Opinión

  • | 2005/06/24 00:00

    Danubio y la ley de bosques

    El manejo de los bosques naturales se trasladaría al Ministerio de Agricultura. Así, se limitaría a su riqueza maderable, olvidando su biodiversidad y servicios ambientales.

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En el Macizo Colombiano, estrella hidrográfica del país donde nacen los ríos Magdalena, Cauca, Patía y Caquetá, se encuentran las veredas El Pensil, La Esperanza, El Porvenir, El Salado y San Juan de Villalobos. Es una región escarpada con profundos cañones, donde en el pasado floreció la cultura de San Agustín, caracterizada por la majestuosidad de cientos de estatuas de piedra que acompañaban vigilantes las necrópolis indígenas.

La región aún conserva gran parte de sus bosques naturales, los cuales, según estudios del Instituto von Humboldt, concentran la mayor diversidad biológica en Colombia. Pero en las últimas décadas, la expansión de la colonización ha ampliado la frontera agrícola, amenazando el hábitat de numerosas especies de flora y fauna, entre las que se destacan grandes mamíferos, como la danta de páramo, el puma y el oso de anteojos.

Los campesinos han subsistido a partir de la extracción de madera, la cacería, los cultivos de pancoger, frutales como el lulo, tomate de árbol y mora, algún tipo de ganadería y en algunos casos la siembra de pequeños cultivos de amapola para el sustento familiar.

A comienzos del año pasado, cuál no sería la sorpresa de Rosalino Ortiz cuando se encontró con un enorme oso de anteojos que se estaba deleitando, en medio de su cultivo de maíz, con las mazorcas que muy pronto llevaría al mercado de su pueblo. A diferencia de otras ocasiones, esta vez Rosalino decidió no montarle cacería al animal sino, por el contrario, poner la situación en conocimiento de funcionarios de la Unidad de Parques Nacionales y de la Corporación del Alto Magdalena, entidades que venían desarrollando un proceso de sensibilización con las comunidades sobre la importancia de estas especies dentro del proyecto del Corredor Biológico Guacharos-Puracé, iniciado en 2001.

Y avisó a sus vecinos que, en asamblea comunitaria, decidieron hacer un frente común para hacer seguimiento al comportamiento del animal y protegerlo. Durante casi cuatro meses, la comunidad pudo observarlo casi a diario, dejaron que se comiera los cultivos de maíz -"eso se recompensaba con uno verlo"- e iniciaron un proceso de investigación para conocer los hábitos del animal. Al oso "se lo bautizó Danubio, porque es por lo alto del cerro Danubio que el oso entra a la región desde la Bota Caucana".

Danubio, que se alimenta de frutas del bosque nublado, hojas y semillas de palmas, bromelias y orquídeas, se ha convertido en un símbolo y en un renacer para la región y su gente. Desde diferentes regiones del país han llegado entidades nacionales e internacionales que quieren participar y apoyar los esfuerzos de la comunidad. Así se conformó un grupo de cuatro campesinos encargados de observar los senderos que transita Danubio, recoger datos sobre sus hábitos y los impactos que el animal ha producido en los cultivos. Este ejemplo, además de valorar los bosques tropicales, se ha extendido a otras entidades y grupos de campesinos, que -coordinados por la Asociación de Mujeres de la Bota Caucana- han iniciado un programa de monitoreo de la danta de páramo, otro de los grandes mamíferos amenazados por la extinción.

Lo paradójico es que mientras las comunidades y las entidades regionales nos están dando este ejemplo en cuanto al conocimiento y preservación de nuestro patrimonio natural, la legislación ambiental nacional retrocede, particularmente con la Ley de Bosques que cursa su último debate en el Congreso y que amenaza con convertirse en un nuevo factor de depredación para el hábitat de Danubio, además de comprometer el futuro de muchos colombianos que viven en medio de los bosques tropicales y su extraordinaria biodiversidad.

Quitándole al Minambiente toda injerencia sobre el aprovechamiento de los bosques naturales, la Ley de Bosques pasa esta función a manos de Minagricultura, que solo ve en ellos su aprovechamiento maderable, desconociendo valores asociados, como su biodiversidad y servicios ambientales, tales como el mantenimiento de suelos y la regulación hídrica que estos ecosistemas prestan al país.

Este retroceso, uno más en la larga lista, además de costarle su hábitat a Danubio pone en serios aprietos el futuro ambiental de Colombia.
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