacionales, los 'consejos comunitarios' y los traslados del Despacho Presidencial a las 'zonas de candela' distraen la atención de la angustiosa incertidumbre que representa la improvisación en el manejo económico.

En relación con esto, el respaldo extranjero a la autoridad legítima (como en su momento el apoyo a las políticas de Paz de Pastrana) son saludos a la bandera puesto que nadie va a oponerse a ello; los consejos comunitarios tienen un alto sabor populista pero no hay razón para que resuelvan mejor las inquietudes de la gente que el trámite regular en los respectivos despachos, en cambio sí desvertebran la organización de todos ellos; y la presencia de Uribe en Arauca, como todos los gestos simbólicos, demuestra más lo que sucede que lo que se quisiera transmitir, es decir, en este caso, que para que el Presidente pueda pernoctar allí es necesario movilizar 2.000 efectivos, varios aviones K-Fir y helicópteros Blackhawk y Arpías, hacer requisas durante días en la ciudad y aislar las carreteras, y todo esto a pesar de ser la sede de una Brigada y del refuerzo enviado por Estados Unidos (¿tendrá sentido hacer tal gasto?).

Infortunadamente, también, lo mismo que las familias tienen problemas diarios más presentes que el arreglo de la casa, los temas del terrorismo, del Referendo, de las devoluciones de cargamentos de cocaína, de escándalos y despidos en la Policía, de los negocios del Ministro del Interior, en fin, lo que podríamos llamar la presencia de tantos árboles (algunos nacidos como maleza y otros sembrados por el gobierno) no nos permiten ver el bosque.



1. Ver 'Todo depende del cristal con que se mire'; Dinero, 27 de junio 27 de 2003.
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