Opinión

  • | 1995/08/01 00:00

    Cuasidineros e inflación

    El aumento de la oferta monetaria ampliada, motivada por el alza en las tasas de interés, ha impedido que baje la inflación.

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Colombia ya lleva más de dos décadas con inflación superior al 20% anual. Hasta comienzos de los años setenta, el crecimiento de los precios alcanzó un promedio ligeramente superior al 10%. A partir de la década de los años setenta, la inflación se ubicó de manera más o menos sistemática entre 20% y 30%.

La inflación es uno de los fenómenos económicos mejor entendidos. Existe una relación muy estrecha de largo plazo entre la inflación y las tasas de crecimiento de la oferta monetaria ampliada (OMA, se define como la suma de efectivo + depósitos en cuentas corrientes + depósitos de ahorro y CDT) y de la actividad económica. Si se calcula la relación estadística correspondiente empleando los promedios de dichas variables presentados por los diferentes países a nivel mundial entre 1980 y 1993, se estima que un aumento en el ritmo de crecimiento de la OMA conduce a un aumento similar en el crecimiento de los precios, y que un aumento de la actividad económica (PIB) disminuye en mayor cuantía el ritmo de inflación. Estas dos variables explican cerca del 85% de la variabilidad de la inflación a largo plazo entre los diferentes países. La sola relación de largo plazo entre precios y liquidez es muy estrecha, tal como se aprecia en la gráfica incluida. Ello demuestra el papel predominante del crecimiento de la OMA en la determinación de la inflación.

La inflación estimada para Colombia con base en la relación estadística calculada es de 25%, igual a la inflación promedio efectivamente observada durante el período correspondiente. Estas conclusiones confirman hipótesis ampliamente aceptadas. En particular, se confirma la relación proporcional entre dinero y precios postulada por la teoría cuantitativa del dinero, y la hipótesis según la cual el desarrollo económico conduce a una profundización de la demanda por activos financieros. En el corto plazo, la relación entre dinero y precios es pobre puesto que otras variables como el clima y las condiciones cambiarias alejan la inflación del nivel consistente con el crecimiento del dinero.

Normalmente se supone que el crecimiento de la OMA es "causa" de la inflación, puesto que la cantidad de dinero está determinada principalmente por acciones de política económica. Estas acciones pueden consistir en financiar los déficit del sector público o el crédito al sector privado, sostener la tasa de cambio, o sostener la tasa de interés. En los Estados Unidos, por ejemplo, la Reserva Federal modifica sus tasas de interés para regular las cantidades de dinero y crédito. En casos excepcionales como Argentina, la cantidad de dinero está determinada por la demanda nominal de dinero, dentro de un esquema cambiario que vincula los precios internos a los precios internacionales.

En términos generales, el crecimiento de la OMA depende del crecimiento de los pasivos monetarios del banco central, de los cambios en los requisitos de encaje, y de los cambios en la composición de activos líquidos deseada por el público. Esta composición está determinada fundamentalmente por el nivel de desarrollo económico, por el grado en el cual los medios de pago sean sustituibles por los cuasidineros, y por el nivel de tasas de interés. Mayores niveles de desarrollo o de tasas de interés aumentan la demanda por cuasidineros, conduciendo a mayores niveles de OMA. Probablemente, los cuasidineros sustituyen cada vez más fácilmente el circulante y las cuentas corrientes. En Colombia, el aumento de la OMA continúa a ritmos consistentes con una inflación superior al 20%. De julio de 1994 a julio de 1995, la OMA aumentó en 38%, crecimiento consistente a largo plazo con una inflación superior a 25% anual. Este aumento obedeció a un crecimiento de 25% en los pasivos monetarios del Banco de la República y un incremento de 11% en el multiplicador de la OMA. El crecimiento en el multiplicador de la OMA se debe en parte al continuo crecimiento económico y en parte a las tasas de interés de mercado más elevadas, que fortalecen la preferencia de público por los cuasidineros. De ahí que se advierta, desde el segundo semestre de 1993, un crecimiento superior en los cuasidineros que en el total de circulante y depósitos en cuenta corriente. A ello contribuyó parcialmente la reciente presión alcista sobre las tasas de interés.

Este vigoroso crecimiento de la OMA no se ha traducido aún en mayor inflación. Durante los últimos años, la baja devaluación ha mantenido el crecimiento de los precios al consumidor a un nivel apenas ligeramente superior al 20%. El crecimiento de la OMA es, sin embargo, un factor que puede entorpecer las metas de estabilización de precios si no se contiene oportunamente, particularmente cuando se acelere la tasa de cambio de equilibrio. Un ingrediente importante para controlar que el crecimiento de los cuasidineros no supere indebidamente el crecimiento del circulante y los depósitos en cuenta corriente es contener el tamaño del gasto público y del déficit fiscal, los cuales son fuentes ampliamente reconocidas de presión alcista sobre las tasas de interés. Por esta razón, el equilibrio fiscal constituye un apoyo necesario a la política monetaria, aun cuando el Banco de la República ya no esté obligado a financiar gasto público.

En resumen, la inflación en Colombia no ha bajado a los niveles deseados de un solo dígito porque el crecimiento de la OMA sigue sosteniendo los niveles a los cuales el país está acostumbrado desde comienzos de los años setenta. Para alcanzar el objetivo de estabilidad es necesario un trabajo conjunto de las autoridades monetaria y fiscal que permita disminuir el crecimiento de OMA y del gasto público, de tal manera que el aumento de los cuasidineros, estimulado por las altas tasas de interés, no debilite los efectos estabilizadores del control sobre el crecimiento de los medios de pago.
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