Luis Fernando Andrade

| 4/4/2003 12:00:00 AM

De bonanza a escasez petrolera

Si no comenzamos pronto a implantar un programa para enfrentar la escasez petrolera, una gran crisis podría sorprendernos.

por Luis Fernando Andrade

El país se volvió dependiente del petróleo en términos fiscales y de su balanza de pagos, a raíz de las bonanzas de Caño Limón y Cusiana. Infortunadamente, la producción de estos pozos está decreciendo, lo cual nos llevará a ser importadores netos de petróleo y sus derivados en pocos años, si no se encuentran grandes yacimientos pronto.

Ojalá estos descubrimientos se materializaran. Así, una nueva bonanza nos rescataría de la crisis. Sin embargo, las probabilidades de que esto ocurra disminuyen por la inseguridad en nuestro territorio, la falta de incentivos a la exploración petrolera, la resultante baja inversión del sector privado y las escasas habilidades de Ecopetrol en exploración. Por tanto, es necesario ser prudente y considerar la posibilidad de un escenario adverso. Todavía hay tiempo para actuar, pero se está agotando rápidamente.

¿Qué podría pasar ante la escasez petrolera? La reducción en la producción petrolera podría tener muy graves efectos fiscales y de balanza de pagos, lo cual podría llevar al incumplimiento de las obligaciones financieras del país y a fuertes devaluaciones. En términos fiscales, podríamos tener un grave escalamiento del déficit y la deuda pública. A manera de ilustración, supongamos que la producción petrolera cae en 300.000 barriles diarios al cabo de algunos años. Supongamos también que el Estado colombiano, en sus diferentes niveles, se queda con 80% del valor de la producción y que el precio del petróleo se estabiliza alrededor de US$18 por barril. Estos supuestos, conservadores por cierto, nos llevarían a una reducción en los ingresos del Estado, en todos sus niveles, de alrededor de US$1.600 millones (2% del PIB). El efecto en la balanza de pagos sería mayor: de US$2.000 millones al año.

Ante la ausencia de nuevas fuentes de ingresos para la Nación y los cambios en la estructura de nuestras exportaciones e importaciones, esta situación se haría insostenible. El gobierno perdería su capacidad de endeudamiento adicional y nos veríamos obligados a llevar a cabo una megadevaluación.

¿Qué se puede hacer para evitar la crisis? El problema es de tal magnitud, que sería necesario montar un programa con políticas muy agresivas en varios frentes.

1. Precios de combustibles. El aumento en los precios de los combustibles podría reducir el déficit a la mitad. Esto se lograría aumentando los impuestos a la gasolina y al ACPM y llevando el precio en refinería al precio de paridad de importación. En términos reales, esto significaría duplicar el precio actual.

2. Sustitución del petróleo. El aumento en los precios de los combustibles llevaría a la sustitución por combustibles de menor precio, como el gas. El gobierno debería promover la utilización de sustitutos mediante incentivos adicionales.

3. Incentivos a la exploración. A pesar de las mejoras en los contratos de exploración petrolífera con el sector privado, está demostrado que han sido insuficientes para atraer inversiones en exploración a gran escala. Quizá la forma más eficaz para lograrlo sea reducir el riesgo de la inversión, haciendo que Ecopetrol comparta los beneficios de nuevos descubrimientos, y las pérdidas en inversiones no exitosas.

4. Promoción a las exportaciones. Si se pierden US$2.000 millones en exportaciones de petróleo, será necesario reemplazarlas para evitar un gran déficit en cuenta corriente. Para lograr un salto exportador como el de México, necesitaremos firmar un acuerdo de libre comercio con nuestro principal cliente y aliado: Estados Unidos. Esta debe ser la mayor prioridad del gobierno en su política de desarrollo económico y promoción a las exportaciones.

Si el país no toma conciencia sobre la gravedad del problema petrolero y no comenzamos a actuar decididamente, podríamos pagar un precio muy alto.

Por último, en caso de que tengamos la suerte de que se dé un escenario favorable, resultante del descubrimiento de grandes yacimientos petroleros, debemos asegurarnos de que la nueva bonanza se dirija hacia inversiones productivas en el país. Las dos últimas bonanzas no se invirtieron, se malgastaron. Por eso, estamos en esta situación.
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