Opinión

  • | 2008/12/09 00:00

    Crisis y regulación financiera

    La regulación no se puede limitar a vigilar que cada institución evalúe sus riesgos individuales y se cubra. Hay que vigilar el riesgo sistémico y adoptar medidas consecuentes.

COMPARTIR

Si bien la crisis financiera internacional está aún en pleno desarrollo, está ya más o menos claro qué fue lo que sucedió y qué se debe hacer para evitar que se repita un desastre tan costoso1. A primera vista resulta sorprendente que un problema específico, una crisis de la construcción y venta de viviendas en los Estados Unidos, se haya extendido a todos los mercados financieros en ese país y en el resto del mundo y que haya provocado una recesión en los países industrializados y un descenso notable en el crecimiento económico global. Este episodio ha revelado, a quienes aún tenían dudas, el profundo grado de interrelación que hoy existe entre los diferentes mercados financieros a nivel global y entre los mercados financieros y la actividad real. También ha puesto de manifiesto, una vez más, que si los sistemas financieros no se regulan bien pueden acabar destruyendo mucho valor y poniendo en cuestión las bondades del sistema de libre empresa.

Han sido frecuentes en el pasado los ciclos y las crisis en la construcción y venta de viviendas en muchos países. Basta recordar la que padecimos en Colombia a finales de la década pasada. A diferencia de lo que hoy ocurre, sin embargo, esas crisis -aunque socialmente graves- se limitaban en lo esencial a ese sector y a las entidades financieras que prestaban directamente a esa actividad. En Colombia, la última crisis de vivienda perjudicó a muchas familias y quebró a la mayoría de las Corporaciones de Ahorro y Vivienda (que tuvieron que ser liquidadas, capitalizadas o absorbidas por los bancos), pero no ocasionó una crisis bancaria generalizada. En los Estados Unidos no solamente se quebraron Freddie Mack y Fanny Mae, los intermediarios más grandes de ese mercado que tuvieron que ser capitalizados por el Gobierno, sino que entraron en crisis la mayoría de los bancos de inversión y un grupo importante de bancos comerciales y se llegó a un punto en el cual se paralizaron todos los mercados de crédito, incluyendo al mercado interbancario.

¿Que sucedió? La titularización de hipotecas había permitido una profundización notable del crédito de vivienda a través de una distribución amplia del riesgo subyacente. Pero cuando ese riesgo se materializó, resultó que los poseedores de los títulos subprime no conocían bien el riesgo que habían adquirido. La crisis del subprime ocasionó cuantiosísimas pérdidas que no tenían un respaldo efectivo de capital en muchos intermediarios en Estados Unidos y Europa, especialmente en bancos de inversión, que se habían sobre expuesto a ese riesgo y que tenían niveles excesivos de endeudamiento. Esos intermediarios, a su vez, estaban "asegurando" muchos otros riesgos a través de una compleja estructura de derivados y productos estructurados. Cada entidad individual creía que estaba asegurada por otras a través de dichos productos y cuando comenzaron a caerse las primeras casi se caen todas las demás como un castillo de naipes. Ha sido necesaria una inyección masiva de fondos públicos en todo el mundo industrializado para detener la hemorragia y aún no se sabe si se salva el enfermo.

¿Qué falló en la regulación? Greenspan, sus seguidores y sus mentores intelectuales creyeron que bastaba con regular y proteger a los bancos que recibían depósitos del público y que el resto del sistema sería eficiente en calcular los riesgos que estaba asumiendo y en manejarlos adecuadamente. Pero no comprendieron que estas complejas interrelaciones exponían a todas las entidades financieras a un enorme riesgo sistémico, que ninguna de ellas estaba en capacidad de apreciar o de prevenir en forma individual. Dicho sea de paso, esta creencia errada (de que basta con que cada banco calcule bien su riesgo individual y se proteja en consecuencia) está detrás de toda la arquitectura del acuerdo II de Basilea sobre regulación y supervisión bancaria que se está comenzando a aplicar en todo el mundo y que tendrá que ser revisada drásticamente después de la crisis.

Las lecciones sobre cómo afrontar una crisis de esta naturaleza son aún necesariamente muy tentativas por cuanto no se ha superado plenamente. Sin embargo, se ha comprobado una vez más que cuando una entidad financiera entra en causal de insolvencia y sus dueños no pueden capitalizarla (o venderla a quienes sí puedan hacerlo) no queda solución diferente a que sea capitalizada e intervenida por el Gobierno y que sus accionistas pierdan buena parte del valor de su capital. Pero, en parte por razones electorales y en parte por razones ideológicas, el Partido Republicano demoró la aprobación del paquete de salvamento y hasta hace poco Paulson, el secretario del Tesoro, prefería utilizar esos fondos para comprar activos improductivos de las entidades financieras en vez de capitalizarlas directamente.

En síntesis, la crisis actual ha puesto de presente que la regulación prudencial y la supervisión no se pueden restringir a los Bancos que toman depósitos del público, sino que deben cubrir a todos los intermediarios financieros que puedan tener importancia sistémica. Así mismo, ha demostrado que la regulación no se puede limitar a vigilar que cada institución evalúe sus riesgos individuales y se cubra en consecuencia, sino que requiere vigilar el riesgo sistémico y adoptar medidas consecuentes. Pero de estos enunciados generales a la práctica hay un gran paso.

No cabe duda hoy de que los bancos de inversión y los fondos de cobertura (Hedge Funds) debieron estar sujetos a una mayor regulación y supervisión. Pero, ¿a qué otro tipo de intermediarios debe extenderse la vigilancia oficial? ¿Todos los intermediarios regulados deben tener acceso a los préstamos de liquidez del Banco Central? ¿A los seguros de depósito? En la crisis actual, el Federal Reserve acabó prestando directamente a todo el mundo y muchos gobiernos han terminado por garantizar cualquier depósito en todo tipo de instituciones financieras. A medida que se protegían unas instituciones, las otras perdían depósitos y tenían que ser protegidas a su vez. Esta experiencia sugeriría que habrá que extender no solo la regulación sino el ámbito del seguro de depósito y de las funciones de prestamista de última instancia de los Bancos Centrales. Más aún, en esta crisis cada vez que un país extendía la garantía a los depósitos en su sector financiero, los vecinos tuvieron que hacer lo mismo para que no se les fueran los depósitos. Esta evidencia sugiere que hacia el futuro será necesaria una coordinación internacional estrecha en las reglas prudenciales y de protección financiera.

¿Y, cómo evaluar e incorporar en la regulación el riesgo sistémico? Una manera de hacerlo es incorporando en la regulación provisiones generales anticíclicas, como lo ha hecho España desde hace un tiempo con mucho éxito, con el criterio de que muchos de los préstamos que parecen buenos en el boom, dejarán de serlo en la parte recesiva del ciclo. Como no se puede saber a priori cuáles créditos serán los afectados, la provisión es de carácter general ("estadística") y no individualizada. La Superintendencia Financiera en Colombia introdujo algunos aspectos anticíclicos en la determinación de provisiones individuales. Los especialistas consideran, sin embargo, que el sistema escogido es muy complejo y poco eficiente.



1. Este artículo se basa principalmente en un panel sobre lecciones de la crisis para la regulación financiera en la reunión anual de Lacea en Rio de Janeiro la semana pasada, en el que participaron dos de las grandes autoridades norteamericanas sobre el tema (Charles Calomiris y Michael Dooley) y cuatro latinoamericanos (Augusto de la Torre, del Banco Mundial, Eduardo Levy, de Barclays, Sergio Werlanck, de Unibanco e Itaú, y el suscrito).

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?