Opinión

  • | 2008/10/24 00:00

    Creo en ti

    Sobre el arte de hacer que la gente crea en el líder y en su proyecto.

COMPARTIR

"Al interior de cada gran proyecto hay alguien volviéndose loco". Esto lo leí en una reciente edición de Revista Dinero, en la que citaban a Joseph Heller como el autor de la célebre frase. Allí mismo leí acerca de los interrogantes e inquietudes que se hacen los emprendedores a diario: ¿cómo motivo a la gente? ¿Cómo les imprimo el mismo amor que yo le tengo al negocio? ¿Cómo delego sin perder el control?

En la tarea de hacer empresa, todos en algún momento nos hemos hecho estas preguntas. Nos hemos sentido sin saber qué hacer o qué actitud adoptar. Es el momento cumbre de las dudas sobre la capacidad para llevar a cabo nuestro proyecto. Ante esto, la mayoría recurrimos a personas que consideramos inteligentes, fuertes y con la suficiente capacidad para llevarnos por el camino correcto y conducirnos, quizá de un modo más directo, a nuestro objetivo. A estos personajes, a quienes acudimos, solemos llamarlos líderes, visionarios. Sí, porque reconocen 'fácilmente' las salidas a los inconvenientes y con una superioridad que no es fácil de explicar, van adelante de de los demás.

Como muchos, me he propuesto aprender de ellos. Tras observar su manera de llevar la vida, de enfrentar sus logros y fracasos, tengo claro que su forma de ser y de actuar no está asociada a su cuna, su dinero, su rango y ni siquiera a sus títulos profesionales. A cambio, estos personajes tienen y mantienen una profunda convicción sobre los beneficios de lo que han decidido hacer. Con autenticidad, jornada tras jornada, mantienen el foco sobre la meta. Pero no es solo eso. Para lograrlo, tienen a la mano una maravillosa caja de herramientas, donde es posible encontrar valores personales, responsabilidad, pasión, iniciativa, optimismo, confianza.

A fuerza de bregas y reveses, estos personajes se van granjeando nuevas capacidades. De este modo, se convierten en los mejores conocedores de sí mismos, de sus fortalezas y sus debilidades, capaces de trazarse metas para otros irrealizables, con una energía inquebrantable para intentarlo una y otra vez, logrando su mayor gesta: motivar a otros en torno a su proyecto.

Y, ¿cómo lo hacen? No obstante la lista de rasgos comunes con los que caracterizo a los 'empecinados', creo que no existe una fórmula para lograr seguidores leales en torno a una idea. De hecho, si analizamos los grandes protagonistas de la historia, encontramos tantos caminos como caminantes. En nuestra lista de héroes pueden aparecer desde santos hasta empresarios, políticos y artistas. Hombres y mujeres que han soñado sueños y convencidos de que su lucha es la correcta, han trabajado a sol y sombra por su cristalización, sumando adeptos y obreros a sus campos.

Estos personajes se convierten en líderes visibles, aquellos que muchos conocemos y tratamos de imitar.

Entonces, ¿cómo sumo yo fuerzas a mi causa?

Le invito a pensar que esa persona, inspiradora de libros y películas, ha sido un ser humano como usted y como yo, que ha vivido una vida real, plena de obstáculos y de retos. Alguien que, con disciplina y persistencia, ha tomado cada día su bandera. En el camino ha tocado puertas, ha escuchado a otros, ha caído y se ha vuelto a levantar, hasta lograr convertir sus acciones ordinarias en logros extraordinarios, útiles para miles y millones de personas.

Diría, entonces, que se trata, ante todo, de creer en lo que hemos emprendido, de hacer las cosas bien, de persistir, convirtiendo nuestro trabajo y nuestra empresa en fuente inagotable de riqueza para otros. Ese es el personaje que estamos llamados a ser. Recordemos: los líderes no nacen, se hacen. Nadie mejor que uno mismo para conducir con maestría las propias ideas y proyectos. Como gerente de una pequeña o de una gran compañía, cada uno de nosotros puede convertirse en guía y maestro. Claro está: hay que demostrar que nuestra causa es oportunidad para aprender, para crecer, para realizarnos juntos. Y en esta brega, darle la oportunidad al otro para que tome parte, asuma riesgos y, por qué no: comparta pérdidas y ganancias.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?