Opinión

  • | 1997/10/01 00:00

    Cuidado con la euforia

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A pesar de que los indicadores de crecimiento e inflación están en su mejor momento en América Latina, la región no ha superado del todo sus debilidades crónicas.



América Latina tendrá un crecimiento del 5% en 1997, uno de los mejores registros -junto con 1994- desde los años anteriores a la crisis de la deuda, y sustancialmente por encima del 3,6% de 1996.



Argentina, Chile, México, Perú y algunas otras economías pequeñas tendrán crecimientos cercanos o superiores al 6%. Brasil, aunque con una tasa más modesta -posiblemente del orden del 4%- también contribuirá a la aceleración del crecimiento de la región, puesto que el año anterior creció tan sólo 3%. Colombia y Ecuador estarán entre los países de menor crecimiento.



El crecimiento de 1997 permitirá que el ingreso per cápita promedio de la región se eleve cerca del 3%.



La inflación promedio de América Latina en 1997 posiblemente será la más baja en varias décadas, 12% en promedio (ponderando cada país por su población) o 9,5% para el país medio. En 1996, la inflación promedio fue 18,5% y en 1995 era todavía 27,7%, para no mencionar los años anteriores cuando superaba el 100%.



Aún no es sostenible

No obstante los buenos resultados de crecimiento e inflación, el desempeño reciente de América Latina no puede ser motivo de euforia. La región no ha superado del todo sus debilidades crónicas y un crecimiento del 5% podría no ser sostenible.



El potencial de crecimiento sostenible de la región, con las políticas económicas y las instituciones actuales, está más cerca del 4 que del 5%, según estimativos contenidos en el Informe de Progreso Económico y Social del BID de 1997, que acaba de ser publicado.



Sin duda, el crecimiento sostenible es ahora mucho mejor que hace una década. El BID ha calculado que las reformas estructurales y macroeconómicas adelantadas por América Latina en los últimos diez años han permitido elevar en cerca de dos puntos el crecimiento económico sostenible de largo plazo de la región y han contribuido además a resolver algunos de los problemas de inestabilidad macroeconómica más acuciantes, que se derivaban de la inestabilidad de los precios y los desórdenes fiscales.



De hecho, la situación fiscal de América Latina se ha fortalecido notablemente. Hoy en día hay más países en América Latina que cumplen las condiciones fiscales de Maastricht que en la misma Europa. Y los déficits fiscales de América Latina no son sólo más pequeños que los de los países desarrollados cuando se miden como porcentaje del PIB, sino también cuando se miden con respecto a los ingresos tributarios, que obviamente son mucho más modestos en América Latina que en los países desarrollados.



Y lo más destacado, América Latina conquistó la disciplina fiscal actual al mismo tiempo que avanzó rápidamente hacia la democratización. En 1980 solamente la mitad de los países de América Latina eran democracias. Hoy lo son prácticamente todos (con la notable excepción de Cuba). Un total de 17 países eligen hoy directamente sus alcaldes, cosa que solamente ocurría en tres países a comienzos de los ochenta. La descentralización también ha avanzado en otras áreas, como la provisión de servicios sociales y la administración fiscal y tributaria.



Cautela

Si todo esto es así, ¿por qué es poco probable que la región mantenga un crecimiento del 5%? La razón es que la estabilización y las reformas que se han hecho en muchos países en los últimos años han tendido a generar booms de gasto y de crédito superiores a lo que las economías pueden sostener, no obstante las mejores posibilidades de crecimiento que suponen esas reformas. Y, como ocurrió ya en Colombia, después de algunos años de rápido crecimiento puede venir la resaca, debido al exceso de gasto, tanto público como privado.



El alto crecimiento de América Latina en 1997 está parcialmente influido por un fenómeno de esa naturaleza. Argentina y México están saliendo de la recesión de 1995 y, al menos en México, ya hay señales de que las cosas no pueden seguir a ese ritmo. Sin embargo, el caso más crítico es Brasil. Aunque sólo está creciendo un 4%, también tendrá que poner los frenos. El Plan Real, que redujo la inflación del 5.000% en 1994 al 11% el año pasado, ha generado un boom de gasto que puede amenazar la estabilidad externa.



El problema de los booms de gasto y de crédito es que generan vulnerabilidades financieras, externas y fiscales que pueden acarrear graves problemas más adelante. Los bancos se sobreextienden y asumen riesgos excesivos, el país aumenta su endeudamiento en el exterior a ritmos imposibles de mantener en forma indefinida, al tiempo que el tipo de cambio real se aprecia y pierden competitividad las exportaciones. Y en el frente fiscal, los gobiernos tienden a elevar el gasto porque cuentan con abundante financiamiento externo o con recursos tributarios crecientes.



Entonces, ¿cuándo?

Para lograr un crecimiento sostenido del 5% o más, América Latina aún requiere mejorar las bases de su manejo macroeconómico y completar las reformas estructurales.



Para consolidar la estabilidad macroeconómica es necesario mantener políticas monetarias y fiscales prudentes. Aunque esto es de sobra conocido, no es fácil de llevar a la práctica cuando no se cuenta con sistemas financieros fuertes y bien vigilados, y cuando las instituciones fiscales no dan margen de maniobra en momentos críticos. Este último es un tema familiar en el caso colombiano, sobre el cual a pesar del consenso sobre la necesidad de un ajuste fiscal, es poco lo que se ha podido lograr, debido a las características de los procesos presupuestales y su interrelación con los mecanismos de participación política y descentralización fiscal. Lo cual sugiere que, como en muchos otros países de América Latina, es preciso hacer cambios de importancia en las instituciones fiscales para consolidar la estabilidad macro.



Muchos países de la región requieren además completar el proceso de reformas estructurales básicas para poder crecer en forma sostenida a tasas del orden del 5%. Las reformas más avanzadas en la mayoría de países, incluyendo Colombia, son la apertura externa y la liberación financiera. Pero aún restan muchas otras tareas, como simplificar y hacer más efectivos los sistemas tributarios, profundizar el proceso de privatización y flexibilizar los mercados laborales, sustituyendo los viejos sistemas de estabilidad del empleo por mecanismos adecuados de protección a los trabajadores.



Y si la meta de crecimiento sostenido no es el 5%, sino el 6% o el 7%, los esfuerzos tendrán que abarcar otras áreas de reforma, y en especial la educación. Y eso también aplica a Colombia.
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