Opinión

  • | 1998/10/13 00:00

    Crisis de confianza, no de liquidez

    Es posible movilizar cuantiosos recursos a las economías emergentes. Sólo así se detendrá la crisis financiera mundial.

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La actual crisis financiera internacional sólo es comparable en gravedad a la crisis que originó la gran depresión de los treinta. Pero hay una gran diferencia. La disponibilidad de fondos líquidos en las grandes economías no se ha desplomado. Buscando seguridad, los fondos se han ido hacia papeles del Tesoro estadounidense y otras inversiones de bajo riesgo. En vez de subir, como ocurrió en otras crisis, la tasa de interés del Federal Reserve de Estados Unidos se ha reducido, con el fin de no estrangular la liquidez.



En la visión predominante aún entre muchos economistas, la causa última de la crisis internacional son los errores de política. Quien resulta atacado, algún error habrá cometido. Y el FMI en su debido momento nos dirá cuál fue. El enfoque es equivocado, porque pone toda la responsabilidad de corrección de la crisis en los países emergentes. Hayan cometido o no errores, ellos no están en capacidad de resolver la crisis mundial. Sin un esfuerzo coordinado desde Washington, la crisis se regará como pólvora. Y la única respuesta posible de los países afectados será regresar a las épocas del proteccionismo, los controles de cambios y, de ser necesario, el repudio de las obligaciones externas. Los costos serían fatales para todo el mundo. Es más sensato aceptar que los inversionistas internacionales y los propios organismos internacionales no detectaron a tiempo los errores de política y sobrevaloraron la rentabilidad de los negocios en Asia y América Latina y sus posibilidades de crecimiento sostenido. Lo que está ocurriendo ahora es una corrección ­exagerada otra vez­ de esas expectativas. Por fortuna, en los círculos internacionales ya se ha impuesto esta opinión.



Aceptar que la crisis es de confianza es el paso previo a la acción coordinada internacional, que ya se ha puesto en funcionamiento para defender a Brasil, que fue atacado en forma inclemente por la incertidumbre de la reelección de Cardoso.



Los mecanismos de apoyo de liquidez pueden ser muy diversos. Una modalidad de operación que promete ser muy poderosa es la estructuración de paquetes de recursos de corto plazo en los que participen conjuntamente los organismos internacionales e inversionistas privados, en forma voluntaria. Los países adquirirían el compromiso de que cualquier retraso en el servicio de la deuda a cualquiera de los prestamistas involucrados implicaría una pérdida de acceso a los recursos de todos, incluyendo los mismos organismos internacionales. Sin tener que garantizar a los inversionistas privados, estos mecanismos reducen el riesgo percibido por cada inversionista individual y estimulan el regreso de los capitales privados a las economías emergentes. La crisis financiera mundial no da espera. Por fortuna, las respuestas finalmente están surgiendo.



* Esta columna no compromete al BID, entidad a la cual se encuentra vinculado el autor.
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