| 8/29/2008 12:00:00 AM

¿Crisis hasta cuándo?

¿Crisis hasta cuándo?

Por primera vez, el futuro de la economía de Estados Unidos está en manos del resto del mundo.

por Eduardo Lora

El fin no está cerca. Ese es el consenso sobre la crisis de Estados Unidos. Hasta ahora la economía parece haber escapado a la recesión, gracias a la combinación de tres factores favorables: la reducción de tasas de interés, los estímulos fiscales y la devaluación del dólar. Con ellos se han logrado compensar el desplome del sector de construcción y las tendencias negativas del consumo privado y de la inversión del sector empresarial.

Pero se está agotando la pólvora. A más tardar, en el primer trimestre de 2009 empezarán a elevarse las tasas de interés. La pregunta es qué tan traumático será el ascenso para poder contener las tendencias inflacionarias. Las últimas noticias no son nada alentadoras. La inflación al consumidor ya se ha trepado a 5,6%, la tasa más alta desde 1991, y los precios al productor están subiendo al ritmo escalofriante de 9,8%, lo que no se veía desde 1981.

Las recientes caídas de los precios del petróleo y otras materias primas, y los ajustes muy modestos que han tenido hasta ahora los salarios, les dan cierta confianza a los optimistas, quienes siguen arguyendo que la inflación básica (que no incluye combustibles ni alimentos) está bajo control.

Pero los optimistas se están volviendo minoría: cada día aumentan las críticas a la política de laxitud monetaria y, voces tan autorizadas como Guillermo Calvo, ya hablan de la posibilidad de un Volcker II, es decir, la repetición del escenario de comienzos del ochenta, cuando fue preciso elevar a 20% las tasas de interés de los fondos de la Reserva Federal para quebrar las expectativas inflacionarias.

También son escasas las posibilidades de nuevas medidas de alivio tributario. Las devoluciones recientes de impuestos sorprendieron por su efectividad en estimular el consumo, alentando a economistas de mucha influencia, como Lawrence Summers, a abogar por nuevos paquetes de ayuda fiscal. Pero los acuerdos políticos que se consiguieron tan fácilmente a principios de este año son poco factibles en este momento. Entre los analistas ha ganado peso la opinión de que los estímulos fiscales no son deseables porque postergan el ajuste que requieren las cuentas externas y los patrones de consumo privado.

El costo fiscal que representará la crisis financiera también ha hecho menos factible una nueva ronda de estímulos al consumo. Cuando salieron a flote las dificultades de Fannie Mae y Freddie Mac -las dos financieras hipotecarias gigantes-, el Tesoro anunció que gastaría lo que fuera necesario para sostenerlas y el Congreso respondió de conformidad. Pero todavía no se sabe a cuánto llegará la cuenta; en los últimos días han crecido los temores de que el Tesoro se vea forzado a nacionalizarlas completamente.

Seguramente habrá sorpresas con otras entidades financieras. La enorme volatilidad de las acciones de las entidades financieras sugiere que el proceso de valoración de los riesgos financieros todavía no está funcionando bien. La liebre puede saltar en cualquier lado. Kenneth Rogoff, reconocida autoridad en crisis bancarias, cree que en los próximos meses se declarará la quiebra de uno de los grandes bancos comerciales o de inversión de Estados Unidos. En su opinión, el sistema solo volverá a funcionar fluidamente cuando logre deshacerse del exceso de entidades que se crearon durante el boom. Quizás, pero es más probable que se extiendan los rescates, especialmente si se trata de grandes entidades.

Las políticas domésticas están acorraladas y a lo sumo lograrán contener la crisis. Por primera vez desde la posguerra, la recuperación de Estados Unidos ha pasado a depender crucialmente del resto del mundo. La devaluación del dólar frente a la libra esterlina y el euro estaba ayudando hasta hace poco al crecimiento de las exportaciones, pero las tendencias del dólar cambiaron cuando se hizo evidente la debilidad de las economías del viejo mundo.

Hasta hace poco las economías emergentes estaban beneficiándose del boom del consumo de Estados Unidos, y aún siguen navegando sin escollos gracias al mar de liquidez que ha irrigado la Reserva Federal. Pero, ¿podrán servir por primera vez de locomotoras del crecimiento mundial, ayudando a rescatar a la economía más grande del mundo? ¿Podrá la China hacer su parte, dejando apreciar más el renminbi y alentando el consumo privado, o quedará atrapada entre las presiones de los exportadores y el justificado temor a la inflación? ¿Se liberarán los exportadores de petróleo de sus ataduras al dólar y serán capaces de desarrollar sus sectores no transables? ¿Mantendrá América Latina su recién conquistada estabilidad macro e invertirá con criterios de largo plazo la bonanza de precios externos?

Tomará algún tiempo saberlo. El fin no está cerca.



Nota: el autor está vinculado al BID pero se expresa a título personal.
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