Opinión

  • | 2006/03/16 00:00

    ¿Cuánto cuesta el éxito de los yuppies?

    Parece estar acentuándose el desequilibrio en la importancia relativa que padres y madres les conceden al trabajo y a la vida familiar, y en especial a la construcción de una verdadera comunicación con sus hijos.

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He tenido oportunidad de interactuar con profesionales jóvenes (30 a 38 años), sobre todo del sector financiero, que había clasificado como 'yuppies': inteligentes, audaces, trabajadores (demasiadas horas en el trabajo para mi gusto), ambiciosos, ávidos por escalar posiciones y tener y tener -dinero, propiedades, acción de club, esposa, hijos, casa, carro y beca-. Y les percibía un airecito de superioridad y de arrogancia que llegaba a molestarme. Por alguna razón había asociado a estas personas, sobre todo hombres, con el área financiera, hasta que me di cuenta de que parece ser algo más generacional que de un sector, aunque la mayoría tenga que saber de finanzas o defenderse en este tema.

Al preguntarle a un amigo estadounidense de dónde venía la palabra yuppie me informó que era un acrónimo para young urban professional: joven profesional que vive en una urbe. Según él, este término se usó en Estados Unidos en los 80 para referirse a la generación que nació después de la posguerra y que se dedicó fuertemente al trabajo.

Aquí en Colombia parece que estamos en plena generación de yuppies: se visten muy parecido, llevan a cabo las mismas rutinas, tienen los mismos apartamentos loft minimalistas y se guían por el interés de hacer un trabajo de manera eficiente para alcanzar sus sueños mediante sus éxitos laborales. El trabajo es para ellos el medio para obtener lo que consideran que los hará felices.

Cuando me encuentro en la terapia de pareja con los vacíos afectivos de estos jóvenes, con ese afán por adquirir más cosas, con ahorrar desde ya para enviar a sus hijos a las mejores universidades en el exterior, aunque ahora no tengan con qué comerse un helado, me pregunto cuál es el costo que se está pagando con este modelo, si están de por medio sus relaciones de hoy y su propio desarrollo personal ahora.

Y cuando una de mis alumnas de segundo semestre me escribe lo siguiente: "Desde que tengo uso de razón, mi mamá ha estado fuera de casa por motivos de negocios. Cuando era niña, no recuerdo haber compartido con ella temas del colegio o cómo me había ido, o que me explicara algo de mi tarea que no entendía, sino que nuestra relación siempre fue muy distante. A medida que fui creciendo, no vi la necesidad de contarle muchas cosas que me habían pasado con mis amigas debido a que estaba muy ocupada. A pesar de que se preocupaba mucho por mi bienestar, nunca se preocupó por preguntar cómo me sentía", me pregunto si acaso no somos los padres y madres quienes les hemos montado esta búsqueda y estos vacíos con nuestra ausencia.

Me atrevo a pensar que estos yuppies en búsqueda de "la felicidad" mediante la posesión son el resultado de esos padres ocupados intentando darles todo lo que no tuvieron o sí tuvieron. El resultado es el mismo: padres ausentes, lejanos, que no han tenido la oportunidad de comprender a sus hijos en la vida cotidiana, de compartir con ellos sus experiencias, para inculcarles con su ejemplo los valores del ser antes que del tener. Entonces intentan llenar el vacío con las posesiones y se ocupan sin descanso.

Lo difícil es hacerles ver a estos yuppies exitosos a todas luces y reforzados por un medio y un mercadeo que promociona la adquisición permanente, que hay otras cosas importantes en la vida, pues desde su mirada y en su afán actual, nosotros no hicimos, a sus ojos, lo que ellos creen que tienen que hacer ahora.

Todo esto me deja una impresión preocupante: parece estar acentuándose el desequilibrio entre la importancia relativa que padres y madres les conceden al trabajo y a su vida familiar, y en especial a la construcción de una verdadera comunicación con sus hijos. La consecuencia parece evidente: el consumo de alcohol y droga, el sexo sin sentido. La preocupación social por esto se traduce en pedir a las autoridades que tomen medidas para controlarlo. Con ello, estamos poniendo el remedio donde no está el dolor: el problema se origina, en mi concepto, en la ausencia de verdaderas relaciones en la vida familiar, las cuales pueden contribuir más al ser que al tener, de yuppies y de las generaciones X y Y, que están por venir. conniedesantamaria68@hotmail.com
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