Crédito para estudiantes de nivel postsecundario

| 5/11/2001 12:00:00 AM

Crédito para estudiantes de nivel postsecundario

Si el país quiere expandir la educación superior y adicionalmente mejorar su calidad, debe modificar la forma de financiación.

por Hugo López Castaño

El sistema educativo postsecundario, que puede acoger actualmente a más de 800.000 estudiantes de pregrado, se financia con recursos presupuestales (matrículas subsidiadas) en las Universidades estatales y pagadas de contado en las privadas. Ni la cobertura del ICETEX --que algunos estudiosos estimaban, en el pregrado, en 5,1% para 1997 y en 5,8% en 1998--, ni la de algunas entidades bancarias que empiezan a incursionar en el campo del crédito estudiantil, parece muy elevada; su precariedad restringe el acceso de los estudiantes de estratos sociales populares (bajo/bajo, bajo y medio/bajo) a la educación superior privada y los obliga a trabajar en paralelo con el estudio (programas nocturnos o de horario extremo) en desmedro de la calidad de su formación.

Por ello, es altamente selectivo. Según la encuesta nacional de calidad de vida de 1997, cerca del 73% de los estudiantes matriculados proviene de los quintiles IV y V (el 40% más rico de la población); el quintil III aporta apenas el 15,0%, el quintil II el 8,0% y el quintil I (el 20% más pobre) el 4,0%. Al respecto, las diferencias entre las universidades oficiales y las privadas no son tan protuberantes como podría pensarse: 63,1% frente a 70,7% (quintiles IV y V), 16,8% frente a 10,9% (quintiles I y II).



Aunque sobran cupos de primer nivel muchos bachilleres no logran ingresar al sistema. Ello eleva las tasas de participación de los jóvenes y agrava el desempleo. Cada año salen unos 440.000 bachilleres, de los cuales solo 240.000 entran a la universidad.



La expansión del sistema postsecundario ha reposado principalmente sobre los hombros de las instituciones privadas (70% del alumnado), muchas de baja calidad. El país requiere un buen sistema de información de calidades que indique a los estudiantes y sus familias cuáles son las mejores carreras y de mayores posibilidades de éxito laboral.



Está sesgado hacia carreras largas. El 81% del estudiantado de pregrado está inscrito en carreras profesionales de cinco años (todo el mundo quiere ser "doctor"). Las carreras cortas, técnicas y tecnológicas de 2 ó 3 años solo absorben el 19% (frente al 35% en países de desarrollo similar). La formación superior colombiana no sigue ni las tendencias internacionales, pues exhibe una pirámide invertida (más profesionales que técnicos). El valor actuarial por estudiante que inicia sus estudios superiores alcanza 4,7 millones (carreras cortas) y 11,0 (carreras largas). Por egresado, las cifras ­más elevadas debido a la mortalidad académica­ son, respectivamente, de 5,8 y 15,8 millones. Es claro que las primeras, son menos costosas y que, siempre y cuando se promueva un mejoramiento de su calidad, el país debería impulsarlas prioritariamente.



Como lo sugiere la experiencia internacional, si el país quiere expandir la educación superior y adicionalmente mejorar su calidad, debe modificar la forma de financiación y montar un sistema de crédito en el cual los recursos del Estado se canalicen principalmente no mediante transferencias presupuestales de bloque hacia las instituciones sino --vía los estudiantes--- hacia las universidades y en particular hacia carreras más cortas. Para movilizar recursos bancarios, el gobierno está comenzando a avalar un porcentaje del riesgo de siniestralidad vía el ICETEX y el Fondo de Garantías. Pero, a largo plazo se requiere la creación de una línea de redescuento para crédito estudiantil alimentada con recursos internos y externos. Si las gestiones que el Gobierno está haciendo para conseguir un crédito internacional para ese fin pudieran concretarse, quedarían echadas las bases de un sistema futuro más sólido.
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