Opinión

  • | 2007/03/30 00:00

    Crédito de consumo para todos

    El crédito de consumo para los estratos de menores ingresos representa una gran oportunidad para el sector financiero y para el comercio

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El crédito de consumo para los estratos bajos ha sido tradicionalmente escaso en América Latina. Sin embargo, en los últimos años los bancos y las cadenas comerciales han comenzado a explotar este mercado por el gran potencial que representa.

Los obstáculos
El principal obstáculo para que los bancos puedan llegar a la población de estratos bajos está en los altos costos de distribución de la banca tradicional. Originar y desembolsar un crédito puede costar entre $200.000 y $400.000 a través de una sucursal tradicional.
 
Este costo es muy difícil de recuperar en préstamos pequeños. Por ejemplo, un préstamo a 12 meses con saldo promedio en el año de $2 millones y un margen neto de pérdidas esperadas y gastos de administración de 8% genera un margen de $160.000, que es insuficiente para cubrir el costo de adquisición estimado de $200.000 a $400.000.
 
El problema se agrava en Colombia por causa de la regulación de la tasa de usura. Al fijarse un límite máximo a las tasas de interés se reduce el margen y, consecuentemente, el valor mínimo de desembolso para justificar un crédito se eleva.

La informalidad del empleo es un obstáculo adicional. Es difícil para los bancos obtener comprobantes de ingresos pasados y estimar con precisión la capacidad de endeudamiento de este tipo de cliente.
 
Como consecuencia, típicamente la población de estratos bajos queda sin acceso al crédito de consumo por parte del sector formal y se ve obligada a recurrir al usurero de la economía informal que les cobra tasas superiores al 100% anual.

Casos de éxito
Tres países sobresalen en el desarrollo de este mercado en América Latina: Brasil, Chile y México. En estos países se ha logrado reducir el costo de originar y desembolsar desarrollando puntos de venta de crédito de muy bajo costo y apalancado el tráfico y la infraestructura de las cadenas comerciales.

En el Brasil los bancos han liderado el proceso. Por ejemplo, Unibanco ha desarrollado una red propia de 300 puntos de bajo costo, así como alianzas con más de 200 pequeñas, medianas y grandes cadenas comerciales para distribuir créditos de consumo. Unibanco es agresivo en distribuir tanto créditos en cuotas, como tarjetas de crédito a través de estos canales.

En Chile las principales cadenas comerciales han tomado el liderazgo en el desarrollo del mercado creando sus propios bancos para financiar el crédito de consumo. Falabella, que recientemente inició sus operaciones en el país, es uno de los líderes en el financiamiento de consumo tanto en Chile como en el Perú.

En México el liderazgo es compartido entre los bancos y las grandes cadenas comerciales. Los principales bancos del país han desarrollado sus redes de distribución de bajo costo, así como alianzas con las cadenas comerciales. Simultáneamente, grandes cadenas comerciales, por ejemplo Electra, han creado sus propios bancos para desarrollar el crédito de consumo.

En Colombia también comienzan a aparecer casos de éxito. Las organizaciones dedicadas al microcrédito han logrado desarrollar modelos de operación que les permiten prestar montos pequeños rentablemente. Aunque estas entidades están enfocadas principalmente en proveer capital de trabajo al microempresario, también tienen la capacidad de prestar para el consumo.

Algunos grandes bancos también están desarrollando alianzas para llegarle al consumidor de menores ingresos a través de las grandes cadenas comerciales. Por ejemplo, el Grupo Bancolombia ha desarrollado una alianza para este propósito con el Éxito, mientras que Colpatria ha hecho lo mismo con Carrefour. General Electric, el nuevo socio de Colpatria, ha indicado públicamente que espera desarrollar más agresivamente el mercado de consumo para estratos de bajos ingresos.

El crecimiento del crédito de consumo es una buena noticia para la economía en general. El mayor consumo por parte del grueso de la población de menores ingresos debería impulsar el empleo en el comercio y la industria nacional de bienes durables y semi-durables.

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Basado en el artículo de Alexandre Sawaya , "Financing Latin America's Low-Income Consumers", a ser próximamente publicado en el McKinsey Quarterly.

 
 
 
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