Opinión

  • | 2007/08/03 00:00

    ¿Cuánto vale la seguridad?

    El valor de la seguridad no son los costos económicos de la inseguridad, sino el impacto que tiene en la calidad de vida.

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Debido a la obsesión por medirlo todo en términos económicos, los economistas han invertido grandes esfuerzos en calcular los "costos económicos de la violencia". En una extraña amalgama, se consideran costos que van desde el presupuesto militar y el gasto en clínicas y hospitales hasta el ingreso que podrían haber generado las víctimas de la violencia si se hubieran salvado sus vidas.

Esta fue la metodología de un estudio reciente del Departamento Nacional de Planeación1, que estimó en 7,5% del PIB los costos de la violencia en Colombia entre 1999 y 2003.

En un enfoque semejante, economistas como Mauricio Cárdenas han llegado a la conclusión de que el pobre desempeño económico de los noventa se explica por el aumento que tuvo la tasa de homicidios como resultado del tráfico de drogas. Presumiblemente, la inseguridad dañó el clima de inversión privada y sustrajo recursos de actividades que habrían sido más productivas.

El cálculo de estos costos de la violencia es ilustrativo y contribuye a realzar la importancia y relevancia del problema. Pero llevaría a conclusiones totalmente erróneas de política. Supóngase que nuevos cálculos, mejores técnicamente que los que ya tenemos, nos mostraran que, sin que hayan cambiado los niveles de homicidios, los costos de la violencia son la mitad de lo que habíamos pensado (debido, por ejemplo, a que la inversión privada es menos sensible al clima de inseguridad de lo que creíamos antes). ¿Deberíamos entonces reducir a la mitad el esfuerzo por combatir la violencia, o considerar que es un problema la mitad de importante?

Independientemente de cuáles sean los costos económicos de la violencia, hay una justificación moral y ética para combatirla, aunque no necesariamente a cualquier costo. La razón, sencillamente, es que la violencia afecta la calidad de vida, como lo reconoce la opinión popular y las actitudes políticas de los colombianos. Nadie puede discutir que la persistente popularidad de Álvaro Uribe se debe, en buena medida, a su empeño en combatir la inseguridad.

Lo interesante es que es posible ponerle números al valor que la gente le da a la seguridad. El enfoque conceptual, que es muy sencillo, consiste en calcular la pérdida de satisfacción con la vida que sufre la gente por cuenta de la inseguridad y encontrar cuál es la pérdida de ingreso que produciría la misma disminución en la satisfacción con la vida.
 
Esta información existe ya en muchos países gracias a las encuestas de opinión en las que se le pregunta a la gente qué tan satisfecha está con la vida, y también se indaga sobre los ingresos (y muchas otras variables que afectan la calidad de vida, como la situación de empleo, la salud y las relaciones familiares).

Utilizando este método, se ha calculado2 que un londinense promedio estaría igual de satisfecho con la vida con un 32% menos de ingreso si no hubiera terrorismo en Londres. En París, el cálculo es equivalente al 14% del ingreso. En Irlanda del Norte el terrorismo en las zonas más afectadas tiene un efecto equivalente al 41% del ingreso. No es difícil aceptar que los colombianos también valoramos muy alto la seguridad.

La opinión de la gente es lo que cuenta cuando se trata de valorar bienes públicos como la seguridad. El éxito de los buenos políticos consiste en captar e interpretar esas opiniones. El éxito de los economistas consiste en utilizar sus herramientas técnicas para orientar la discusión pública e influir en las políticas.

Nota: el autor está vinculado al BID, pero se expresa aquí a título personal.

1 Pinto, María Eugenia, Vergara, Andrés y Lahuerta Yilberto. "Costos generados por la violencia en Colombia: 1999 - 2003". Serie Archivos de Economía. No. 277. Departamento Nacional de Planeación, 2005.

2 Bruno S. Frey, Simon Luechinger y Alois Stutzer, "Valuing Public Goods: The Life Satisfaction Approach", Universidad de Zurich, 2004.
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